EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

De los españoles

Los españoles somos gritones. Lo malo es que nuestros visitantes lo saben. Y cuando llegan aquí, reproducen nuestros gritos, a veces, salvajemente. La subcultura del grito se ha impuesto en nuestras costumbres: ¿qué padre no alienta a su hijo deportista a grandes voces o qué madre no jalea a su criatura gritándole para animarle? ¿Algún futbolista, tenista o deportista en general, reprime sus pulsiones vociferantes tras haber marcado un tanto o logrado un récord? Y de los enfados, prefiero no hablar. La falta de respeto por el espacio público, inundado por voceadores diurnos y nocturnos, es clamorosa en España. El ejemplo es metáfora de las exacerbaciones que los españoles solemos aplicar a la hora de interpretar y gestionar nuestra realidad cotidiana.

El brutalismo

Este término suele definir un estilo arquitectónico que se impuso después de la Segunda Guerra Mundial, consistente en construcciones de grandes dimensiones e impacto, levantadas en un continuo, siguiendo algunos de los criterios tardíos de Le Corbusier. No se trata de insertar la construcción en el entorno dialogando con él, sino de intervenciones “brutales” que se convierten en referencia y modifican notablemente las funciones del entorno. Parecería, últimamente, que la política ha adoptado esta característica de impacto contundente sin hilar demasiado fino en las formas ni en los detalles. La diplomacia ha dado paso al uso de la amenaza y de la fuerza. No se trata de convencer ni de encontrar soluciones sostenibles a largo plazo, sino de forzar capitulaciones de manera claramente impuesta y sin matices posibles. Donald Trump es la culminación de esto. En política interna e internacional, ni dialoga ni intenta convencer: da órdenes tajantes acompañadas de amenazas brutales si no se cumplen de forma inmediata y sin discusión. Un lenguaje nuevo en las relaciones internacionales y en el debate político. No hay argumentos, solo discursos terminales y directrices a cumplir. Tradicionalmente, en política y en toda negociación, lo importante era que pareciera que todos ganaban algo, que las victorias fueran discretas y que no se humillara a los menos favorecidos. Ahora se trata justo de lo contrario: evidenciar el triunfo exagerando el abuso y las formas degradantes. Solo gana uno, no hay segundo, todos son perdedores y merecen ser escarnecidos por serlo. Comunicativamente, el “malismo” funciona muy bien como relato.

Geopolítica de la Santa Sede

Tan solo mide lo que miden 44 estadios de fútbol. Tal es la superficie del Vaticano, el Estado-Ciudad más pequeño del mundo en extensión territorial y población: 734 habitantes, de los cuales, únicamente 30 son mujeres. Está enclavado en el corazón de Roma cubierto de jardines que ocupan la mitad de su superficie. Lugar de residencia del Papa, alberga pues la sede, Santa Sede, de la cúpula de la cristiandad católica, una de las religiones monoteístas más influyentes del mundo, con cerca de 1.500 millones de bautizados. Pese a su minúsculo tamaño geográfico, la importancia del Estado vaticano desde el punto de vista de la Geopolítica, Ciencia que estudia la correlación entre el espacio geográfico y su designio político, es enorme.

La izquierda “celestial”

Ver y escuchar los discursos, proclamas y propuestas de Podemos, me recuerda enormemente la trayectoria pasada y presente de las candidaturas de las CUP (Candidaturas de Unidad Popular), creadas para combatir los argumentos de la derecha y de todos los aburguesados que gobernábamos, no para el pueblo, sino para inconfesables intereses “burgueses”. Su aparición y primeros pasos tuvieron mucho de “arrancada de caballo y parada de asno”. Es decir, mucho ruido y pocas nueces, hasta llegar a nuestros días en que han ido perdiendo fuerza y representación municipal, territorial y parlamentaria. A la vista de tan desolador panorama, parece que los nuevos dirigentes, han decidido bajar al mundo real, y discutir de temas más terrenales que ideológicos. Bienvenidos a la pura y dura realidad. Veremos qué futuro les depara.

Invitación, humilde, a la reflexión

Gestionar la espiritualidad. Esa es la tarea que se atribuyen las iglesias. Y suelen hacerlo adentrando la espiritualidad, yacente según muchos en la interioridad de cada uno de los seres humanos, dentro de religiones, es decir, códigos de creencias, conductas y rituales. Nada que decir, de no surgir excesos. Mas existe una excepción recurrente: quienes ocupan la cúspide de las iglesias, organizaciones institucionalizadas casi siempre muy jerarquizadas, acostumbran arrogarse funciones que exceden sus cometidos. Habitualmente, la misma atribución: la propiedad del Derecho Natural. Y lo hacen de tal manera que lo identifican con la religión que preconizan. “Si tú contravienes la religión, te enfrentas el Derecho Natural. Y si contravienes el Derecho Natural, confrontas la religión”. Para culminar este proceso, las iglesias hacen aflorar una serie de normas o mandamientos, generalmente punitivos, que les procura dos réditos: el poder neto derivado propiamente de la facultad de sancionar y, en segundo lugar, la definición y administración de la culpa, vector éste de poderosísimo control, versado a someter mentes e imponer determinadas conductas. Tal suele ser el circuito a lo largo del cual la espiritualidad poco a poco y fatalmente desaparece y cuya lumbre, foco irradiante tantas veces de poesía y otras formas elevadas del sentir y del pensar, deja de iluminar el ánima de quienes han sucumbido al dictado eclesial.

