La condición humana da muchas sorpresas. La más inesperada suele ser la traición a uno mismo y a los tuyos. No me refiero a la lectura que algunas mentes retrógradas dan a cualquier innovación, que velozmente transforman en felonía. Pobres de nosotros si no surgieran novedades innovantes de todo tipo. Más bien me refiero a aquellos actos que contradicen de plano e inesperadamente conductas previas continuadas. A quien más dañan estas súbitas alteraciones es a la reputación de quien las protagoniza, cuando las han acometido sin explicar razonadamente a qué obedeció tal mutación. Es evidente que resulta saludable el cambio, todo cambio, sea de opinión, ideas, incluso de convicciones, siempre y cuando el sentido crítico y la racionalidad presidan tal tránsito. Una vez dada esta condición, cabe afirmar que hay cambios se signo evolutivo, signados por avances, logros y progresos. Por contra, los hay que son regresivos, verdaderas involuciones, repliegues hacia posiciones desprovistas de lucidez y cordura.