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Igualdad salarial, igualdad real


  • Escrito por Maru Menéndez
  • Publicado en Opinión
(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

El pasado 22 de febrero, Día para la Igualdad salarial, diversos informes y los datos oficiales nos demuestran que la brecha salarial se ha reducido desde 2018 en un 25%. Sin embargo, este significativo avance no debe esconder una situación inaceptable en torno a la brecha salarial entre hombres y mujeres. Según los datos de salarios de la Encuesta de Población Activa, en 2022, la diferencia salarial mensual bruta fue del 15,7%. Ciertamente, es la menor cifra de la serie histórica, lo que pone de manifiesto una verdad incuestionable, el evidente avance en materia de igualdad, pero también la urgente necesidad de continuar esa senda, hasta erradicar la discriminación de las mujeres en el ámbito laboral, social y cultural, que permita superar esa brecha de 4.341 euros anuales menos en los salarios de las mujeres trabajadoras, frente a los varones.

La desigualdad retributiva es un fenómeno estructural cuya superación requiere, por ende, de políticas y medidas, tanto específicas como transversales, en muy diversos ámbitos. El incremento del Salario Mínimo Interprofesional, que desde 2018 ha supuesto un 54%, elevándose hasta los actuales 1.134 euros, ha contribuido decisivamente a esa reducción de la brecha salarial, así como al avance en la superación de la pobreza laboral, dado que las perceptoras del SMI son mayoritariamente mujeres, y también personas jóvenes.

Los factores que inciden en la desigualdad salarial tienen que ver con situaciones de discriminación directa e indirecta, como bien señala la Declaración Institucional del Consejo de Ministros, la infravaloración del trabajo de las mujeres, la segregación ocupacional en el mercado laboral, la escasa presencia de mujeres en puestos de responsabilidad, las reducciones de jornadas por la asunción del peso de los cuidados en el entorno familiar por parte de las mujeres, y de manera muy significativa porque la contratación a tiempo parcial recae mayoritariamente sobre las mujeres.

Siete de cada diez personas que trabajan a tiempo parcial son mujeres. La parcialidad recae sobre todas las mujeres, independientemente de su situación familiar o de su edad, como pone de manifiesto el reciente estudio de ISEAK. Las mujeres que trabajan a tiempo parcial no lo hacen de manera voluntaria y mayoritariamente desearían un contrato laboral a jornada completa. El interesante estudio citado, pone de manifiesto que también la mayoría de las mujeres que trabajan a tiempo parcial por cuidados preferirían trabajar a jornada completa.

Las consecuencias de la desigualdad salarial a lo largo de la vida laboral suponen además que la pobreza en las edades avanzadas tenga también rostro de mujer. La brecha de género en las pensiones por jubilación alcanza un intolerable 33,75%.

En España, durante estos últimos cinco años, se han puesto en marcha medidas importantes como la reforma laboral, el incremento del SMI, las relacionadas con los registros retributivos, las medidas de apoyo a la conciliación, asegurando que no se penalice a las mujeres por hacer uso de los permisos existentes, al tiempo que se promueve una mayor corresponsabilidad en las tareas de los cuidados. Los nuevos derechos en el trabajo doméstico, que deben continuar su avance, así como también, el acceso a la transformación digital para las mujeres, o la aprobación de la Ley Orgánica de representación paritaria y presencia equilibrada de mujeres y hombres.

Como dice nuestra Ministra de Igualdad, Ana Redondo, “las mujeres no nos conformamos, queremos ir más allá, seguiremos rompiendo techos de cristal, brechas de género que todavía existen incluso en nuestras democracias avanzadas”.

Para ello es fundamental, en mi opinión, abordar a través del diálogo social y de la negociación colectiva, el fenómeno del trabajo a tiempo parcial, promoviendo la creación de empleo a tiempo completo. Igualmente, son decisivas las políticas y medidas para superar la segregación ocupacional por género, para ello la Educación y la Formación juegan papeles determinantes en la ruptura de sesgos y roles de género. La formación científica, tecnológica, en ingenierías y matemáticas viene a prevenir también la situación de parcialidad.

Ahora que nuestro mercado laboral cuenta ya con casi 10 millones de mujeres ocupadas, de las cuales el 82% tiene una relación laboral indefinida, es el momento para seguir avanzando decididamente en materia de igualdad.

Parece que nadie discute los avances logrados en materia de igualdad, de hecho se escuchan algunas voces que consideran que “hemos llegado demasiado lejos”, esto sí es un anacronismo preocupante, que no debe desviarnos en ningún momento de nuestro compromiso decidido por denunciar y trabajar para superar definitivamente las brechas de género, entre ellas, de manera determinante, la desigualdad salarial.

El próximo 8 de Marzo tenemos nuevamente motivos esenciales para participar activamente en las movilizaciones convocadas con motivo del Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, continuar aumentando la tasa de actividad de las mujeres, reducir la tasa de paro y de parcialidad laboral, y por supuesto seguir luchando frente a las violencias machistas, también para ello la igualdad salarial es muy relevante.