Los acontecimientos sobrevenidos desde el fin de año en Irán ponen de relieve profundas contradicciones que muestran los problemas reales que afligen al país, así como los distintos relatos vertidos a propósito de sus causas y, desgraciadamente, de sus tan sangrientos efectos. Fuentes internas de oposición señalan la muerte violenta en las calles iraníes de hasta 12.000 personas, entre manifestantes y policías, en proporción de 10 a 1, desde que comenzaron los disturbios que incendiaron las calles de las principales ciudades iraníes con protestas generalizadas, inicialmente pacíficas y devenidas abruptamente en otras de una violencia inusitada. La presencia de fuego cruzado entre milicias del régimen y manifestantes es aventada oficialmente para explicar la represión, en la que se ha registrado fuego de metralleta y de armas automáticas en proporción hasta ahora desconocida. De confirmarse este hecho, el conflicto adquiere un insospechado grado de intensidad.