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Yolanda Díaz: La voz clara y desafiante en un Hemiciclo de estrategias tóxicas


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

Vinieron días marcados en la historia patria por sucesos resonantes, y aquella familia feliz discutía estos sucesos como los discutíamos todos. ¡El 3 de enero de 1874...! ¡El golpe de Estado de Pavía! No se hablaba de otra cosa, ni había nada mejor de qué hablar. Era grato al temperamento español un cambio teatral de instituciones, y volcar una situación como se vuelca un puchero electoral. Había estado admirablemente hecho, según don Baldomero, y el ejército había salvado una vez más a la desgraciada nación española. El consolidado había llegado a 11 y las acciones del Banco a 138. El crédito estaba hundido. La guerra y la anarquía no se acababan; habíamos llegado al período álgido del incendio, como decía Aparisi, y pronto, muy pronto, el que tuviera una peseta la enseñaría como cosa rara. Fortunata y Jacinta, Benito Pérez Galdós, 1885.

Cuando nos sumergimos en los anales de la historia parlamentaria, emerge un recuerdo de debates que iban más allá de las acaloradas disputas y se centraban en la elocuencia, la cortesía y la substancia. En aquellos días, el respeto entre los participantes era palpable. Los debates no eran campos de batalla, sino foros donde las ideas se presentaban con argumentos fundamentados y se discutían con respeto mutuo. La cortesía era la norma, y los ataques personales quedaban excluidos del escenario político.

La argumentación estaba respaldada por una sólida base de conocimiento y experiencia. Los políticos se esforzaban por presentar propuestas informadas, y la calidad de los debates estaba intrínsecamente ligada a la habilidad de los participantes para articular sus pensamientos con claridad y persuasión. El lenguaje era una herramienta afilada, pero su uso estaba dirigido a enriquecer la discusión, no a descalificar al oponente. Hoy, han demostrado que aunque viven del pueblo, se permiten el lujo de abandonar su puesto de trabajo. ¡Expulsado! Y punto, eso es lo que habría que hacer con ellos, como lo harían con cualquier trabajador que abandona el mismo.

La apertura al diálogo y la disposición a considerar puntos de vista divergentes eran fundamentales. Los políticos entendían que la democracia se nutre de la diversidad de opiniones y que la búsqueda de soluciones comunes era la esencia del servicio público. Nada, hoy, nada.

En el vibrante escenario político actual, donde las discordias y los silencios se entrelazan en una danza compleja, las figuras de Santiago Abascal, Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez ofrecen una panorámica intrigante. En medio de este tumulto, emerge como heroína Yolanda Díaz, quien con liderazgo, política y humanidad ha brillado con luz propia, desafiando las convenciones del machismo egocéntrico que a menudo domina el hemiciclo.

La atención mediática ha otorgado una relevancia desproporcionada estos días a los alborotadores quema contenedores y a jubilados fascistas trasnochados, presentándolos como representantes de la opinión pública. ¿No es acaso esto un desvío del contexto político y obrero real? Quizás se ha concedido demasiado espacio a estos personajes, transformándolos en estrellas de revistas de corazón. Esto se ha vuelto a ver durante el día de la investidura, con una Ayuso, insultando entre dientes y la carga de insultos y obscenidades del grupo de la derecha. ¡Una vergüenza! Estos, ya perdieron una oportunidad de haber podido gobernar si no se hubieran radicalizado y si se hubieran centrado en una derecha moderada, europea, que incluyera unos cuantos representantes para los ministerios de educación, cultura y sanidad, grandes escollos de sus inexistentes programas.

De 'Gentleman' a 'Golpes Bajos', la política en declive

Santiago Abascal, más allá de su papel como líder político, se convierte en un caso clínico que invita a reflexiones sobre la intersección entre la salud mental y la vida pública. ¿Son sus discordias simplemente diferencias ideológicas o señales de conflictos internos más profundos? Abascal ha tomado el escenario político para inventar leyes y bautizar acciones democráticas, comparándolas con eventos históricos, Feijóo ha permanecido en un segundo plano, pero no por ello menos influyente.

La reciente confrontación entre Sánchez y Abascal, marcada por rivalidades de patio de colegio, plantea preguntas sobre la verdadera naturaleza del debate político y la necesidad de centrarse en problemas reales en lugar de caer en provocaciones personales. Sánchez tenía que convencer y lo ha hecho, pero en medio de una nebulosa de ruido, de mal gusto, de gente que no nos representa, a mí, no.

En contraste, Alberto Núñez Feijóo, con su táctica silenciosa y la ausencia de un programa político sustancial, emerge como un actor enigmático en este escenario. ¿Es su estrategia de atacar constantemente a Sánchez un reflejo de un complejo de inferioridad y mal perder, o es una táctica calculada que le otorga influencia desde las sombras? En este duelo político, Sánchez se ha visto obligado a entrar al trapo del enfrentamiento personal, sumiéndose en el lamento de un patio de colegio donde Abascal y el grupo de la derecha coreaban sus provocaciones. ¿Ha sido esta dinámica de "tú y yo" la única opción viable, o se ha perdido la oportunidad de debatir sobre cuestiones políticas más relevantes y resolver problemas reales? La política, como sugiere la figura de Yolanda Díaz, debería ser un espacio para propuestas concretas y liderazgo claro.

Con gracia ha irrumpido nuestro Rufián que ha sido un protagonista activo en el Congreso de los Diputados. Su estilo parlamentario enérgico y apasionado, no teme nunca en expresar sus opiniones con franqueza.

En el debate de investidura de ayer, Rufián ha demostrado un buen manejo de la retórica, utilizando tanto la ironía como la argumentación lógica para hacer valer sus puntos de vista. Su habilidad para comunicar y persuadir ha consolidado su posición como uno de los líderes más influyentes de ERC. Aunque sus posturas políticas pueden ser controvertidas y reflejan la diversidad de opiniones en la política catalana, no se puede negar que Rufián ha desempeñado un papel relevante en el panorama político español. Su capacidad para destacar la importancia de la justicia social y sus esfuerzos para representar a los catalanes en el Congreso le han ganado tanto admiradores como críticos, pero su impacto en el debate político es innegable.

Yolanda Díaz, la heroína de esta narrativa, ha destacado por su liderazgo político que contrasta con las estrategias de sus egocentristas colegas masculinos. Su programa, narrado con firmeza y humanidad, se erige como un ejemplo de cómo la política puede ser sustancial y centrada en resolver problemas reales. En un hemiciclo a menudo dominado por el machismo egocéntrico, la inteligencia femenina de Díaz se alza como un faro de esperanza.

En este relato político, no podemos pasar por alto a Francina Armengol, presidenta del Congreso, cuyo papel ha sido destacado. Su capacidad para mantener un nivel alto en el debate político agrega un toque de inteligencia y perspicacia femenina que destaca en contraste con las dinámicas a veces infantiles del hemiciclo, por no denominarlas dinámicas de cárcel, especialmente en la intervención de Abascal, que ha sido como para llevarle al trullo directamente, Dios mediante.

En conclusión, entre discordias y silencios políticos, la figura de Yolanda Díaz se erige como la voz clara y valiente en medio del caos. Mientras hombres políticos se enzarzan en duelos verbales y estrategias elusivas, la inteligencia femenina de Díaz y Armengol destacan, sugiriendo que la política puede trascender las dinámicas de género y centrarse en la resolución de problemas reales. En un mundo político donde las voces masculinas a veces parecen opacar la sustancia, estas mujeres políticas se alzan como ejemplos inspiradores de liderazgo y enfoque centrado en la humanidad.

 

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.