Todo previsible: las instituciones y el gobierno modifican sus perspectivas macroeconómicas. La situación de incertidumbre y de cambios abruptos en la economía mundial impone esos movimientos. El FMI ha comunicado nuevos escenarios, en los que destaca la todavía alta fortaleza –a pesar de la situación– de la economía española, la que se prevé que más va a crecer en el conjunto de las economías más avanzadas. Esta visión se ha puesto, negro sobre blanco, en el último informe del Fondo, y en boca de sus principales dirigentes. El replanteamiento del gobierno se alinea, incluso con décimas inferiores, a lo publicado por el FMI y el Banco de España, entre otras entidades. El nuevo escenario expuesto por la Vicepresidenta Nadia Calviño: crecimiento del PIB del 4,3% (4,4% según el FMI; 4,5% para el Banco de España). Una previsión mucho más cautelosa que, en función de las evoluciones que se conozcan, deberá recalcularse. Igual que van a hacer todos los gobiernos y entidades. Nada de particular: no puede ser esto –no debería serlo– una munición objetiva para desgastar al Ejecutivo.