Si Simenon fuera un vino pertenecería a una añada excelente, a la par que abundante. No es un caldo para paladares que presuman de exquisitos, o que lo sean. Simenon es un vino de crianza, color teja, de un sabor muy apreciado por los degustadores de buenos tintos. Nada que ver con una botella tiempo perdido, etiqueta Proust, gran reserva de caldo o tinta, sólo recomendado para bebedores con alto poder adquisitivo, gusto refinado y paladar de prosa educado en las mejores escuelas de retórica galas. Se puede disfrutar, según las ocasiones, de uno y otro vino. No son incompatibles, porque en la gran bodega del mundo no hay otra escala de gustos que la que marcan los individuos, porque aquella es el reino de la libertad, la arbitrariedad y el sentido propio, tan distante del sentido común, ese cementerio donde se entierran todas las diferencias.