Contrariamente a la extendida idea de que el XIII Congreso del PSOE, celebrado los días 11, 12 y 13 de octubre de 1974 en Suresnes, municipio de la margen izquierda del Sena, a las afueras de París, supuso la renovación del partido, lo cierto es que ésta se había iniciado en el exilio francés un lustro antes. Dicho de otro modo, Suresnes fue el espaldarazo de una renovación buscada, defendida y aprobada en congresos precedentes del PSOE y de la UGT, que había germinado a principios de los años sesenta merced a la acción iconoclasta de los jóvenes de la segunda generación del exilio, de quienes cruzaron la frontera siendo niños y crecieron integrados en la sociedad de acogida. Los lances renovadores resultaron de la oposición de las Juventudes Socialistas a Rodolfo Llopis, y del afán de compartir las estrategias políticas del exilio con la clandestinidad hasta entregar la dirección del PSOE a la patria de la que fueron desterrados. La renovación fue fraguándose en el exilio y se consumó en el célebre congreso de Suresnes. No deja de ser feliz coincidencia, que fuese el último del transtierro.