Luces en Venecia: la vergüenza del gasto y la indiferencia global
- Escrito por Rosa Amor del Olmo
- Publicado en Opinión
Mientras el Gran Canal de Venecia se iluminaba con drones, lentejuelas y discursos vacíos durante el evento promocional de Amazon Prime Video, medio planeta seguía sumido en el lodo del hambre, la guerra o el olvido. Entre selfies de famosos y desfiles de influencers —acompañados por una industria del espectáculo que no conoce pudor— se desplegó una obscenidad de gasto que no escandalizó a casi nadie. Y sin embargo, debería.
El evento en cuestión costó millones, muchos. Venecia fue decorada como si fuera un plató de Hollywood flotante, mientras en Sudán los niños mueren de inanición sin que los noticiarios les dediquen una línea. Mientras en Gaza se sobrevive a base de polvo y pan duro. Mientras millones de personas en América Latina, África y Asia no pueden pagar ni el arroz ni la gasolina.
Es legítimo preguntarse: ¿en qué momento la estética del lujo dejó de provocarnos náuseas?
No es solo una cuestión de gasto. Es una cuestión de mensaje. Lo que estas puestas en escena comunican —aunque no lo digan— es que el espectáculo importa más que la vida. Que las audiencias, los clics, los “likes” y el ruido visual valen más que una comunidad de pescadores devastada por el turismo de cruceros. O que una madre nigeriana que entierra a su hijo por desnutrición sin que nadie mire.
Las plataformas de streaming han convertido la cultura en un objeto de consumo instantáneo, y su promoción en un despliegue de fuegos artificiales que poco tiene que ver con el arte, y mucho con la propaganda de sí mismas. ¿Qué significa lanzar una serie en un palacio veneciano, rodeados de champán, mientras en la misma Italia crecen los bancos de alimentos y las colas del paro?
Estos eventos, además, tienen un efecto anestésico: generan una sensación de “normalidad aspiracional”, donde parecer rico importa más que ser digno, que de honestidad ya no hablamos. Las redes sociales amplifican esta ilusión. Cientos de jóvenes comentan el vestido de tal actriz o la aparición sorpresa de tal influencer sin detenerse a pensar en lo que cuesta pagar ese escenario de cartón piedra.
Mientras tanto, el malestar crece. Y no solo el de los que mueren de hambre. También el de los que viven al borde del salario mínimo, los que se levantan a las cinco de la mañana y ven cómo se financian fiestas privadas con su trabajo. Esta exhibición de abundancia crea una rabia sorda. Alimenta la desigualdad no solo económica, sino también emocional y cultural. Y eso es peligroso. Porque de esa rabia surgen discursos de odio, populismos, rupturas sociales.
La filosofía antigua, especialmente el estoicismo y ciertas corrientes cristianas, ya advertían sobre los peligros de la ostentación. Séneca escribió que el lujo no es una conquista, sino una esclavitud de lo superfluo. El verdadero poder radica en la sobriedad, en el uso razonable de los recursos, en la empatía activa, en el conocimiento, claro, tal vez ¿en ser fiel a uno mismo? El exceso no solo es inmoral en tiempos de miseria; es profundamente obsceno.
¿Qué debería escandalarnos?
Quizá no haya que culpar solo a Amazon o a los famosos invitados a la fiesta. El problema es más profundo. Hemos perdido el sentido del límite. Hemos permitido que el entretenimiento absorba el espacio público, el discurso político, el sentido del bien común.
Tal vez el verdadero escándalo no es el evento de Venecia, sino que ya no nos escandalice.
Porque en un mundo justo, un evento así debería avergonzar a quienes lo organizan. O al menos incomodar. Deberíamos exigir que quienes tienen el poder de crear cultura lo usen para visibilizar, no para distraer. Para encender luces donde hay oscuridad, no sobre los que ya brillan.
Rosa Amor del Olmo
Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.
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