La incultura en España resulta, en ocasiones, clamorosa. La más dañina es la de los pertenecientes a la clase política. Algunas anécdotas registradas en el plano político local pueden ilustrarnos. En una ocasión, un concejal de una importante ciudad de la Comunidad de Madrid con presupuesto millonario, llevándose las manos a la cabeza, exclamaba indignado a los periodistas, en plena campaña electoral: “¡es que la izquierda está politizando incluso, incluso fíjense, las elecciones municipales!”. Otro edil, alcalde de una gran localidad, decía a los periodistas, “no vayáis a trasvaginar mis declaraciones”. Es parte de lo que hemos tenido y seguimos teniendo a diario en la inculta escena regional madrileña. Aquí, la responsable del gobierno regional ha sido distinguida como “ilustre” por razones desconocidas, ya que tal premio no se fundamenta en distinción cultural alguna, que se sepa.