Las múltiples cajas chinas

La guerra comercial desencadenada por Trump -aparentemente errática o disparatada- parece haber entrado en una fase selectiva. La pausa arancelaria, sea provocada por la contundente reacción negativa de los mercados, sea supuestamente prevista como parte de una estrategia negociadora, excluye de momento a China, señalada por la Casa Blanca como la gran villana del comercio mundial.

Divide et impera

A lo largo de la historia de la Humanidad quienes confrontaban para lograr el control territorial, económico, militar o político de sus oponentes, siempre procuraron que éste se debilitase a causa de conflictos internos o por la creación de diversos frentes de batalla simultáneos. Recuérdese como ejemplo, el temor fundado, por cierto, de creación del segundo frente oriental que tenía Hitler. Sin mencionar todas las operaciones de alteración de los equilibrios sociales que producen centros internos o externos a los países en pugna.

Al rey

Señor: me dirijo a Usted en esta fecha en la cual muchos españoles conmemoramos el aniversario de una efemérides señera en la Historia de España: el 14 de Abril, proclamación de la Segunda República. Corría el año 1931; fue aquel un día caracterizado por el entusiasmo y la esperanza, como prueban múltiples testimonios personales y gráficos de entonces. No hubo violencia alguna. Su bisabuelo, Alfonso XIII, pudo abandonar por voluntad propia el país. Decisión a la que presumiblemente le llevaron sus errores, entre otros, el haber aleccionado y apoyado una dictadura militar sobrevenida poco antes de que pudiera hacerse público el expediente Picasso, informé que involucraba personalmente al rey en un feo episodio de tenencia de acciones en minas del Rif, territorio marroquí regado con la sangre de miles de españoles. El caso fue que, como un siniestro ritornello, Usted ha tenido que afrontar los efectos colaterales de otras prácticas presuntamente corruptas, en este caso de su padre, Juan Carlos I, para decepción de millones de españoles que confiaron en él y le dieron su afecto durante varias décadas. No refiero estos hechos con otro ánimo que el de explicar a nuestros lectores, señaladamente jóvenes, las dificultades objetivas y personales con las que Usted se encontró al acceder a la titularidad de la Corona. Fue proclamado rey en 2014, en medio de una potente ola de descrédito de la institución que encarna. La consideración generalizada entre los jóvenes era la de que la Monarquía es una institución demasiado vulnerable a sus contradicciones, merced a su arcaísmo y sus privilegios, que no garantizaban que el estigma de la corrupción no atravesara sus puertas. "Vagos e inútiles" fueron los adjetivos con los cuales se descalificaba a la cabeza y a los miembros de la institución. Quizá por ello, su entorno, la Casa Real, decidió resaltar en una exposición itinerante casi todo aquello que Usted hizo para contrarrestar el pesado fardo que asumió al acceder de manera vitalicia a la Jefatura del Estado y de las Fuerzas Armadas, así como su condición de garante de la Constitución. En Honor a la verdad, la vagancia y la haraganería no parecen haber sido las características de la década de su mandato: entre 2014 y 2024, realizó 197 viajes oficiales al extranjero; fue anfitrión de 269 jefes de Estado y autoridades internacionales; compareció personalmente en 3.190 audiencias; desplegó 4.000 actividades diferentes y saludó directamente a 25.000 personas, según datos oficiales de la Casa Real.

Suscribirse a este RSS

 

Hacemos el periodismo que la sociedad necesita
¡Tú lo haces posible!

 

El periodismo verdaderamente independiente no responde a intereses corporativos ni políticos; responde únicamente a sus lectores. Para seguir investigando, destapando realidades incómodas y garantizando una información rigurosa, libre de censura y con firmes valores sociales, necesitamos tu apoyo.

Cada aportación económica es el escudo que protege nuestra libertad y la garantía de que las historias que importan sigan saliendo a la luz. Apoya hoy nuestro proyecto y defiende un periodismo libre.

 

*Si deseas hacer una donación a EL OBRERO a través de tarjeta de crédito (o cuenta bancaria asociada a Paypal), desde cualquier país del mundo, puedes hacerlo con el sistema de pago seguro PAYPAL, en el enlace "¡Apóyanos y dona!". Es muy sencillo operar con PAYPAL, y totalmente seguro. Paypal no comparte tus datos de cuenta o tarjeta con terceros, ni con EL OBRERO. En el último paso, Paypal te generará un recibo del pago efectuado. Muchas gracias por tu apoyo. Para cualquier duda, escríbenos a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..