Extrañas campañas de prensa en la democracia. Ahora le toca al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Desde hace varios años la dirección de las grandes instituciones culturales, como son ciertos museos relevantes, ha sido oscuro objeto de deseo. A principios de este siglo se inició en España una operación destinada a arrebatar al Gobierno y a la Administración el control de los grandes museos. La fórmula: exigir que la provisión de la dirección de estos grandes museos no correspondiera al Gobierno (que dirige la política interior como establece el artículo 97 de la Constitución), sino a una comisión de “expertos independientes”. Además, la selección de director no debía hacerse por un periodo de tiempo indefinido, sino con plazos determinados. Eso es lo que a principios de siglo empezó a denominarse en el mundo de la Cultura el “código de buenas prácticas”. Era una operación muy bien pensada por parte del lobby de directores de museos privados y de algunas galerías de arte para imponer sus candidatos al Gobierno y para sacar a los grandes museos de la dirección del Gobierno que, no se sabe por qué, tenía que renunciar a la dirección de grandes centros culturales, aunque fuera responsable de los mismos ante el Parlamento.
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