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La necesaria reconstrucción de la Izquierda madrileña


(Tiempo de lectura: 6 - 11 minutos)

El siglo XXI va a ser un período vital para el futuro de la humanidad. La actuación de la especie humana sobre el planeta está provocando una crisis climática, cuyos resultados vemos avanzar día a día. El crecimiento desmedido del tamaño de nuestra población y el desarrollo de políticas económicas neoliberales, basadas en el individualismo de una economía extractiva acaparadora de la riqueza, está llevando al agotamiento de los recursos existentes. Indudablemente los neoliberales no han comprendido que la Tierra es un mundo finito; así como desconocen o ignoran las leyes de la Física que imposibilitan un crecimiento infinito dentro de ese marco.

La debacle provocada por la pandemia del COVID-19 está poniendo en evidencia toda esta realidad, al tiempo que revela toda la profunda crisis en que está sumergido nuestro sistema económico y social. Debemos ser conscientes de que este no va a ser un episodio aislado. En el futuro más inmediato se van a suceder nuevas crisis de esta misma naturaleza con nuevos agentes, a ellas se superpondrán las provocadas por una climatología adversa debida a la amplificación de los grandes períodos de sequía y a la fuerza creciente de los procesos ciclónicos, junto al crecimiento sin freno del nivel del mar y la reducción drástica de la biodiversidad.

En consecuencia, la preparación de las estructuras políticas, sociales y económicas de nuestra Comunidad es fundamental para resistir lo que se nos viene encima y evidentemente no estamos preparados. El efecto provocado por la pandemia en la Comunidad Madrid es todo un ejemplo. A fecha 28 de septiembre, según los datos del Ministerio de Sanidad, llevamos contabilizadas 9.246 muertes en 7 meses, número que crece incesantemente. La tasa de infección por cada 100.000 habitantes es de 3.398, mientras que la comunidad estructuralmente más parecida a Madrid, Catalunya, es de 1.822. Madrid se ha convertido en un peligro epidémico para toda España y para toda Europa, algo que no es fruto de la casualidad.

La Comunidad de Madrid ha sido la región donde se han implementado las políticas neoliberales más radicales. Desde que llegó el PP al gobierno, hace ya un cuarto de siglo, toda su política se ha dirigido a reducciones impositivas de todo tipo para las rentas más altas, con el efecto de convertir a la Comunidad, y en especial a la capital, en una aspiradora de recursos económicos, la cual está vaciando el resto de España, sobre todo a Castilla y León y a Castilla La Mancha. España ha sido vaciada por Madrid, donde se concentra no solo el poder político, sino también el económico. La visión centralista y radial del Estado español tiene esta nefasta consecuencia.

El hecho de que esta extracción de recursos acabe en manos de un reducido núcleo de personas, algo característico de los paraísos fiscales, implica un incremento imparable de las desigualdades, así como una subfinanaciación de los servicios públicos esenciales: sanidad, educación y dependencia, los cuales ostentan las tasas de inversión por habitante de más bajas de España y de Europa, si las comparamos con regiones de renta per cápita similar. Este modelo de servicio público tiene un único objetivo, su externalización. Así el nivel de privatización en sanidad, educación y dependencia es el más alto de todo el territorio español. El trabajo continuado de derivación de fondos públicos a intereses privados a lo largo de estos 25 años ha dado sus frutos y están dispuestos a que siga dándolos, porque para el Gobierno de PP-C’s-Vox la crisis del COVID-19 es solo una oportunidad de negocio.

No se ha implementado las medidas sanitarias necesarias para el control de la pandemia, como son la contratación de 2.000 efectivos de rastreo, la dotación suficiente de recursos humanos y materiales al sistema público de salud, la puesta en funcionamiento a pleno rendimiento del los Centros de Atención Primaria, la dotación de personal para acelerar la obtención de resultados en las pruebas PCR y la apertura de la camas hospitalarias cerradas existentes, entre otras. Si embargo se han puesto en marcha negocios ruinosos para el erario público, como el hospital de campaña del IFEMA, el hospital para pandemias de Valdebebas o la contratación de un ridículo servicio de rastreo con Quirón Salud al doble de su costo real.

