SEGUNDA PARTE: LA CAÍDA. LA UTOPÍA
El 22 de mayo inicia el Gobierno de Versalles el asalto definitivo de París. Duró hasta el 28 de mayo, la llamada Semana Sangrienta por los cientos de muertos y heridos, la inmensa mayoría comuneros, amén de los miles de fusilados por las fuerzas gubernamentales en el momento y en días posteriores. Los parisinos han construido barricadas, defendidas por el pueblo, incluidas las mujeres; alguna de esas barricadas fue defendida exclusivamente por mujeres (la de la Plaza Blanche). Los comuneros defienden París calle por calle, casa por casa. Dólleans escribe (1967, 348): He aquí a Varlin, Varlin que es el ídolo de los barrios, y ante quien todo callaba al entrar; helo allí en la encrucijada de la Croix-Touge, a Malon y Jaclard en las Batignoles, a La Cecilia en Montmartre, a Wroblewski, que rechaza cuatro veces a los versalleses, en la Butte-aux-Cailles, oponiendo al asalto a París una resistencia desesperada. El 24 La Comuna llama “a todo el mundo a las barricadas”. París no lucha, se deshace. Un supremo esfuerzo: Varlin, Léo Frankel, Brunel, Delescluze, organizan barricadas en la Bastilla, en el boulevard Voltaire, en el faubourg del Temple.