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Tiempos de incertidumbre y “capitalismo vigilante”


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

En el año 2010, en este mismo foro de debate, escribí un artículo que titulé “El nuevo gran hermano”, en donde planteaba que ni Aldous Huxley, ni George Orwell, cuando publicaron sus novelas Un mundo feliz (en 1932) y 1984 (en 1949), pudieron imaginar en qué medida, un siglo después, viviríamos en una sociedad global, en donde todos los ciudadanos del planeta estaríamos minuciosamente observados. Tampoco Aldous Huxley previó el protagonismo que tendrían las técnicas de reproducción asistida y la posibilidad de fabricar y cosificar el nacimiento de seres humanos.

Si el Gran Hermano era para Orwell el comandante en jefe, el guardián de la sociedad, el Dios pagano y el juez supremo. En estos momentos, el nuevo Gran Hermano no es ningún personaje político, no es un Dios, no es un juez, no es un hombre, ni una mujer, percibimos quién es y sentimos su presencia en nuestra cotidianeidad. Al punto de habernos convertido en algoritmos humanos, particularmente para las empresas comerciales.

En sociedades de la incertidumbre, asociadas al desdén (individualismo neoliberal) como en las que vivimos, con tendencia hacia la desvertebración social, la perspectiva orweliana adquiere especial protagonismo en el discurso y hacer de los extremismos, que sustentados en las ideas nietzschenianas se apoderan del propósito de coligar la democracia con el nihilismo y con la evocación de que solamente ciertos individuos superiores pueden romper la moral del “rebaño”. Consecuentemente, la mejor estrategia es la de vigilar, aunque violente el derecho a la privacidad individual. Cuántos de nosotros no nos habremos sentido sorprendidos, cuándo no intimidados, al recibir en nuestros, cada vez más pequeños, pero más poderosos, dispositivos telefónicos informaciones recurrentes relativas a inclinaciones y gustos personales.

El nuevo Gran Hermano, llámese en los últimos tiempos Inteligencia Artificial y/o tecnologías asimiladas, definida la IA por la RAE como la “disciplina científica que se ocupa de crear programas informáticos que ejecutan operaciones comparables a las que realiza la mente humana, como el aprendizaje o el razonamiento lógico”, actúan por doquier y nadie podemos soslayar su omnipresencia.

Les invito a que prueben lo siguiente: con su teléfono móvil u ordenador personal y conexión a INTERNET tendrían acceso en pocos minutos a una cantidad extraordinaria de datos de cualquiera que proyecte su día a día en redes sociales: situación familiar, estado civil, dirección particular, teléfono, trabajo, gustos, estilo de vida… Conectándose con el Registro de la Propiedad estarían en disposición de conocer sus propiedades, incluso saber si están en listas de morosos…

Ya lo decía, hace cerca de veinte años, Stephen Baker en su libro Los Numerati para quien los nuevos gurús de la humanidad eran (y son) los ingenieros, los matemáticos, los informáticos, a los que añadir en los últimos años los analistas de datos (Big Data) quienes diseccionan con gran precisión todos nuestros avatares virtuales (tal como lo hacen los científicos naturales en los laboratorios con sus microscopios) en un contexto de hiperconexión planetaria.

Otras dimensiones del Gran Hermano de nuestro siglo, en las que no tenemos capacidad de entrometernos y estamos a su albur, se concreta en las cámaras de vigilancia instaladas en los espacios públicos (calle, centros comerciales, lugares de trabajo, espacios de ocio, etc.) de todo el mundo y que vigilan al segundo los ires y venires de la población. Hace varios años visité una interesante exposición en la Fundación Telefónica de Madrid sobre la I.A. en donde los que allí concurríamos tuvimos la oportunidad de comprobar in situ cómo desde los servicios de seguridad se visualizaban los movimientos de los viandantes, con la particularidad de que cuando los algoritmos juzgaban que eran “sospechosos” la intervención era inmediata para prevenir actuaciones delictivas (siguiendo supuestos patrones conductuales repetitivos).

Como podemos comprobar, ninguno escapamos al poder de este nuevo Gran Hermano (“hermano espejo”), del que paradójicamente nos convertimos sin quererlo en aliados (incluso en dependientes), al tiempo que nos examina con una intensidad nunca posible hasta ahora.

La filósofa Shoshana Zuboff en una obra del año 2019: La era del capitalismo de vigilancia: la lucha por un futuro humano en la nueva frontera del poder plantea que estamos inmersos en una perspectiva capitalista que denomina “capitalismo de vigilancia”, al hilo del desarrollo de empresas digitales como Google y Amazon. A diferencia del capitalismo industrial, que explotaba la naturaleza, con las consecuencias por todos conocidas, el “capitalismo de vigilancia” explota y controla la naturaleza humana con una finalidad de control totalitaria.

En palabras de Zuboff este “ ‘capitalismo de vigilancia’ (…) reclama unilateralmente la experiencia humana como materia prima gratuita para traducirla en datos de comportamiento [que] se declaran como un excedente de comportamiento patentado, se introducen en procesos de fabricación avanzados conocidos como “inteligencia de máquina” y se fabrican en productos de predicción que anticipan lo que usted hará ahora, pronto y después”, negociándose en un nuevo tipo de mercado que denomina de “futuros conductuales”.

Los riesgos de mayor envergadura estriban en que las plataformas y empresas tecnológicas reclaman la propiedad de los datos privados de sus usuarios, por resultarles gratuitos como “materia prima”, para las macro fábricas de datos. Existiendo poca supervisión e incluso legislación que salvaguarde los derechos de los individuos al vendernos con aprecio que este nuevo capitalismo (incluyendo a las grandes y pequeñas empresas) sigue a pies juntillas los objetivos primigenios del mismo: la producción competitiva, la maximización de ganancias, la productividad y el crecimiento. La diferencia es que se ha introducido en nuestra esencia como seres humanos. Nos convierte en “marionetas”, dirigidas por poderosos intangibles, y nos hace harto susceptibles de ser objeto de manipulación (qué decir tiene en el plano político).

En fin…, tiempos convulsos, tiempos colmados de incertidumbres en mundos a diversas velocidades, con usos inconcebibles de la violencia, para una civilización que se dice avanzada, en donde subyacen altos riesgos de retroceso del quizá mayor anhelo de la humanidad: LA LIBERTAD.

Finalizo con las palabras de Don Quijote a su fiel escudero Sancho:

“La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

Nacida en Ingolstadt Donau (Alemania). Doctora en Ciencias Políticas y Sociología. Catedrática de Sociología de la UNED. Es autora de un centenar de publicaciones sobre los impactos sociales de la Biotecnología, exclusión social, personas “sin hogar”, familia, juventud, inmigración, etc.

Es miembro y secretaria del equipo de investigación del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS) de la UNED. Ha participado en una treintena de proyectos de investigación. Es evaluadora habitual de revistas de Ciencias Sociales españolas e internacionales.

Desempeña tareas de gestión en la UNED desde el año 1996. Ha sido secretaria del Departamento de Sociología III (Tendencias Sociales) y subdirectora del mismo. Asimismo, coordinadora del Máster en Problemas Sociales y del Programa de Doctorado en Análisis de los Problemas Sociales de la UNED.

En el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha sido coordinadora y evaluadora de becas dentro del Área científica Ciencias Sociales.

Miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida (1997-2010), vocal de la Comisión de Bioética de la UNED y Vocal Titular del Foro Local de “Personas sin Hogar” del Ayuntamiento de Madrid.


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