Camus. No es no
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Opinión
Cuando abandoné la Facultad de Económicas de la Complutense en 1968, después de cinco años de estancia, salí con la cabeza embotada por dogmatismos, esencialismos, marxismo mal digerido, maoísmo, trotskismo… Un buen amigo, que me conocía bien, me recomendó que me leyera el libro de Albert Camus “L’homme révolté” (“El hombre rebelde”). Nunca se lo agradeceré bastante.
Cuando publicó ese libro, Camus no había cumplido aún los 38 años, pero ya tenía un lugar de privilegio, en la izquierda intelectual francesa. Había militado en la Resistencia, desde las páginas de “Combat”, publicación clandestina. La publicación de “La peste” lo había colocado en una posición infrecuente: tenía autoridad moral, sí, pero además ya era un novelista de éxito, una suerte de celebridad literaria. Era un hombre querido y respetado y, sin embargo, pocos días antes de que “L’homme révolté” saliera a la calle – nos recordaba el otro día Juan Gabriel Vásquez – Camus le dijo a su acompañante: “Déme la mano. Dentro de unos días, no habrá muchas personas que me la den”.
Tenía buena razones para pensarlo. En menos de trescientas páginas, su libro se atrevía a condenar a varias de las ortodoxias más testarudas, de su propio bando, y entre ellas, una en especial, la regla no escrita, de que para ser progresista fuera necesario, cerrar los ojos, ante los horrores del comunismo soviético. Alrededor del gran pope que era Jean-Paul Sartre, en su poltrona de la revista “Les Temps Modernes”, se hablaba muy en voz baja del “gulag”, y se consideraba que mencionar los excesos del régimen policial – la tortura y el asesinato, por ejemplo – era lo mismo que sabotear la Revolución.
Ya en la segunda página de “L’homme révolté”, nos topamos con esta frase: “no sabremos nada, mientras no sepamos si tenemos derecho a matar al otro, o de consentir que alguien lo mate”. Camus se pregunta, que es este “hombre rebelde”, del que se dispone a hablar, y acto seguido se contesta: “Es un hombre que dice no. Es el no del esclavo al opresor, del que sufre la invasión, al invasor, del que ya no está dispuesto a soportar más, los abusos de otro. Pero, se pregunta también Camus ¿en que momento este hombre rebelde, se convierte a su vez, en opresor de otro ser humano? ¿Cómo ocurre esta perversión, y que sistema de convicciones – que absolutismo ideológico – la justifica?
La reacción de “Les Temps Modernes”, fue aún más violenta de lo que él se esperaba. El triste autor de la crítica fue Francis Jeanson, que comenzaba reprochándole a Camus, el hecho de que su libro, hubiera sido bien recibido por los medios conservadores: “Si yo fuera Camus, creo que estaría preocupado”. A lo que Camus contestó, que la verdad de una idea, no se decide según lo que la derecha o la izquierda, quieran hacer con ella, y se declara harto de recibir lecciones, de los intelectuales burgueses, que quieren “purgar sus orígenes, al precio de violentar su inteligencia”. Sartre reaccionó con furia. Refiriéndose al gulag dijo: “Sí, Camus, como a usted, esos campos me parecen inadmisibles, pero tan inadmisibles como el uso que la prensa, llamada burguesa, hace de ellos cada día”.
Lo más importante para algunos como yo, es el uso de la palabra “tan” por parte de Sartre. Son sólo tres letras pequeñas, pero en ellas, estimo, vive toda una concepción del mundo. En otro momento, Sartre escribió: “Hay que aceptar muchas cosas, si se quiere cambiar algunas”.
En buena parte de su obra, pero especialmente en “L’homme révolté”, Camus se preguntó cuidadosamente, si eso sería cierto. Y entones dijo no. No es No.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.
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