La Agenda 2030 después de la pandemia
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Opinión
La pandemia actual de la covid19 ha puesto en evidencia nuestras principales debilidades en materia de gobernanza de la salud pública, atención social y sanitaria, así como pobreza y desigualdades. Además, el impacto de la enfermedad, junto con los efectos económicos, sociales y de salud de la de las medidas de restricción de la movilidad y distanciamiento social para controlarla y mitigarla han dificultado y alejado el cumplimiento de los objetivos del milenio y más a corto plazo de la agenda de desarrollo sostenible.
Por ejemplo, el tercer objetivo relativo a la salud y el bienestar de la agenda 2030 ya no se puede evaluar, como el resto de los objetivos y sus respectivas metas, sin tener en cuenta las condiciones de salud y sanitarias, así como sus determinantes sociales después de dos años de vigencia de la mayor pandemia vivida en el mundo desde hace un siglo. El incremento del desempleo, del hambre, la pobreza y el descenso de la esperanza de vida muestran un retroceso a hace dos décadas en apenas dos años de pandemia. Por si fuera poco, en Europa la mencionada Agenda estará también condicionada por las consecuencias humanas, económicas y sanitarias de la guerra que acaba de comenzar tras la invasión de Ucrania. Si a todo esto le añadimos la guerra iniciada en Europa y sus previsibles consecuencias humanas y económicas, podemos pensar que a priori los objetivos de la Agenda podrían parecer más lejanos y más difíciles de cumplir pero paradójicamente se presentan como más prioritarios y puede que más abordables.
En todo caso, se demuestra también que la actual incertidumbre, junto a los graves efectos de la pandemia refuerzan aún más si cabe la necesidad de una agenda de prioridades en salud y bienestar, y de su relación con el resto de objetivos sociales, ambientales o de gobernanza como es la Agenda 2030, y suponen al tiempo una base en la que apoyarse con la experiencia cercana de la respuesta fiscal expansiva de los Estados, del protagonismo del sector público y de los organismos internacionales como la OMS y por parte los Estados frente a los retos de la pandemia, y como consecuencia una mayor sensibilidad de sus ciudadanos para con una agenda que hasta ahora había sido más objeto de comentario políticamente correcto que de conocimiento real en la importancia de sus detalles.
Objetivos Desarrollo del Milenio y Agenda 2030
La evaluación y actualización de los objetivos del milenio centrados en la lucha contra la pobreza, y en consecuencia casi exclusivamente en una agenda social, concluyó en 2015 registrando avances significativos mostrando su utilidad, aunque lejos aún de los objetivos iniciales en todo lo relacionado con el objetivo de la mencionada erradicación del hambre y la pobreza, la reducción de la mortalidad materna e infantil, así como en la lucha contra las enfermedades hídricas y las infecciosas ( entre otras la tuberculosis, el sida y la malaria). La mencionada evaluación se produjo además en un contexto donde se acentuaban junto a las consecuencias sociales de la crisis financiera, las alarmas de los sucesivos paneles de expertos sobre el cambio climático y la persistencia de la plaga de la guerra en diversos escenarios, algo que en su conjunto obligó a un replanteamiento del enfoque y a una ampliación de los objetivos.
Así, la evaluación realizada demostró sobre todo la necesidad de un cambio de estrategia y también de medidas estructurales para avanzar en el cumplimiento de los compromisos adquiridos, en particular con un enfoque más preventivo que solo curativo y que tenga en cuenta los determinantes sociales de la salud, así como la prioridad del acceso universal a la atención sanitaria, junto a las vacunas y los medicamentos.
La principal conclusión es que la agenda debe incluir prioridades para toda la humanidad incluyendo a los países desarrollados junto a los empobrecidos.Todo ello, habida cuenta que junto a las patologías infecciosas también existen patologías crónicas y degenerativas en todo el mundo, que cuando coinciden se produce lo que en esta pandemia hemos denominado sindemia. El tercer aspecto es el que tiene que ver con las medidas estructurales como las que tienen relación con la universalización de la atención sanitaria, el acceso a las vacunas y a los medicamentos,como también hemos comprobado en la pandemia. Otro cambio tiene también que ver con la inclusión de las medidas de prevención y promoción de salud, junto a las ya conocidas de atención sanitaria, introduciendo el enfoque de determinantes sociales, ambientales y de género, y consecuentemente el de inclusión de la salud en todas las políticas. Por último, los mencionados objetivos han sido elaborados con la participación directa de la ciudadanía junto a la ya clásica de las comisiones de expertos y los Estados. En resumen, entre los diecisiete objetivos de la agenda 2030 se incluye, junto al paquete social de los objetivos del milenio, la prioridad del bloque ambiental y las agendas de la paz, del buen gobierno y de la de la prosperidad.
