PP-Vox, el futuro de una relación
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
Las elecciones andaluzas del 19-J mantienen muchas expectativas, pero la más cualificada a tenor de las encuestas, que ofrecen una victoria del eje PP-Vox, es el conocimiento de las calidades del encuentro de amistad o de gobierno entre ambas formaciones electorales de la derecha.
La última cita electoral de Andalucía, en 2018, permitió un gobierno presidido por Juan Manuel Moreno, del PP, en coalición con CS y bendecido por Vox, todos ellos derrotados de largo por el PSOE, pese a sufrir un fuerte castigo en votos.
El cartel electoral de Vox, Francisco Serrano, juez en situación de excedencia, desgajó una biografía de difícil cohabitación con la ejemplaridad y fue imputado por un turbio asunto de percepción de ayudas, que significó su fin político.
Ciudadanos, con sus turbulencias, anda en tareas de gobierno ya en las postrimerías de su mandato. Y el presidente Moreno Bonilla, desde un segundo puesto en 2018 nada honroso desde la perspectiva de cosecha electoral, ha logrado el fortalecimiento de su menguado carisma con la ayuda carburante del gobierno, de cuya vitamina nunca dudó el siempre anunciado en esta suerte Giulio Andreotti.
Ahora, con el horizonte de la próxima cita, Moreno Bonilla, con la seguridad que proporciona la gasolina de las encuestas y la presentación en plaza de compromiso de Juan Espadas, cartel del PSOE ya con Susana Díaz en el ostracismo, ha prescindido en apuesta arriesgada de sus apellidos paterno y materno para apostar por el disminuido Juanma, con rutilante seguridad en el natalicio, con el mismo aplomo evangélico al citar a Él cuando se hablaba de Jesucristo.
Pero existe una incógnita que tardará en resolverse: hasta dónde puede llegar el entendimiento entre PP y Vox, máxime cuando planea sobre las mismas elecciones la reciente capitanía del PP nacional estrenada en la persona de Núñez Feijóo.
Pese al respeto por la decisión de Mañueco en Castilla y León para el matrimonio de conveniencia con Vox y las muy tasadas intervenciones de Feijóo en la Puerta del Sol y escenario Ifema con intercambio de sonrisas con Díaz Ayuso, en ejercicio de liderazgo madrileño, la autoridad del nuevo presidente nacional del PP puede influir muy decisivamente sobre Juan Manuel Moreno hasta producir algún escalofrío en la persona de Macarena Olona.
Las sesiones de karaoke parlamentario de los miércoles de pasión retórica de Macarena no son de la satisfacción de Feijóo, más entregado a función tierna y tranquila de la muñeira, que permite centrar la acción de gobierno en la fría gestión, la cuadratura de las cuentas, en lugar de los cambios revolucionarios de los mantras de perfil cultural de izquierda.
Los números del recuento podrán desvelar si las gracietas de Macarena Olona permiten la sonrisa de Feijóo o revelan una circunspección que escenifique la autonomía del PP respecto de las extravagancias de la abogada del Estado de fijación temporal en Salobreña.
Al margen de la sobreactuada muerte en las urnas de Espadas y de la izquierda andaluza, la exposición de Olona no despierta más que unas ajustadas simpatías en el apocopado Juanma, quien ve en Feijóo, su líder natural, más complacencia que la ofrecida por Pablo Casado, el gran ausente de la escena pública que espera con ocultación muy interesada las novedades que puedan surgir del recorrido judicial en el caso mascarillas malayas, que tan precipitadamente cavó su sepultura.
En la reciente novela de Yasmina Reza, “Serge” (Anagrama, 2021), se dice que “el carácter reversible del juicio a partir de los mismos hechos es un fenómeno tan frecuente como inquietante”.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.