Rufián, un parlamentario de Netflix que España ni se merece
- Escrito por Rosa Amor del Olmo
- Publicado en Opinión
Hubo un tiempo —mitad real, mitad leyenda— en que los políticos se llamaban “señorías”, y uno, aunque no les creyera, al menos los oía hablar sin vergüenza ajena y pensabas para adentro que para ser parlamentario había que tener mucho talento. Hoy, ver una sesión parlamentaria es como poner la oreja en un patio de colegio sin recreo: gritos, interrupciones, ceños fruncidos y un desprecio generalizado por cualquier forma de educación básica. Esto habrá que prohibirlo para niños y jóvenes. Es una indecencia.
Si el Congreso fuera un espectáculo de Netflix, Gabriel Rufián sería el protagonista de esa serie de la que nunca te pierdes un episodio. No por casualidad, el diputado de ERC ha vuelto a confirmar hoy lo que ya sospechábamos desde hace tiempo: que, de entre toda la fauna parlamentaria, es probablemente el único espécimen que domina a partes iguales la ironía afilada, la contundencia política y la elegancia para decir lo que muchos pensamos, pero pocos se atreven a soltar desde un micrófono.
Y es que ver a Rufián en acción no es solo asistir a un debate político, es disfrutar de un espectáculo inteligente en el que el sarcasmo juega en primera división. Mientras la mayoría de los diputados se pierden en discursos soporíferos o griteríos de barra de bar, él consigue algo tan escaso como difícil en la política actual: ser ácido sin caer en lo grosero, ser directo sin perder las formas, y tener la habilidad de dejar retratados a sus oponentes sin despeinarse. Que hoy le haya tocado al PP y a Vox ser los protagonistas de sus chanzas no sorprende a nadie, pero sí que resulte tan refrescante.
El Parlamento —ese lugar que debería ser templo del diálogo y el acuerdo— se ha convertido en un gallinero estridente, sin gallo, sin orden, y con mucho pico suelto. Nadie escucha, todos interrumpen, y las palabras “España”, “compromiso” o “servicio público” suenan a sarcasmo cada vez que las pronuncian. Una vergüenza para la compañera Yolanda Diaz, de luto teniendo que gritar para ser escuchada. Ha sido la nota trágica, el resto ha sido tragicomedia. Mas vergüenza ahora la irresponsabilidad y el mal ejemplo de algunos abandonando sus obligaciones, tipo Ayuso, como Abascal. ¿Estas personas salvarán a su pueblo? ¿en serio? Pero claro la bronca ha estado ahí, incluso entre los nacionalistas catalanes.
Porque, admitámoslo, ¿qué hay más divertido que escuchar a Rufián bautizar a los ultraderechistas como "la pandilla del Tesla" en respuesta a sus ataques infantiles al PSOE como "pandilla del Peugeot"? Nada. O quizás sí, ver cómo acto seguido desmonta la brillante propuesta de Vox de expulsar inmigrantes con una sentencia memorable: "si expulsan a tanta gente va a tener que trabajar hasta Abascal". Con eso ya ha garantizado el premio al tuit político de la semana.
Pero ojo, detrás de la sonrisa que nos provoca su dialéctica hay también reflexiones incómodas y necesarias. Rufián tiene esa extraña virtud política: hablar en voz alta de lo que otros murmuran en los pasillos del Congreso. Hoy lo ha hecho al señalar las contradicciones de quienes quieren deportar extranjeros (camareros, cocineros y personal de servicio en bares y restaurantes) pero guardan un respetuoso silencio cuando los capitales extranjeros, especialmente asiáticos, desembarcan en el país a golpe de holding para comprar hoteles, empresas y hasta barrios enteros. Al parecer, la preocupación xenófoba depende del grosor de la cartera.
Claro, Rufián lleva razón, porque algunos no entienden que en España se integra el que quiere, eso ya desde “los tiempos de Franco” porque ya estamos hartos de guetos alemanes, ingleses, italianos en nuestras islas, unas y otras…peña que ni habla español…los jeques y rusos comprando media Andalucía, bueno recomprando…Es verdad que “los chinos” se integran que da gusto con sus barrios con dragones. Usera en Madrid ya es chino, pero como traen dinero, pues eso. Total, que ¿de qué inmigrantes hablan estos caníbales? Ya lo sabemos, no hace falta que lo diga.
Con todo, le ha hablado a Sánchez como ese hijo listo que echa una reprimenda a su padre, pero que éste -que ha metido la pata hasta el fondo-, no le queda otra que descubrirse ante la evidencia del chaval que se las sabe todas y que sin duda lo hará mucho mejor que su padre. Así es la vida.
En estos tiempos de discursos simplistas y polarizaciones cansinas, escuchar a alguien como Gabriel Rufián resulta tan estimulante como necesario. Hoy, como otras veces, ha logrado despertar conciencias y sacudir letargos con la mejor herramienta política posible: un humor inteligente, crítico y ácido. Sí, Rufián es, sin duda alguna, el mejor parlamentario de esta legislatura. Lo único que lamentamos es que no sea mayoría.
Rosa Amor del Olmo
Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.
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