La reacción del Gobierno de la Comunidad ante el fracaso de su actitud pasiva frente a la pandemia, por anteponer la economía a la salud y no abordar todo aquello que los técnicos nacionales e internacionales sugerían para controlar la misma, ha sido el confinamiento de los barrios obreros, demandando al Gobierno Central el apoyo con más efectivos de la Policía y Guardia Civil. No han comprendido que una pandemia no se para a garrotazos, que necesitan a esa población confinada para que funcionen las zonas no confinadas. En estos días, un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid ha demostrado que el 85% de las personas, cuya residencia está en las zonas confinadas, salen de ellas diariamente para ir a trabajar. Sin embargo tampoco se ha incrementado las frecuencias del transporte público que estas personas utilizan, cerca de 3.000.000 al día, y donde pasan más de dos horas diarias para ir a sus puestos de trabajo, con lo que el grado de hacinamiento en metros, autobuses y trenes de cercanías es considerable en las horas punta. Desde el Gobierno madrileño, sin fundamento alguno, se echa la culpa de los contagios al aeropuerto cuando tiene una tasa de uso 30 veces menor.

Evidentemente, los partidos que soportan el gobierno, PP, C’s y Vox, están llevando adelante sus políticas de siempre, no han engañado a nadie, las llevan ejecutando desde hace 25 años, pero las pregunta que se hace la ciudadanía son ¿Dónde está la oposición? ¿Qué le pasa al primer partido en diputados de la Asamblea de Madrid que está absolutamente desaparecido?

Ante las absurdas medidas de confinamiento selectivo, las organizaciones sindicales de clase y los partidos, cuya ideología no se encuadra en el ideario neoliberal tardofranquista, convocaron una movilización el pasado día 27 de septiembre, a la que inicialmente el PSOE madrileño se había unido. Sin embargo, su Secretario General y Delegado del Gobierno, José Manuel Franco Pardo, anunció la retirada del mismo de la movilización, con una argumentación equiparable a la usada por la Presidenta en todas sus hilarantes intervenciones. Este posicionamiento se suma a otras declaraciones en la línea de responsabilizar a la ciudadanía de los contagios, a la necesidad de enviar a las fuerzas de seguridad a reprimir las movilizaciones de protesta ciudadana, como hemos podido ver en las redes sociales, y finalmente a justificar las cargas de la policía contra las personas que protestaban en la Asamblea de Madrid. Algo que no sucedió con las movilizaciones de ultraderecha en la calle Núñeez de Balboa o en la Plaza de Colón.

Decía Pablo Iglesias Possé que el Socialismo es el instrumento para la emancipación de la clase trabajadora. Siendo este el objetivo que anima a muchos militantes del PSOE madrileño a estar en él, cabría la pregunta ¿Qué ha pasado en el PSOE madrileño para que no sea referente de esa clase trabajadora? La respuesta es compleja, pero la dualidad que se da en la Comunidad de Madrid de coexistir en la misma persona la condición de Secretario General y de Delegado del Gobierno nos ilustra sobre el fracaso que como partido obrero estamos sufriendo. Es inaceptable que la persona que debe encabezar las movilizaciones de la clase obrera sea a la vez quien manda al la policía a reprimirla. Sobre todo cuando la Delegación del Gobierno es un cargo de libre designación y no un cargo electo, como es la Presidencia de la Comunidad, por ejemplo. Puede ser legal, pero es indecoroso y un auténtico baldón para las futuras contiendas electorales.

El PSOE de Madrid se ha ganado la irrelevancia a pulso. Las guerras internas entre familias de influencia, el fiasco del Tamayazo en 2003, que se cerró sin delimitar responsabilidades, el golpe de mano que eliminó la Comisión Ejecutiva y al Comité Regional en 2015, para proponer un candidato que no ha conseguido formar una mayoría de gobierno en dos legislaturas, el apoyo descarado a candidaturas para la Secretaría General madrileña y para cabeza de lista a la Alcaldía de Madrid por parte de las estructuras federales, vulnerando la neutralidad observable por las mismas en procesos regionales de esta naturaleza, nos ha llevado al peor resultado desde 1978 en la capital y a la actual irrelevancia en el conjunto de la autonomía.