Al final de la pandemia
Con la próxima resolución de la pandemia en los continentes más desarrollados, se han puesto en marcha también las respectivas evaluaciones de las respuestas y con ellas la consiguiente reflexión sobre las carencias detectadas, es cierto que en diferente grado, de la gobernanza global, de la precaria situación de la salud pública, de las barreras de acceso a la red de atención sanitaria, a las vacunas y medicamentos, y de las deficiencias en las políticas sociales y más en concreto de la coordinación sociosanitara. Asimismo sobre la influencia de los determinantes sociales de las políticas de la salud, en particular del impacto negativo de la precariedad laboral, la economía informal y las desigualdades sociales, junto a la crisis de confianza en las instituciones y la polarización política populista entre las respuestas sociales y políticas a la pandemia.
Se añade también un análisis sobre las nuevas brechas que se han puesto de manifiesto en la pandemia, de un lado con la experiencia del retroceso hacia las medidas de confinamiento y por otro como consecuencia de la aceleración de la transición digital, y su impacto no solo en la salud mental o en la accesibilidad a la atención sanitaria presencial, sino también en los modelos de educación, de trabajo y en el de los servicios públicos. Esta evaluación debería contar, cómo en la primera realizada en el mes de mayo pasado, con la participación no solo de la OMS sino con la implicación de los gobiernos y de los organismos internacionales que son los que deben aplicar sus conclusiones y recomendaciones, y la colaboración de los propios ciudadanos al objeto de que éstas no queden en papel mojado.
A su paso, la pandemia también ha puesto encima de la mesa las situaciones de mayor fragilidad y los déficits de más urgente superación: Un modelo de globalización económica sin regulación y el estrangulamiento en la cadena de suministros, el exceso de confianza en la tecnología sanitaria y por contra las carencias de la salud pública y de la atención comunitaria en los sistemas de salud, la incertidumbre y la desconfianza en la política, y en particular el agravamiento de la desigualdad en el mundo. Pero también, en sentido opuesto, ha mostrado las grandes posibilidades existentes para el cumplimiento de las medidas y de los objetivos mediante el aprendizaje de los ejemplos de la gobernanza global, la experiencia de la ciencia aplicada en la detección y en la vacunación y la responsabilidad ciudadana. Por otra parte, los efectos de la guerra sobre Ucrania, pero también sobre Rusia y el conjunto de Europa no se harán esperar con un incremento más que probable de la carga de enfermedades y de muerte y consecuentemente con un nuevo freno a la economía, la sostenibilidad ambiental, los derechos sociales y la esperanza de vida que se añadirán al retroceso que ha supuesto la pandemia.
En definitiva, esta pandemia ha transformado en más actuales si cabe las prioridades de la agenda 2030, donde se tomó nota de las experiencias de mayor éxito que tenían que ver con las medidas globales como la universalización del acceso a la sanidad pública y a los medicamentos, determinando con ello su reorientación, en particular en lo relativo a los objetivos, las metas y las acciones en materia de salud y bienestar social en cuanto a universalización del acceso a los sistemas sanitarios y a las vacunas y medicamentos, el fortalecimiento de la investigación y su aplicación equitativa en el mundo y también en lo que lo que respecta a la necesidad de responder a la sindemia de las patologías infecciosas y las nuevas enfermedades crónicas y degenerativas, tanto en los países desarrollados como en los empobrecidos, mediante una visión integral de la salud.
Ante todo, se hacen imprescindible la priorización de las medidas que, al menos por el momento, podrían contar con una valoración más positiva en estos dos años de respuesta a la pandemia y por tanto con una mayor sensibilidad por parte de los gobiernos nacionales y de sus ciudadanos. De una parte la reorientación de los sistemas de salud y su reforzamiento en especial de la salud pública y la salud comunitaria y de otra de la gobernanza global de la OMS y los organismos regionales, con la sustitución del actual reglamento internacional por un nuevo Tratado de Pandemias, que debiera incluir al menos el respaldado la investigación y el acceso universal a las vacunas y los medicamentos esenciales.
Otro objetivo inmediato debería ser la integración de la salud humana y la salud animal en una sola política de salud, una vez hemos comprobado la actualidad de las zoonosis y el riesgo de nuevas pandemias debidas al modelo de urbanización, el incremento de la movilidad y densidad de la población y del modelo de alimentación intensiva en el mundo. Y asimismo la importancia de la prevención y promoción de salud frente al cambio climático y de la trascendencia de los determinantes sociales, ambientales y de género como la pobreza y la desigualdad, los problemas de saneamiento y de la contaminación ambiental, las carencias sociolaborales y las deficiencias en las políticas de cuidados.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.