“¿Se me escucha?”… En remoto, aquí estamos
- Escrito por María Pilar Úcar Ventura
- Publicado en Opinión
Cuántas veces durante los últimos meses hemos oído expresiones del tipo: “¿se ve bien?”, “a ver, a ver si ahora va mejor”, “se congela la imagen”…
Y así, hasta un sinfín de fórmulas que nos recuerdan la función fática del lenguaje en el proceso de la comunicación. Esa característica que estudiábamos y que no teníamos muy claro su sentido; los filólogos asegurábamos que lo “fático” (no confundir con fáctico) servía de pista y de clave para asegurar al partenaire, al receptor que estábamos con él, siguiendo el contenido de su mensaje por medio de chasquidos de lengua, onomatopeyas y monosílabos, más o menos así: ya, ya, hummmm, sí, sí, psch…
A mí últimamente, lo remoto, me trae recuerdos de las orquestas de los pueblos a punto de iniciar los bailables; los músicos antes de su atronador chunta chunta, boca pegada en el micrófono reetían arrítmicamente: “uno dos, uno dos, tres…” y a continuación el arpegio saltaba de la batería, de las guitarras y el órgano con acordes de lo que prometía ser la sesión de noche musical en la plaza.
Pues bien, se inaugura el congreso, y la pantalla salpica nombres y fotos hasta que pronto aparecen las caras en modo mosaico, pues al principio activamos la cámara y así vemos y nos ven; minutos más tarde desconectamos la visión y el micrófono, pero antes vamos contando cuántos estamos y quiénes somos, voces de saludos y palabras de encuentros, rostros conocidos y rictus de sorpresa, incluso algunos temerosos de que todo sea ciencia ficción y que en pocos segundos nos esfumemos de repente, nos diluyamos como el azucarillo en la taza de café que nos acompaña.
Las situaciones que se presentan durante estos minutos iniciales son del todo variopintas, curiosas y algunas incómodas: con los micrófonos encendidos se oye de todo, y se ve de todo, también; el congresista que saluda mientras su pareja pasea por la habitación, el hijo de una participante haciendo pesas en el mismo cuarto en que pronto se va a hablar de estrategias literarias en la novela, la señora que limpia la sala, con mascarilla, claro, mientras la dueña de la casa presenta el resumen de su ponencia (sic) y la aupair que desde Alemania, grita a uno de los chiquillos que deje en paz a su padre, ya en cámara, porque es la hora de la cena (en esas latitudes; en otras todavía es pronto), hay quien se levanta y va a la nevera a coger un refresco…; todos nos cuidamos, según mi experiencia, de mostrar un gesto más allá de lo esperado según las características del evento.
Por eso nos gusta también proyectar un rincón lleno de libros y retratos, por ejemplo, o cuadros y flores…nunca existió tanto interés por ofrecer la mejor visión de nosotros mismos, nuestro mejor lado, más allá de la fotogenia personal.
Y mira que estamos en línea, que la cámara no es tan buena ni tan precisa como para apreciar ciertos defectillos que en persona trataríamos de disimular.
Pues bien: una vez elegido cuidadosamente nuestro paisaje para compartir con el paisanaje de esa ocasión, todo pretende discurrir con el menor número posible de sobresaltos.
Recuerdo aquellos tiempos en los que preparábamos la presentación de nuestras lecciones en powerpoint para explicarlas en el aula y hacerlas más visibles y menos aburridas; de igual manera, conferencias en las reuniones académicas con el fin de enganchar al receptor a través de soniditos, movimientos y animación que nos permitían el paso más ágil de las “slides”, -pocos dicen transparencias ni diapositivas y mucho menos las filminas de antaño-; cierto, son otra cosa, es otro contexto y estamos en otros tiempos. Los que nos toca vivir y por supuesto…aprender. Una puesta a punto en toda regla.
A partir de aquí, lo que acontezca en el desarrollo de una de esas sesiones on line, lo dejo a la opinión y experiencia de quien lea estas líneas: ejemplos no faltan, seguro.
Pero…y llego al meollo de la cuestión: ¿Todo vale en la red? ¿Funcionamos con eficacia en esta nueva forma de comunicación? Hemos aprendido a relacionarnos y a interactuar a golpe de tecla, de trasteo…, casi sin preámbulos, in absentia desde una presencia apantallada, como si nos taparan parte de nosotros a modo de máscara internáutica.
No tengo tan claro si este nuevo quehacer didáctico y profesional ha venido para quedarse; quizá convenga pensar que mejor de esta manera antes que la ausencia, la dura ausencia a que nos vemos abocados en muchos aspectos del nuevo acontecer.
Apuesto por la comunicación; eso, sin duda alguna, a pesar de todas las pegas e inconvenientes que se puedan derivar de las plataformas actualmente en uso. Me consta de manera fehaciente que nuestra cultura sureña, nuestro vivir de puertas afuera es más proclive al “contacto” (cum-tactum, etimológicamente) personal, a la relación alumno-profesor, médico-paciente, abuelos-nietos sin intermediarios; esos mediadores artificiales que nos acercan y nos separan paradójicamente. No todo vale para todo. Puede ser un remedio paliativo y transitorio; transicional diría yo.
“¿Hacemos un teams?”, “mejor nos vemos por collaborate”, “a mí me gusta más zoom”, “me he acostumbrado a starleaf” o “nos reunimos por meet”.
En cualquier caso, el ser humano es un ser social y sociable; contamos con la palabra y con la imagen. La voz y el sonido. Disfrutemos de los recursos que tenemos a nuestra disposición para crear puentes y traspasar fronteras…
María Pilar Úcar Ventura
Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.
Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.
Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…
Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.
Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.
Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.