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La prórroga del presupuesto. Significado constitucional y político

Tras unas declaraciones de la Ministra Portavoz del Gobierno sobre la inutilidad de remitir al Congreso el proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado cuando no tiene apoyo parlamentario para su aprobación, el Partido Popular y sus principales dirigentes han encontrado otro frente de deslegitimación del Gobierno, invocando una obligación constitucional y exigiendo que el Gobierno convoque elecciones si incumple esa supuesta obligación. Más abajo nos referiremos al contexto de crítica en que se sitúa la petición de Núñez Feijóo y de sus compañeros, pero ahora conviene examinar cuál es el alcance jurídico de la presentación o no presentación del proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado y cuál es el significado político de la no presentación del mismo.

La deriva de las clases medias

Toda sociedad y todo individuo sienten y experimentan múltiples formas de miedo. Pero quizás nunca como ahora el miedo atenaza y condiciona a los grupos sociales intermedios. Es lógico: tienen miedo aquellos que tienen algo que perder. Las clases medias crecen y se consolidan en el mundo occidental, especialmente durante las tres décadas gloriosas del Estado del bienestar. Si el conflicto de había sido muy duro en los primeros cuarenta años del siglo XX, con salidas totalitarias que representaban una apuesta burguesa frente a una clase obrera revolucionaria que tenía como referente el modelo soviético de superación del capitalismo, tras una guerra que dejó más de cincuenta millones de muertos, se impuso un cierto arreglo entre capital y trabajo. El miedo inherente a la incertidumbre del futuro quedaba mitigado por las seguridades que el Estado se encargaba de proporcionar. De paso, se desarmaba a la clase obrera clásica y su sentido de pertenencia como grupo, reforzando el ascensor social y un nuevo sentido de inclusión en un grupo heterogéneo en progreso. El centro de la sociedad pasó a estar dominado por los sectores intermedios de empleados, profesionales y autónomos, quienes, en una feliz definición de los sociólogos alemanes Ulrike Berger y Claus Offe, fueron calificados como una "no-clase" insustancial. Las generaciones occidentales nacidas después de 1945 no conocerían ni el totalitarismo ni la guerra. Se acostumbrarían a la seguridad, el bienestar, los derechos y el ascensor social. El horizonte era expansivo y el futuro, un escenario donde actuar y triunfar. Pero la posibilidad de perder lo que se tiene, a partir del cambio de siglo y sobre todo con los efectos de la crisis de 2008, ha generado miedos que han afectado las actitudes sociales y políticas.

Rearme (¿para la defensa?) y guerra en Europa

Muchos pensábamos, inocentemente, que las amenazas de guerra a Europa eran cosas del pasado. Es cierto que conocemos que el mundo no ha dejado de guerrear y que es costumbre resolver los problemas de la humanidad, no promoviendo la paz, sino haciendo la guerra. Actualmente las dos guerras que nos amenazan son las que mantiene Rusia contra Ucrania e Israel contra el pueblo palestino. Todo se ha agravado con la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump y el cambio de alianzas tras la guerra fría en el siglo pasado. Los líderes mundiales alertan de una posible guerra que podría ser mundial y proponen rearmarse para la defensa. La Unión Europea que se creó como una alternativa de paz a las guerras está en esas.

El PP, contra la institución garante de la democracia en España

El PP de Feijóo está decidido a volar la institucionalidad de nuestro Estado de Derecho. Desde su llegada al liderazgo del partido, ha practicado la estrategia de la tierra quemada con cada institución de nuestra democracia que no atendía a su propósito de poder. Desde el Gobierno hasta el Congreso de los Diputados, pasando por la Fiscalía General, el Banco de España, el Consejo de Estado, el CIS, el CGPJ hasta hace pocos meses… y el Tribunal Constitucional.

Gamberrismo parlamentario

El comportamiento de la derecha y la ultraderecha española en las Cortes Generales desde las últimas elecciones generales solo puede calificarse como de lamentable gamberrismo parlamentario.

¿Urnas antidemócratas?

Neofascismo, tecnofeudalismo, ultraneoliberalismo, neoreaccionismo, y un sinfín de denominaciones para intentar definir, concretar. el tsunami político, social y cultural que se está desarrollando en USA y por extensión a muchas naciones del mundo occidental.

La decadencia de la democracia en Europa

La guerra de Ucrania, como todas las guerras habidas y por haber, viene produciendo alteraciones políticas y económicas en el continente europeo, que es el primer afectado por la misma, aunque el sostenedor principal de dicha guerra han sido los Estados Unidos de Norteamérica y, a rebufo de ellos, los países de la UE con la añadidura de Inglaterra, frente a Rusia. Han sido tres años trágicos en los que Europa no ha conseguido levantar cabeza de las dos grandes crisis que nos han azotado en este primer cuarto de siglo, la económico-financiera de 2008 y la pandemia de 2020. Y justo en este tiempo han florecido el descontento y la desafección de amplias capas de la población con los partidos políticos tradicionales, lo que ha puesto en guardia a la mayoría de los dirigentes públicos, cuya reacción ha sido hasta ahora poner cataplasmas y cinturones sanitarios, sin la más leve autocrítica, pensando en que el fenómeno de la ruptura podía ser algo pasajero, que es lo que se suele pensar cuando vienen mal dadas. Pero hete aquí que en la potencia norteamericana se ha producido un giro copernicano, bastante refrendado por los electores americanos, tanto en política internacional −la guerra de Ucrania− como en política comercial. La convulsión en Occidente ha sido inmensa, sobre todo en Europa que, de repente, ha descubierto su lóbrega orfandad. Pero, en vez de aplicar el sosegaos al que se refería siempre Felipe II, se ha desatado una tormenta de ideas y de iniciativas de algunos gobernantes y responsables de las instituciones europeas que, como mínimo, transmiten confusión además de sembrar dudas sobre el valor de la democracia y del sufragio universal en momentos en que se está proclamando urbi et orbe la necesidad de adoptar decisiones que, en su caso, podrían afectar a las vidas y haciendas de las naciones implicadas. Decisiones que en cualquier democracia habrían de ser objeto del refrendo parlamentario o de una consulta popular, bien mediante elecciones generales en aquellos países con gobiernos y parlamentos frágiles bien a través de referéndum ad hoc.

Gana la democracia

Que la extrema derecha avanza por todas partes es una evidencia. Los sistemas democráticos han perdido crédito entre una parte de la población que ha visto empeorar su situación económica, es víctima de todo tipo de temores, a menudo se ha sentido humillada y, además, tiene pocas expectativas de futuro. Aunque la causa de esto justamente no es el sistema democrático, en realidad expresa sus malestares por medio de un voto extremo que no le ayudará en nada, pero que nos provoca mucha preocupación a los demás. Gran parte de los ciudadanos de Europa Occidental nos quedamos perplejos ante una situación geopolítica que, como poco, resulta preocupante, unos dirigentes mundiales que se abonan a la estrategia del caos y la amenaza y una Unión Europea cada vez más debilitada y dividida, que no acaba de encontrar su sitio en este escenario de confusión y conflicto.

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