Olvidaron que eran semillas
- Escrito por Libertad Sánchez Gil
- Publicado en Opinión
La actualidad cambiante, veloz, no espera a que los acontecimientos se aposenten en nuestras mentes, no permitiendo por tanto un análisis pausado y profundo de las circunstancias que nos ocurren. A este hecho estamos más que acostumbradas las mujeres. La espera, la limitación ante la visibilización de nuestros problemas, se mantiene siempre en una larga demora. Pero si de algo hemos dado ejemplo las féminas, es de la gran capacidad de resiliencia y de lucha soterrada de la que somos capaces.
Un claro ejemplo lo vemos en la revolución de Irán, a pesar de que los medios la minimicen, es una insurrección femenina en contra de un sistema opresor. Las matan por el hecho de no cumplir con normas que hombres de moral tergiversada han impuesto. Pero detrás de este hecho hay más cuestiones, no sólo que hayan matado a una chica porque se le veía el cabello saliendo del velo, sino una represión profunda de la población que se ve sometida a un régimen teocrático, oligarca y basado en estamentos enquistados.
Quizá deberían comenzar a pensar en lo que se ha dado en llamar: “la revolución de las nietas”, movimiento de mujeres en la marea verde argentina, luchando por sus derechos. Incluso en la recién aprobada Ley de Memoria Democrática, se habla de la “generación de los nietos” yo añadiría nietas y biznietos/as, manifestado claramente en el incremento de estudios de género de esta etapa histórica en los últimos años. Estamos en busca de nuestras referentes, exhumando memoria silenciada.
Las mujeres infravaloradas a lo largo de la historia, podemos manifestar de manera decidida que conseguimos elevar y tumbar gobiernos. Pregúntenles a los Zares en el febrero de 1917. Sublevación femenina, ocultada tras la revolución masculina buscando más espacios de poder que de cambio: lucha para la igualdad, pero donde la igualdad no es para la totalidad de la población, como pone de manifiesto Alexandra Kollontai.
Pero como se ha mencionado anteriormente, las mujeres tenemos mucha capacidad de espera. No confundir esta con: paciencia, resignación o falta de ambición.
Ejemplos claros los tenemos en las mujeres estadounidenses luchando por sus derechos y aunque el sistema ha reaccionado de forma virulenta, se sigue peleando; así, en Estado Unidos, centro del capitalismo, constatamos la lucha de organizaciones de pobres, como National Welfare Rights Union, donde el número de féminas afectadas por esta pandemia es mayor que la de hombres.
Recordar, siempre, la lucha de nuestras Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, quienes consiguieron el respeto y admiración de la población internacional buscando a sus desaparecidos y desaparecidas, que son de toda la humanidad: Verdad, Justicia, Reparación y garantía de No Repetición; mostrándonos el camino a otras organizaciones memorialistas. Las “Señoritas Extraviadas” de Ciudad Juárez, guatemaltecas, uruguayas, chilenas. Las colombianas, que buscan a sus desaparecidos y desaparecidas, luchando para que el Estado reconozca su derecho a la búsqueda, ayudándoles económicamente para poder ejercerlo.
Abuelas, las nuestras, quienes apostaron desde el exilio interior por un cambio social que no se le reconocerá debidamente, nunca. Ellas, contenedores de la memoria, de búsqueda, de libertad reprimida y gracias a las cuales, sus hijas fueron más libres y sus nietas, están cansadas de esperar.
Mujeres de África, India, Afganistán,… el mundo convulsiona y si no se atiende rápido, la revolución será igualmente. Ya no es el momento de esperar a que alguien nos dé permiso a más de la mitad de la población a tomar lo que en igualdad de condiciones, nos corresponde.
Aunque los estadistas, analistas, estrategas,... se echen las manos a la cabeza con lo que voy a escribir, me arriesgaré a hacerlo: el fin de la guerra que está afectando a Europa y a sus fronteras, la caída de Putin, la gestarán las mujeres, porque nosotras fuimos, somos y seremos semillas de cambio.