En la década de los setenta se dieron en el mundo importantes avances; entre otros, la Revolución de los Claveles en Portugal (1974); la caída de la dictadura de los Coroneles en Grecia (1974); la finalización de la guerra de Vietnam (1975); la descolonización del canal de Panamá (1977); los Acuerdos de Camp David entre Egipto e Israel (1978); los avances de la descolonización en África, etc. Una correlación general hacia la democracia o, al menos hacia su apariencia. Más vale una democracia imperfecta que una dictadura perfecta. Valga aquí la frase de Sartre, “el bien no es sino una base para conquistarlo verdaderamente”. En este periodo, el régimen ya preveía un suceso futuro que debía intentar controlar: la muerte del jefe de Estado de entonces. Tanto las circunstancias interiores como exteriores no eran propicias. Hay quienes creen que el tránsito fue suave, casi entregado. Pero no; se estima que murieron cerca de 700 personas, junto a los cinco últimos fusilamientos (1975), que provocaron una ola de protestas internacionales. Sumemos una fuerte conflictividad social con múltiples manifestaciones, huelgas (en 1976 más de mil quinientas), actuaciones violentas de grupos armados (ETA, FRAP, GRAPO) y parapoliciales (matanza de Atocha), más las tensiones con el denominado “bunker”, etc.