No es habitual el estreno de una ópera española como ahora hace el Teatro de La Zarzuela con 'El caballero de Olmedo' basada en la obra de Lope de Vega, en la que se parte de una composición plenamente tonal donde tampoco hay demasiadas referencias al casticismo sinfónico o al nacionalismo musical español, en la que el autor Arturo Díez Boscovich (1979) parte de un sinfonismo épico capaz de envolver al espectador, ya sea en los momentos más líricos o en los muchos épicos, en el que se traslucen corrientes que vienen del cine clásico y contemporáneo, e incluso del 'musical' sin por ello caer en la autocomplacencia. Apenas hay separación entre romanzas a la antigua usanza y momentos de acción: cada uno forma parte de un todo sugerente, un continuo que invade los cien minutos sin descanso que dura la representación. Guillermo García Calvo como director de la sinfónica de la Comunidad da el protagonismo a la cuerda y viento que le brinda la partitura, con alguna leve referencia autóctona como la castañuela, dentro de una partitura que llega a ser vibrante y emotiva en muchos pasajes.