Desde el siglo pasado el orensano de La Peroja ya apuntaba modales y tiraba al monte de la que alguien llamó acertadamente carcunda del aznarismo. Hoy, subido a los altares por poderes económico-mediáticos, los suyos pactan sin el más mínimo rubor con neofalangistas alcaldías y gobiernos autonómicos. Lo han hecho a modo de ensayo general, previo a las próximas elecciones generales. Y ello, suponiendo su triunfo, al parecer avalado por las encuestas, o dando por sentado, en comunión con la derecha mediática, que dicho sufragio les será propicio. Al margen de estos fieles al oráculo de Génova trece, lo cierto es que la ignominia de ese contubernio entre el PP y los voxeros es hoy cosa suficientemente normalizada. Alguien malpensado quizás atinaría al suponer que Feijóo dejó Galicia para cumplir el mandato oculto de otros poderes: descabalgar a Casado y, llegado el momento, facilitar el pacto sin complejos con la ultraderecha.