La guerra de Ucrania, como todas las guerras habidas y por haber, viene produciendo alteraciones políticas y económicas en el continente europeo, que es el primer afectado por la misma, aunque el sostenedor principal de dicha guerra han sido los Estados Unidos de Norteamérica y, a rebufo de ellos, los países de la UE con la añadidura de Inglaterra, frente a Rusia. Han sido tres años trágicos en los que Europa no ha conseguido levantar cabeza de las dos grandes crisis que nos han azotado en este primer cuarto de siglo, la económico-financiera de 2008 y la pandemia de 2020. Y justo en este tiempo han florecido el descontento y la desafección de amplias capas de la población con los partidos políticos tradicionales, lo que ha puesto en guardia a la mayoría de los dirigentes públicos, cuya reacción ha sido hasta ahora poner cataplasmas y cinturones sanitarios, sin la más leve autocrítica, pensando en que el fenómeno de la ruptura podía ser algo pasajero, que es lo que se suele pensar cuando vienen mal dadas. Pero hete aquí que en la potencia norteamericana se ha producido un giro copernicano, bastante refrendado por los electores americanos, tanto en política internacional −la guerra de Ucrania− como en política comercial. La convulsión en Occidente ha sido inmensa, sobre todo en Europa que, de repente, ha descubierto su lóbrega orfandad. Pero, en vez de aplicar el sosegaos al que se refería siempre Felipe II, se ha desatado una tormenta de ideas y de iniciativas de algunos gobernantes y responsables de las instituciones europeas que, como mínimo, transmiten confusión además de sembrar dudas sobre el valor de la democracia y del sufragio universal en momentos en que se está proclamando urbi et orbe la necesidad de adoptar decisiones que, en su caso, podrían afectar a las vidas y haciendas de las naciones implicadas. Decisiones que en cualquier democracia habrían de ser objeto del refrendo parlamentario o de una consulta popular, bien mediante elecciones generales en aquellos países con gobiernos y parlamentos frágiles bien a través de referéndum ad hoc.