¿Y si no estamos tan divididos? La falsa polarización
En los Estados Unidos de mediados de los 90 del pasado siglo, la batalla cultural entre demócratas y republicanos florecía con fuerza y copaba buena parte del debate público. Los primeros centraban su propuesta en la redistribución de la riqueza. A los segundos les preocupaba más el aparente declive de los valores tradicionales de la familia. La negatividad y la agresividad con que ambos partidos se referían a los candidatos rivales escalaba a pasos agigantados, y era frecuente asistir a desagradables discusiones sobre el aborto, el crimen y demás asuntos divisivos.
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