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Todos contra uno


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Que no “uno contra todos”. Al contrario, uno, escuchando y dialogando con todos. Así ha empezado la más extraña, insólita e inesperada campaña electoral para elegir a los 135 diputados y diputadas del Parlamento de Cataluña.

Digo inesperada por la fecha elegida, criticada por todos, incluso por aquellos que la hicieron obligatoria. Me explico. Cataluña es la única Comunidad Autónoma que no ha tenido tiempo, en estos 40 años de democracia, de elaborar y aprobar su propia Ley Electoral, así que nos regimos por la provisional de 1980, por ser mucho más favorable a los partidos conservadores que a los progresistas.

En esta ley provisional, se otorgan sólo 85 puestos a la provincia de Barcelona, a pesar de tener más del doble de población que las otras tres provincias juntas. Un desequilibrio enorme que supone valorar el triple un voto de la provincia de Lérida, respeto a uno de Barcelona. Pero, volviendo al motivo de la fecha elegida, supone el cumplimiento de un artículo del Estatuto, que regula el tiempo en que el gobierno puede estar sin presidente.

Al no ponerse de acuerdo los dos partidos para sustituir al inhabilitado Torra, se puso en marcha el mecanismo para la convocatoria automática de las elecciones. Ha recaído en el domingo 14 de febrero. Punto. Si hubieran decidido posponer esta fecha, lo habrían podido resolver con la elección de un nuevo presidente, con poderes para disolver el Parlamento y convocar elecciones, cosa que no puede hacer un vicepresidente en funciones.

El lío está servido, y como es habitual el victimismo ha vuelto a la palestra. Que si la fecha la ha impuesto el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que si detrás de todas estas maniobras está La Moncloa, que si el PSC ha actuado moviendo hilos para que otros presentaran recursos, etc., etc. Vamos, nada nuevo en el horizonte. Las mismas acusaciones, las mismas quejas, el mismo victimismo de siempre, en vez de aceptar sus errores.

Agrade o no la fecha, lo cierto es que estamos en campaña, y el pánico ha penetrado en las sedes de los partidos independentistas. Tan solo hace un par de meses, o menos aún, la gran preocupación era quedar antes que los otros. La guerra era entre ERC y Junts x Cat. Nadie imaginaba la irrupción de un tercero en discordia, en la persona de Salvador Illa. Creían en la repetición de Miquel Iceta, al que le daban un aumento considerable de votos, pero sin poner en peligro sus primeros puestos.

Hete aquí que el momento elegido y la persona han sido el detonante para producir una sacudida realmente brusca y en profundidad como para augurarle un primer puesto, y con ello la posibilidad de formar gobierno. ¿Con quién? Hay que esperar resultados y ver cómo queda la composición del hemiciclo, pero el cambio aparece como inevitable.

Y es que solo los muy radicales, son capaces de creer en la continuidad de las acciones unilaterales. No han tenido ningún éxito ni lo tendrán en el futuro. Precisamente el futuro, a la vista del pasado reciente, será mucho más exigente y rápido en las respuestas.

Hay otro factor, todavía más decisivo, y es el hartazgo de una gran mayoría de catalanes, que han visto las mentiras y engaños, además de padecer la peor crisis sanitaria, sí, pero también económica, y todo ello obliga a poner por delante la reparación de daños y la recuperación de la normalidad perdida.

Para conseguirlo, ha aparecido la persona adecuada, en el momento oportuno. Da confianza, transmite seguridad y respeto, además de estar preparado para encabezar el proyecto de futuro, dejando atrás la década desastrosa que hemos vivido. En pocos días, veremos qué ha decidido el pueblo catalán.

Presidente del Consejo de la Federación XI del PSC-PSOE. Ex alcalde de Borredà ( Barcelona) y ex diputado del Parlament de Cataluña.

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