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Mujer y política (1)


  • Escrito por Oscar Iglesias
  • Publicado en Opinión
(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

El 49,7 por ciento de las mujeres en España afirma que la política les interesa poco o nada. 15,7 puntos porcentuales más que los hombres que muestran poco o ningún interés, que se sitúa en el 34 por ciento. En cuanto a las mujeres que les interesa la política mucho o bastante, el porcentaje llega al 47,9 por ciento. 13,5 puntos porcentuales menos que los hombres, que se sitúan en el 61,4 por ciento, según la encuesta sobre Participación Política, realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) recientemente.

 

Estos datos muestran que persiste una brecha en el interés por la política entre mujeres y hombres. Muestran que persisten obstáculos estructurales y culturales que todavía dificultan la plena participación política de las mujeres. Pero también, que, si los ponemos en contexto, se constata que el interés de la mujer por la política y su participación en ella han avanzado en España desde la llegada de la democracia, donde se estableció la igualdad de todos los ciudadanos en el artículo 14 de la constitución.

Un avance, especialmente en las últimas décadas, gracias a las transformaciones que ha experimentado el país, al impulso de políticas de igualdad entre las mujeres y los hombres en todos los ámbitos, y al poder trasformador de un movimiento feminista cada vez más fuerte en la sociedad española.

Así, se ha pasado del 17 por ciento de mujeres que en el año 1985 afirmaban tener mucho o bastante interés por la política, al 47,9 por ciento actual. Y de un 77,5 por ciento de mujeres que decían que les interesaba poco o nada la política al 49,7 por ciento.

En una España, donde determinadas élites económicas, políticas, mediáticas y judiciales han decidido derribar a un gobierno elegido democráticamente por los ciudadanos, a través de una estrategia de crispación y de polarización donde todo vale para llegar otra vez al gobierno de España, es prioritario destacar la importancia del respeto de las opiniones discrepantes; lo decisivo que para nuestra libertad y bienestar es vivir en una democracia asentada; y aceptar que aunque hay distintas visiones para afrontar los retos que tenemos por delante, el diálogo y los acuerdos son determinantes en democracia.

El respeto a las opiniones de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras es un valor mayoritariamente compartido en la sociedad española, tanto por hombres como por mujeres. Concretamente, el 93,8 por ciento de los españoles están muy de acuerdo o de acuerdo con esta aptitud. Un 95,3 por ciento de mujeres y un 92 por ciento de hombres.

Una señal que refuerza el compromiso con el pluralismo de una sociedad que es diversa, y que evidencia, al mismo tiempo, el alejamiento que existe entre unos representados que creen en el respeto y unos representantes que están instalados en el insulto permanente. Si bien es cierto, que unos más que otros.

 

La democracia es un sistema político frágil que tenemos la obligación de cuidar entre todos los ciudadanos de manera activa. Más aún en momentos como el actual donde una ola reaccionaria recorre el mundo con la intención de reducir, cuando no acabar, con nuestra libertad y bienestar.

La falta de escrúpulos de estos populismos totalitarios, que nos pretenden dominar, los lleva a doparnos de desinformación y de bulos. Los lleva a anestesiar nuestra voluntad y hasta nuestra conciencia para hacernos creer que todo es por nuestro bien.

Hay que defender la democracia. Porque, aunque es decisivo que un 87,2 de los ciudadanos crean que la democracia puede tener problemas, pero siempre es preferible a cualquier otra forma de gobierno, hay que ser ciudadanos activos en esa defensa, porque lo demás ya no vale.

Y aquí, las mujeres lo tienen un poco más claro que los hombres, ya que para un 88,5 por ciento la democracia siempre es preferible, frente a un 85,9 por ciento de los hombres. Entre otras cosas, porque la democracia ha sido y tiene que seguir siendo en el futuro el espacio donde las mujeres han reivindicado y conseguido derechos y oportunidades que históricamente se las había negado. Y algunos les quieren volver a negar.

 

Ser activo para que la democracia cada día funcione mejor, significa tener claro que existen distintas visiones del mundo, que tienen que dialogar para ponerse de acuerdo. Las distintas ideologías, si son democráticas, enriquecen.

La demonización y estigmatización de las ideologías y de los representantes elegidos por los ciudadanos con el fin de sustituirlos por expertos es un grave problema para la democracia, y para nuestras vidas, que está calando poco a poco en la población de las sociedades democráticas.

Un 42,3 por ciento de los españoles están muy de acuerdo o de acuerdo con las ideologías políticas cada vez influyen menos en nuestra forma de pensar. Este porcentaje sube hasta el 46,1 por ciento en el caso de las mujeres, lo que puede significar algo positivo si está relacionado con una participación más trasversal, que va más allá de las estructuras tradicionales de participación.

Pero puede tener un componente negativo cuando lo que se cuestiona es la pluralidad existente en nuestras sociedades y va enlazada con el cuestionamiento de la propia representación, y su sustitución por unos expertos que son los que deben tomar las decisiones.

Es un tema serio cuando al preguntar a los españoles sobre quien debe tomar las decisiones políticas en un país como España, un 34,2 por ciento señala que las personas expertas en cada tema. Un 30,2 por ciento, los ciudadanos a través de referendos y consultas ciudadanas: Y un 29,5 por ciento, los representantes políticos elegidos en las urnas.

 

Pretender sustituir la representación y la deliberación pública por unos expertos, creyendo que los problemas políticos tienen soluciones técnicas objetivas, disfrazadas de racionalidad, no solo es una ilusión, sino que es peligroso porque convierte al ciudadano y sus representantes en meros espectadores.

Ciencia, sí. Expertos, también, para guiar a los ciudadanos y sus representantes en la deliberación democrática. Pero no, para ir hacia una tecnocracia, donde la voluntad de los ciudadanos sea algo irrelevante, y quien controla al experto y al algoritmo controla el futuro sin que nadie los haya elegido democráticamente para ello.

Hay que avanzar en democracia profundizando en el camino de libertad y de igualdad que supone. Aumentando la transparencia y la participación, la decisión y la gestión de los ciudadanos en los asuntos públicos. Y en este camino, la participación efectiva de la mujer en todos los ámbitos y en todas las instancias de toma de decisiones es determinante para tener una mejor democracia.

 

 

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