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Los intereses personales, ligados al ‘Procés’


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Son muchos, los que están descubriendo aspectos no conocidos del proceso independentista, a raíz de la tramitación de la Ley de amnistía. Quedan muchos días todavía, para verla aprobada y publicada, de forma que habrá tiempo para descubrir muchos más.

Lo que más sorprende, es la férrea defensa de la figura de Puigdemont. Los más fanáticos, ligan su suerte a la de Catalunya y su futuro. No, no, no confundamos los términos. En el relato se quiere vender la idea de que la tensión por conseguir una Ley “blindada”, se produce para garantizar que todos y cada uno de los encausados, pendientes de juicio, queden eximidos y libres de toda culpa.

Queda bien, para los no seguidores del proceso, en su día a día, pero la realidad pura y dura es el enorme pánico de Puigdemont de comparecer ante un tribunal y acabar en la cárcel. Lleva más de 6 años, como fugitivo de la Justicia, y le quedan 14, para quedar libre, por prescripción de los delitos. Esta perspectiva, es la que le mueve a exigir un “blindaje total” a su situación. La de los otros, solo son efectos colaterales. Se describen, para quedar bien, pero la realidad es la que es.

Y esta realidad se vio y comprobó en muchos momentos álgidos del proceso y el post proceso. Muchos de los protagonistas buscaban ventajas y aprovechamientos personales. Es la cara más obscena del proceso. Hacer proclamas contra la “pérfida España”, para, todo seguido, mirar qué provecho comercial, institucional o de partido, se podía conseguir.

Algunos de aquellos “iluminados” consiguieron contratos para sus empresas, otros colocaron a una hermana en un puesto de relieve en la estructura de la Generalitat, otros tuvieron cabida en las listas electorales en el Parlamento de Cataluña, en el Congreso, Senado o en el Parlamento Europeo, como diputados o como asesores. TV3, la televisión catalana, acogió a otros, sea en su seno, sea en forma de programas concretos, etc, etc.

Es triste constatar las miserias humanas, pero mucho más cuando van ligadas a grandes proclamas de mayores libertades y ansias de conformar un nuevo estado, con unos mimbres que solo ocultan, ambiciones personales, muchas de ellas de la más baja estofa.

En un pequeño país como el nuestro, nos conocemos casi todos. Al menos, todos los que nos movemos en el ámbito público, de manera que es muy difícil engañar, con grandes palabras y gestos. Todo lo que vimos durante los años del proceso fue mucha palabrería, muchos gestos y muy pocos hechos inteligentes. Tan pocos que resulta paradójico la facilidad de engaño que tiene mucha gente, ante propuestas que no tienen ni pies ni cabeza.

Creer que con simples acuerdos en un Parlamento regional, se podía decir adiós a un Estado, olvidando la composición real de Cataluña, con más del doble de ciudadanos contrarios a la independencia, ya demuestra la ignorancia e inconsciencia independentista.

Pero, todo esto, ya es historia. Lo que ahora ocurre es la voluntad de salir de la situación creada, propiciando una Ley de amnistía que resuelva el problema y permita normalizar el país: Cataluña, y con ella España. Este es el objetivo, pero para Junts, el objetivo es “blindar a Puigdemont”. Si el resto, queda dentro, vale, pero lo importante es la situación personal, vendida como institucional, en tanto que ex presidente.

No hace falta exponer cuan penoso nos resulta a la inmensa mayoría de catalanes, ver todo este circo, en torno a una persona que mostró cobardía y mediocridad en todas sus acciones y actuaciones. La apuesta, en la anterior legislatura, por los indultos, fue una buena decisión. También lo es, la Ley de amnistía, no, para resolver temas personales, sino de país. Necesitamos urgentemente volver a la normalidad y atrapar el tiempo perdido. Otros, están en otros objetivos.

 

Presidente del Consejo de la Federación XI del PSC-PSOE. Ex alcalde de Borredà ( Barcelona) y ex diputado del Parlament de Cataluña.