Un mundo peligroso
- Escrito por Javier García Fernández
- Publicado en Opinión
Después de la agresión estadounidense a Venezuela y del secuestro de su Jefe del Estado, ocurrido pocos días antes del primer aniversario del regreso de Donald Trump a la Presidencia de su país, los pronósticos más pesimistas sobre el tipo de poder que éste iba a practicar en Estados Unidos y en sus relaciones internacionales se han confirmado. Doce meses después de que Trump llegara a la Casa Blanca, Estado Unidos es un país autoritario y el mundo está en peligro de recibir graves agresiones de ese país autoritario. A este respecto, era muy elocuente la crónica de Iker Seisdedos en El País del pasado 11 de enero (“El año en que el mundo se asomó al abismo autoritario de Trump”):
- Algunos Estados ocupados militarmente por la Guardia Nacional y por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), empleado por Trump como fuerza de choque contra los ciudadanos y contra los inmigrantes.
- Seiscientas mil personas expulsadas, es decir, seiscientas mil vidas destrozadas.
- Persecución de disidentes, desde el antiguo trumpista Bolton a Fiscales.
- Extrañas bromas sobre la posibilidad de que Trump vuelva a presentarse a las elecciones presidenciales y sobre la suspensión de las próximas elecciones parlamentarias de medio mandato.
- Presiones para cambiar la mayoría de la Reserva Federal y a su propio Presidente.
- Deslegitimación del Partido Demócrata y del Presidente Biden.
- Despido de miles de funcionarios para adelgazar a la Administración.
- Recorte de los programas sociales que daban un respiro vital a millones de ciudadanos.
Al lado de este cataclismo interno, político y humano, la presión sobre el exterior empieza a tener las mismas características:
- Ruptura del equilibrio comercial mundial con su obsesiva política arancelaria.
- Desprecio de la Unión Europea en la nueva Estrategia de Seguridad.
- Apoyo al genocidio israelí en Gaza, que no se modula por la pseudo-paz que ha impuesto unilateralmente.
- Abandono de facto de Ucrania, incluyendo la humillación a su Presidente en la Casa Blanca.
- Agresión contra Venezuela (precedida de los asesinatos de supuestos traficantes que, en el caso de que lo fueran, no han tenido derecho a un juicio penal).
- Amenazas muy atendibles sobre Groenlandia.
- Amenazas más o menos directas contra Colombia y contra México.
- Castigos a Irán al margen del Derecho internacional y de la ONU.
- Presiones sobre los miembros de la Alianza Atlántica para duplicar (y más) los gastos de defensa para favorecer a los fabricantes de armas y equipos defensivos de Estados Unidos.
- Amenaza (imposible e ilegal) de expulsar a España de la Alianza Atlántica por no acatar la orden de incrementar los gastos de defensa.
- Interferencia en procesos electorales como en Argentina y Honduras.
- Apoyo a los partidos de extrema derecha y fascistas de Europa y América.
A estos datos hay que añadir que Trump emplea unos cánones de razonamiento alejados de la lógica y del pensamiento usual, pues sólo quien posee un modo de razonar patológico podrá decir en público que atacará Groenlandia porque no se le concedió el Premio Nobel de la Paz. Afirmaciones de este tipo, más la enfermiza obsesión de castigar con aranceles, llevan a dudar del equilibrio mental del Presidente de Estados Unidos.
El recuerdo de otros dictadores que agredieron a sus vecinos (Hitler, Mussolini) no nos da criterios suficientes, pues toda agresión exterior es el resultado combinado de una vocación imperialista, sobe todo imperialismo económico, y de un deficiente cálculo de probabilidades que les lleva a medir mal sus fuerzas. El problema es que Estados Unidos es, junto con China, el país más poderoso del mundo y su capacidad de presión y de agresión es muy superior porque es difícil que otras Potencias, salvo China, (ni siquiera la débil Rusia) se les puedan oponer.
No hay duda de que estamos, como decía el editorial de 11 de enero de El País, “atrapados en la era Trump”. Pero tampoco puede dudarse de que si Trump ha llegado a esta situación es porque no ha encontrado suficiente oposición y firmeza, tanto en el interior como en el exterior. En el interior se tiene la sensación de que el Partido Demócrata aún no ha salido de su derrota (en parte buscada por mantener a Biden como candidato hasta el último momento) y que está atemorizado y derrotado. En el exterior se observa que sólo los Estados que se enfrentan sin temor a Trump, como China y Brasil, hacen recular la presión estadounidense. Lo contrario que la Comisión Europea, la OTAN y el Reino Unido cuyos dirigentes (Ursula von der Leyen, Mark Rutte y Keir Starmer) por servilismo, por cobardía e incluso por complicidad buscada, parecen decididos a entregar el continente europeo a Trump para que éste lo colonice y lo humille.
La distinta respuesta de China, de Brasil y de España frente a la Comisión Europea, a la OTAN y al Reino Unido nos enseña que Trump es capaz de recular cuando se encuentra con un adversario que pueda ganarle un pulso. Pero la entrega al adversario a cambio de nada (como hizo Ursula von der Leyen en Escocia) sólo refuerza la agresividad de los agresivos. Hay briznas de esperanza acerca del cambio de actitud, como se ve en la actitud del Gobierno español, en las últimas declaraciones de la Vicepresidenta de la Comisión, Teresa Ribera, en la congelación por parte del Parlamento Europeo del vergonzoso acuerdo arancelario con Estados Unidos o, en fin, en la firmeza del Presidente Macron ante Groenlandia. Pero, las excepciones han de ser la regla y hay que preguntarse si Ursula von der Leyen es la persona adecuada en estos momentos. Porque una cosa es que la mayoría de los Gobiernos europeos (y, como trasunto de ello, de la Comisión) no le haga ascos a Trump, como tampoco le hace ascos a la extrema derecha, y otra que la Unión se pliegue a las mayores humillaciones que, por razones económicas, aminoran además el nivel de vida de los ciudadanos europeos.
El año 2026 se inicia con grandes incógnitas. No sabemos si Trump permitirá que se celebren elecciones de medio mandato y, de celebrarse, cuáles serán sus resultados. Tampoco sabemos si Trump se decidirá a apoderarse de Groenlandia, aunque es de temer que si esto ocurre la reacción de la Unión Europea será tibia en el mejor de los casos y tampoco sabemos los efectos que tendrá sobre la arquitectura comunitaria y en la existencia de la OTAN. Ni siquiera podemos predecir si la corriente, aun minoritaria que parte hoy de España y de Francia, podrá consolidarse de modo que ante el siguiente zarpazo de Trump la pata del león americano quede malherida.
Javier García Fernández
Subsecretario de Cultura y Deporte, Director general de Reclutamiento y Enseñanza Militar en el Ministerio de Defensa, Subdelegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Secretario General Técnico de los Ministerios de Vivienda, Presidencia y Relaciones con las Cortes, Delegado de España en la primera reunión Intergubernamental de expertos sobre el anteproyecto de convención para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, organizada por la UNESCO, en los años 2002 y 2003.
Fue fundador y director del anuario Patrimonio Cultural y Derecho desde 1997. Hasta la fecha ha sido también vicepresidente de Hispania Nostra, Asociación para la defensa y promoción del Patrimonio Histórico.
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