Las agrupaciones están muertas desde hace años, la afiliación es espantada en luchas internas por parcelas ridículas de poder e influencia, los dirigentes viven a espaldas de la ciudadanía que les vota, preocupados fundamentalmente de su permanencia en los puestos retribuidos, cualquier crítica se interpreta como un acto de disidencia y es aplastada sin contemplaciones, no hay la más mínima renovación en los puestos de representación con la consecuente profesionalización de su irrelevancia en la política, etc. Es la radiografía de un partido moribundo. Hace unos días lo expresaba un diputado madrileño en Twitter refiriéndose a la película “El Sexto Sentido”: “Hay muchos que están tan muertos como Bruce Willis en la peli, pero ellos no lo saben y siguen enredando como si no lo estuvieran”.

El PSOE de Madrid necesita un cambio profundo en un tiempo record si no queremos ir a peor en los siguientes procesos electorales. Este cambio no es solo de cabeza de cartel para las listas, es algo que debe afectar a su funcionamiento y sus estructuras. Hay que fomentar el debate desaparecido desde hace años, tanto interno como en el contexto social donde nos desenvolvemos. Decía Rodolfo Llopis Ferrándiz: “El sentido de la disidencia en las organizaciones políticas es perfectamente legítimo. Es muestra de vitalidad. Es afán de superación. Ello no atenta a la unidad. Unidad no quiere decir uniformidad”. La militancia es el capital fundamental de un partido, dilapidarla es un suicidio, como vimos en la candidatura al Ayuntamiento de Madrid.

Esta renovación solo es posible a través de un congreso donde se definan políticas de futuro, se aborden los problemas de la Comunidad y sus posibles soluciones, y sean elegidas las personas que se comprometan a llevarlos adelante. Los procesos electorales internos deben tener la máxima proyección pública y una total carencia de dudas procedimentales. No nos valen ya esas primarias donde los resultados son secretos y desconocemos los criterios por los que van ordenadas las listas para los órganos de representación. No nos valen esos monólogos pautados, disfrazados como debates en el sótano de la sede regional, para que no los vea nadie, como se realizó en las primarias a la Secretaría General y a la candidatura para el Ayuntamiento de Madrid. Si para algo debe de servir un proceso electoral es para proyectar el partido al exterior. La militancia debe sentir que tiene la capacidad de opinar y decidir; así como el derecho a ser escuchada.

El actual Secretario General es el heredero directo de esa forma de actuar y ostenta un currículum de 25 años ininterrumpidos de cargo público. Su dimisión es imprescindible, pero no es suficiente. Por tanto, Hacen falta caras nuevas, no personas apalancadas en sus cargos durante tantas legislaturas, que han hecho de la política su medio de vida y de la irrelevancia su papel en la sociedad. El PSOE de Madrid debe ambicionar la articulación de la izquierda para alcanzar el Gobierno y ser ese instrumento del que hablaba Pablo Iglesias Possé. Para ello, si no quiere caer en el ostracismo o desaparecer, debe dar un giro radical ¡ya!. De lo contrario con la crisis económica, medioambiental y sanitaria que se nos avecina, en un entorno marcado por la desigualdad más dramática derivada de las fracasadas políticas neoliberales del PP, cuyo efecto es el empobrecimiento de una clase media cada día más baja, provocará que nuestra base electoral nos dé la espalda definitivamente y nuestro espacio será ocupado por otras formaciones políticas que acabarán consolidándose como alternativa a las políticas neoliberales. 

Licenciado con grado en Ciencias Biológicas por la UCM en 1976

Profesor de Ciencias Naturales en el Colegio Privado Marqués de Suanzes (1978-1981).

Profesor de Enseñanza Secundaria en centros públicos (1982-2018) con destinos en Granada, Huesca, Alcalá de Henares y Madrid.

Militante de UGT Madrid y PSOE Vicálvaro, Madrid.

Secretario Acción Sindical FETE-UGT Madrid (2005-2010)

Secretario General de FETE-UGT Madrid (2010-2016)

Miembro de la Permanente de IS Madrid (2018-2020)


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