La ridícula idea de no leer a Rosa Montero
- Escrito por Juan Antonio Tirado
- Publicado en Opinión
(A mi madre, que ha hecho camino al andar. In memoriam).
Era muy joven y ya tecleaba impetuosa en las viejas máquinas de escribir, en las que fabricaba las historias que luego lucirían a la sombra de los quioscos en flor. En sus primeros años profesionales dejó su impronta en publicaciones de entonces, como Posible, o en otras, como Fotogramas, de entonces y de ahora. El País, recién creado, fue la primera pasarela deluxe en la que puso palabras Rosa Montero. El periódico nació de pie y en seguida fue un papel altivo, como suele serlo aquello que alcanza en los primeros vuelos el reconocimiento general del público. En esas páginas bien trazadas y timbradas lucía Rosa con la natural frescura de una prosa modelada fuera del laboratorio de la escritura impostada, allá donde la vida se muestra en todo su esplendor y miseria.
Destacó desde sus comienzos en el género de las entrevistas en profundidad, largas conversaciones publicadas en el colorín del periódico. En esas hojas de color, todavía mate, Montero charló con gente variada a la que había alcanzado la calderilla de la popularidad, la fama y en ocasiones la gloria. Tipos como Luis Miguel Dominguín que, aunque lejos ya de los ruedos, no abandonaba su torería y los aires de macho envuelto en la leyenda de sonados romances, amén de su amistad con gente del régimen franquista y de antifranquistas míticos como Pablo Ruiz Picasso. Tuvo entrevistados políticos de gran alcance, como el imán Jomeini, con quien conversó en París, cuando el que acabaría rompiendo en sátrapa era una figura de referencia de la progresía internacional, que le bailaba el agua y le hacía genuflexiones. O Indira Gandhi, la primera ministra india, idealista y corrupta en la descripción de la periodista. En fin, decenas de entrevistas, como la que le hizo a Ana Belén, entonces conocida como “la musa del PC”.
La Transición, ese puente que hoy quieren volar los adanistas, fue un tiempo luminoso en la trayectoria profesional de Rosa Montero, a quien no le alcanzó con el periodismo y reservó sus mejores afanes a la literatura. Su primera novela tuvo una buena acogida de la crítica y sobre todo de los lectores. Llevaba por título Crónica del desamor y la recuerdo como una historia con tintes autobiográficos, llena de encanto, mucho alboroto de amores, frustrados o no, y bullicio de bares y noches interminables. Rosa ha seguido escribiendo novelas y ensayos, reportajes y artículos, y con sus obras completas hasta la fecha podría uno llenar una estantería de buenas prosas. Libros inclasificables como La loca de la casa. Lo cierto es que los inclasificables son los mejores suyos, o los que más me gustan a mí. Rosa, en el mentado La loca de la casa, y en otros dos libros, La ridícula idea de no volver a verte y El peligro de estar cuerda, juega con encanto e imaginación, y con temple de buena narradora, con historias reales que podrían ser inventadas o ficciones verosímilmente auténticas. Montero no corre peligro de cordura, ni hay que albergar sobre ella la ridícula idea de que pudiera agotársele la imaginación. Su escritura es joven, como su planta, que remite a una cincuentañera, cuando anda ya por las curvas de la setentena. Es mujer de distancias cortas, de una alegría juvenil y una risa y una voz frescas, como una rosa que no ha perdido el olor, ni la color, pese a las contrariedades y dolores que de natural arrastra cualquier vida. En su caso, la muerte le arrebató a su compañero de madurez, Pablo Lizcano, desgracia de la que se recompuso de la mejor y quizá la única forma que sabe hacerlo: convocando las palabras, escribiendo un libro hermoso y extraño, el ya mencionado, La ridícula idea de no volver a verte. A Rosa Montero la leo con deleite cada domingo en El País Semanal y espero sus libros como el agua que tan a tiempo ha caído este mes de mayo.
Juan Antonio Tirado
Juan Antonio Tirado, malagueño de la cosecha del 61, escribe en los periódicos desde antes de alcanzar la mayoría de edad, pero su vida profesional ha estado ligada especialmente a la radio y la televisión: primero en Radiocadena Española en Valladolid, y luego en Radio Nacional en Madrid. Desde 1998 forma parte de la plantilla de periodistas del programa de TVE “Informe Semanal”. Es autor de los libros “Lo tuyo no tiene nombre”, “Las noticias en el espejo” y “Siete caras de la Transición”. Aparte de la literatura, su afición más confesable es también una pasión: el Atlético de Madrid.
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