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Otra vez queremos que el PSOE sea el partido vicario de la derecha


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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo; y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. | Congreso de los Diputados, Madrid - 17.6.2026 El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo; y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. | Congreso de los Diputados, Madrid - 17.6.2026

Desde que empezó el ciclo de elecciones autonómicas ordenado por Núñez Feijóo a sus presidentes, no ha pasado ninguna semana en que alguien lance la idea de que el PSOE debe ayudar al Partido Popular a formar gobiernos para que no tenga que depender de los votos de Vox, ni tenga que constituir gobiernos de coalición con la extrema derecha. La petición puede venir de la propia derecha, dirigida a los dirigentes regionales del PSOE para que desobedezcan a Ferraz y voten al Partido Popular.

Otras veces, la iniciativa viene del propio PSOE, como la propuesta que hizo Rodríguez Ibarra (propuesta que no hubiera lanzado en los años noventa). Una variante, que se le parece, pero que no debemos confundir, es la propuesta del nuevo secretario general del PSOE extremeño, Álvaro Sánchez Cotrina, que ha ofrecido a Guardiola que rompa con Vox a cambio de votar los presupuestos. Con un gobierno recién formado, Guardiola no va a romper con sus socios de extrema derecha, por lo que la propuesta del nuevo Secretario General extremeño parece más una provocación al Partido Popular, aunque también un guiño al histórico Rodríguez Ibarra. En todo caso, el tema sigue coleando, como se ve en El País del 17 de junio, que publica dos artículos contrapuestos bajo el epígrafe: «El debate. ¿Debe la izquierda apoyar a un Ejecutivo del PP para evitar que Vox entre en el Gobierno?». Y no es el único caso, pues hace algunas semanas también vimos algún artículo en El País que adolecía de cierta ambigüedad.

En primer lugar, llama la atención la mala memoria de la gente. Parece que hemos olvidado que, en 2016, la crisis interna del PSOE que desembocó en la dimisión de Pedro Sánchez como Secretario General y como diputado estuvo motivada por la tremenda presión que metieron el IBEX y El País, con apoyos internos, para que el PSOE dejara gobernar a Rajoy a pesar de que no tenía escaños suficientes. El IBEX, El País y sus apoyos internos se salieron con la suya; si algo positivo tuvo aquel acto, fue demostrar que la política tiene sus reglas y que no se puede forzar a un partido nacional a pasar al campo del adversario, porque ese paso no se puede aguantar mucho tiempo. Por eso triunfó la moción de censura de 2018: porque Rajoy era un gigante parlamentario con pies de barro (demasiado barro) que no pudo aguantar ni dos años seguidos, para desgracia del IBEX y de El País.

Constatada la mala memoria de algunos políticos y de algunos medios, el debate sobre si la izquierda debe apoyar a un Ejecutivo del PP para evitar a Vox no debería siquiera suscitarse por unas razones muy simples, comunes a todo régimen parlamentario. Desde la lógica de todo sistema parlamentario, que el segundo partido mayoritario deje gobernar al primero porque está escaso de escaños es una operación absurda. Y es absurda porque no basta con permitir que se forme un gobierno, sino que ese gobierno débil tiene que gobernar toda una legislatura a través de las leyes del Parlamento; por lo tanto, el apoyo inicial del segundo partido al primero ha de prolongarse día a día. Eso no lo aguanta ni lo acepta ningún partido, porque nadie quiere aparecer ante el ciudadano en una posición ancilar o subordinada. Llegados a ese punto, el segundo partido exigirá al primero (como hace Vox) un gobierno de coalición, que tiene riesgos, pero también satisfacciones.

Dicho de otra manera, los que piden al PSOE (o a otros partidos) que permita formar gobierno al primer partido confunden dos momentos muy distintos de la vida parlamentaria:

a) El momento de la formación del Gobierno (la elección del Presidente), que dura un instante, lo que dura la votación de investidura.

b) El largo momento de toda una legislatura, en la que el gobierno minoritario tiene que seguir recibiendo el apoyo del segundo partido para aprobar las leyes.

Esta es una regla que vale tanto para España como para Finlandia. Por eso se «inventaron» los gobiernos de coalición: para repartir por igual apoyos y triunfos políticos sin la triste imagen de un segundo partido que apoya al primero a cambio de nada.

Hay una segunda razón que lleva a rechazar el apoyo gratuito del PSOE al Partido Popular. Si en 2027 el PSOE quedara en segundo lugar tras el Partido Popular, y el IBEX, El País y algún cómplice interno pidieran el voto socialista para evitar a Vox, ¿qué garantías hay de que, tras la investidura, ese Partido Popular no se va a apoyar en Vox para sacar adelante su programa legislativo? ¿Quién nos asegura que el Núñez Feijóo de turno no se aliaría con Vox después de llegar a la Moncloa con el voto de los diputados socialistas? Lo que es seguro es que el Partido Popular va a pactar más a gusto con Vox que con el PSOE.

Hay todavía otra razón pedagógica para no entrar en operaciones dudosas que siempre favorecen a la derecha. Si la ciudadanía española vota de manera que el Gobierno resultante corresponde al Partido Popular y a Vox, que se forme un Gobierno del Partido Popular y de Vox y que los electores prueben los beneficios de la extrema derecha. El PSOE no está para sacar las castañas del fuego al Partido Popular; si este no quiere gobernar con Vox, que ofrezca una coalición al PSOE (otra cosa es que el PSOE aceptara, por el riesgo de desaparecer como le ocurrió al SPD alemán).

Llama la atención que las derechas, y alguna izquierda con síndrome de Estocolmo, pretendan que la izquierda sea vicaria de la derecha. ¿Por qué nunca se plantea al revés? ¿Por la supuesta superioridad moral, histórica y iusnatural de las derechas?

 

Subsecretario de Cultura y Deporte, Director general de Reclutamiento y Enseñanza Militar en el Ministerio de Defensa, Subdelegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Secretario General Técnico de los Ministerios de Vivienda, Presidencia y Relaciones con las Cortes, Delegado de España en la primera reunión Intergubernamental de expertos sobre el anteproyecto de convención para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, organizada por la UNESCO, en los años 2002 y 2003.

Fue fundador y director del anuario Patrimonio Cultural y Derecho desde 1997. Hasta la fecha ha sido también vicepresidente de Hispania Nostra, Asociación para la defensa y promoción del Patrimonio Histórico.


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