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Nadav Lapid: “Considero la política como una parte más de la propia existencia”


  • Escrito por José Carlos Rodríguez
  • Publicado en Cine
(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

El director de cine israelí Nadav Lapid recibe este martes en Santiago de Compostela el premio Cineuropa y presenta en el festival su nueva película, "Ahed's knee", con la que ganó el premio del público en Cannes y en la que evidencia el conflicto interior de un director de cine "al borde del colapso" que vive en "una sociedad enferma".

Considero la política como una parte más de la propia existencia, explica Lapid (Tel Aviv, 1975) en una entrevista con Efe, en la que asegura que en sus películas, en las que reflexiona sobre la identidad nacional israelí, no existe una voluntad de cambio o de generar un debate o controversia sino de hablar de sentimientos humanos y de una lucha interior.

Mis películas siempre acaban con la incapacidad de cambio. Y no es porque sea pesimista. Es porque estoy muy interesado en esa incapacidad, en ese estado mental y no en cómo podemos cambiar las cosas.

Odio y admiro el presente al mismo tiempo. Puedo decir muchas cosas malas sobre el presente, pero el presente siempre se impone al pasado, afirma el director.

Lapid dice estar feliz de recibir el premio Cineuropa y poder demostrar así que su película no es tan extraña y que es cine igual que muchas otras películas que se exhiben en salas comerciales.

No en vano, no es ni mucho menos el primer premio que recibe el director, pues ya con su primer largometraje, Policía en Israel, consiguió el premio del jurado en el Festival de Locarno en 2011 y tres años después obtuvo el Giraldillo de Plata en el Festival de Sevilla por La profesora de parvulario.

Ahora bien, su carrera ha dado un gran salto con Synonymes, la película en la que Yoav, un joven israelí decide deshacerse de su nacionalidad y de su pasado para convertirse en francés y que le valió el Oso de Oro en la Berlinale en 2019 y el Premio Internacional de la Crítica, además del premio a mejor dirección, de nuevo, en Sevilla.

Ahora, su última película, Aheds knee, acaba de obtener el premio del jurado en Cannes. A pesar de la gran acogida en Europa, el eco en su país resuena diferente: Mi película ha sido recibida con amor por muchos y ha sido muy odiada por otros. Ha evocado muchas reacciones diferentes.

Israel es un país pequeño, y a veces se mira con cierta sospecha a la gente que tiene éxito internacional y más si tratas temas políticos con una mirada diferente, asegura.

Lapid reconoce que hay una fuerte base autobiográfica en sus películas, pero en Aheds knee es quizá llevada al extremo, ya que narra en ella una situación real que vivió él mismo, como director de cine.

Una funcionaria del Ministerio de Cultura de Israel invitó a Lapid a proyectar uno de sus filmes y realizar posteriormente un coloquio, en una ciudad en medio del desierto.

Tras una agradable charla, aquella trabajadora pública invitó también al director a rellenar un formulario, un simple trámite burocrático, en el que Lapid expresaba de antemano qué temas iba a tratar con el público, comprometiéndose a no saltarse el guion.

Esta situación desencadena un dilema moral para ese director -un claro alter ego de Lapid- que en las conversaciones con la funcionaria aprovecha para reflexionar sobre la censura, la opresión, el militarismo o el patriotismo.

Me interesa ver qué ocurre con los seres humanos que viven en sociedades enfermas. Me refiero a ese tipo de sociedades que no te brindan demasiadas opciones.

En las que o bien eres un colaborador amable, o eres un disidente, dice Lapid, que añade que estar siempre en continua resistencia hace que te parezcas cada vez más a eso contra lo que estabas luchando, porque la resistencia prolongada en el tiempo te vuelve hostil y violento.

Incapaz de separar la política de la vida, Lapid muestra en su última película los conflictos interiores de un hombre que está siempre al borde del colapso, del llanto o del grito.

Y eso es algo que también se respira en la película en su apartado formal, con una cámara que se mueve de forma brusca, como intentando salir del plano: La cámara trata de exponer la verdad que hay tras él, lo que está detrás de la crónica de eventos.

Ahonda todo el tiempo dentro de cada momento para convertir todo en subjetivo, para traer a la pantalla una tormenta de pensamientos y emociones que van de un lado a otro, explica.

No me interesa hablar sobre algo si no intentas al mismo tiempo traer la existencia humana al debate, si no está involucrado el ser humano.

¿Qué ocurre cuando una persona regresa a un lugar que sabe que está perdido, que es un lugar enfermo, pero que sin embargo, es su lugar? ¿Cómo se puede continuar con la vida en esas circunstancias?, se pregunta el director, que dice que Israel ha llegado a un punto de no retorno, en el que no hay reparación posible.


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