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Ética y política entre el ayer y el hoy con García-Santesmases


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Antonio García-Santesmases, con su habitual brillantez y su explosión de planteamientos sugerentes, reflexionó en las I Jornadas sobre Ética, Transparencia y Buen Gobierno, organizadas por el PSOE madrileño, acerca de la relación entre la ética y la política, ayer y en el presente, con aplicación a las tres generaciones socialistas vinculadas con las etapas de González, Zapatero y Sánchez.

Con Santesmases los asistentes refrescaron a Bobbio (“Las promesas incumplidas de la democracia”) y a Aranguren (“Ética y Política”), y volvieron a reflexionar sobre los cuatro modelos de relación entre ética y política, con especial incidencia en el configurado, en gran medida, por Maquiavelo, con su defensa de la razón de Estado y sobre la forma de medir al político en función de su resultado. En este sentido, y al hilo de la actualidad más evidente, comparó a dos personajes a los que les ha unido la longevidad y la muerte, esto es, Gorbachov e Isabel II. El primero, tan valorado por Occidente, habría fallecido casi sin honores en su país porque, a pesar de su ejercicio ético de la política, terminó mal, con el caos y final de la URSS, frente a una hipervalorada mundialmente reina de Inglaterra que habría mantenido, en cierta medida, el Imperio.

El conferenciante avanzó sobre otros modelos de relación entre ética y política, desde el que defiende que la última sería necesaria para combatir tiranías, pero que, al final generaba una especie de imposibilidad trágica con sangre de por medio, hasta el que, a nuestro juicio, nos parece más interesante, el de la tensión entre la convicción y la responsabilidad. El ejemplo que se nos presentó fue el de Azaña, con un momento clave en su vida política y que tuvo que ver en el primer verano de la guerra con el asesinato de Melquiades Álvarez, su maestro político, en una saca, y que le llevaría a una profunda crisis personal debatiéndose entre sus convicciones y el deber de su responsabilidad como presidente de la República asediada. Ese sería, como dijimos, un ejemplo evidente de tensión dramática. Eligió seguir al frente de la República por responsabilidad a pesar del intenso dolor que le provocó la insensatez de la violencia.

La segunda parte de su conferencia se basó en los conflictos éticos y políticos en relación con las tres generaciones socialistas que tanta importancia han tenido en la reciente Historia de España.

La primera generación, la liderada por González y Guerra, fue la de Suresnes, fue la que tenía todo por hacer para salir de la dictadura y cambiar el país. Fue la generación templada, la que reflexionó sobre la necesidad de intentar aminorar conflictos, acercar posturas, y soslayar toda cuestión que pudiera dividir o tensar a las dos Españas. Fue la generación que evitó debatir sobre la Monarquía, la que no quiso plantear cambios radicales en relación con la separación entre la Iglesia y el Estado, la que defendió el modelo autonómico en la organización del Estado, además de no plantear nada relacionado con la rendición de cuentas del franquismo con los vencidos, ni sobre la necesidad de recuperar y rememorar el pasado de la España progresista. Esos socialistas consideraron que si se quería asentar la democracia en una transición compleja había que evitar temas espinosos y apostar por la fórmula del consenso. El terrorismo de ETA fue un factor clave en la adopción de esa política durante la Administración socialista por su efecto desestabilizador. Y, precisamente, ese grave problema fue el que generaría el gran conflicto entre ética y política de esta generación. Nos referimos a la lucha antiterrorista y a todo lo que supuso y sabemos.

La siguiente generación es la de Zapatero, que planteó un cambio muy significativo en la agenda política, generando una oposición frontal de las distintas derechas, la política, la social, la cultural y la mediática. Zapatero defendió una nueva forma de abordar la organización del Estado, especialmente con los dos nacionalismos periféricos, sobre la base de la reforma de los Estatutos. Además, consideró la necesidad de afrontar cambios educativos que tenían que ver con un modelo más laico, como demostraría la asignatura de la Educación para la Ciudadanía. Por fin, parecía necesario plantear la memoria histórica, porque se pensaba que era el momento de recuperar la aportación de la España progresista y vencida a la nueva España. Estos evidentes cambios no fueron siempre entendidos ni comprendidos por la anterior generación socialista porque suponían una revisión del modelo de Transición no por considerarlo inválido, sino porque la nueva generación socialista se estaba desarrollando en otro momento. El consenso practicado en el pasado no significaba que la izquierda hubiera renunciado a planteamientos propios de su universo ideológico.

Pero Zapatero no cayó por este cambio de las prioridades de su Administración, sino por el conflicto generado en el ámbito de los derechos sociales y económicos. La fórmula keynesiana de gasto social que había sido otra de sus señas de identidad, fue cuestionada y atacada, al calor del caso griego, por las élites de la Unión Europea y no sólo europeas, sino también norteamericanas, determinando un freno a ese gasto social, en plena crisis mundial, y que tuvo por consecuencia el 15-M. Si González había protagonizado el conflicto ético de la lucha antiterrorista practicada, Zapatero padeció el vinculado a lo económico y social. Ambos conflictos serían decisivos en el final de ambas generaciones.

La generación actual también vive, como bien sabemos, una nueva situación, derivada, en primer lugar, de una necesidad imperiosa, como no había ocurrido en el pasado, no ya de pactar, algo que ya tuvo que hacer González a finales de los ochenta, y Zapatero en su época, sino de coaligarse con la nueva izquierda nacida a partir del 15-M para poder gobernar, teniendo en cuenta que se llegó al poder de una forma novedosa, a partir de una moción de censura, aunque luego hubiera elecciones. La nueva generación de Sánchez ha heredado parte de los planteamientos de la anterior generación, especialmente en relación con la organización del Estado y, sobre todo, en las materias de la memoria histórica, y la laicidad, así como, y en un grado mayor que en tiempos de Zapatero, en el ámbito de las relaciones con los nacionalismos no españolistas.

Pero esta nueva generación, nada más ponerse a trabajar, ha tenido que enfrentarse a la pandemia, a la tragedia del volcán de La Palma y a la Guerra de Ucrania con unas consecuencias socioeconómicas evidentes. En este momento nos encontramos ahora.

Santesmases quiso terminar con una alusión también a las generaciones de las derechas, con especial atención a la de Aznar, que planteó un cambio importante con la generación anterior de la Transición, al poner encima de la mesa una verdadera batalla cultural como eje fundamental de su política, replanteando lo que debía ser el modelo liberal-conservador para España, y sobre la importancia de presentarse como el único universo político con un modelo y concepto claro de España, sin olvidar la necesidad de la confrontación sin cuartel para desalojar a los socialistas del poder.

Por fin, estos cambios en la derecha tendrían su reflejo en Madrid donde estamos viendo conflictos sobre la libertad y la igualdad.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

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