La pérfida Albión
- Escrito por Juan Antonio Tirado
- Publicado en Opinión
Hace 16 años, la España futbolera se levantó un domingo como este con mariposas en el estómago, ansiosa por que pasaran las horas y en Viena comenzara a rodar el balón. La España que jugaba ese día la final de la Eurocopa contra Alemania era una selección curtida en la derrota, un combinado que arrastraba una larga historia de fracasos. Parecía condenada a no pasar de cuartos de final en las grandes competiciones hasta que ese 2008, un hombre, Luis Aragonés, sabio por su patria chica, Hortaleza, armó una escuadra de jugadores bajitos y talentosos: la España de la idea, frente a la España de la furia, aquella apolillada etiqueta surgida en los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920, cuando el jugador del Athletic Belauste gritó: “A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo”. Sabino, que también jugaba en el Athletic, le pasó el balón a Belauste, que, en efecto, arrolló a tres jugadores suecos, a los que metió, junto al balón, en la portería. De esa leyenda de la furia, que acabó siendo negra, vivió España durante casi un siglo, con dos oasis en un desierto infinito, los famosos goles de Zarra a Inglaterra, en 1950, y el de Marcelino a Rusia en 1964.
Pero no hay mal que cien años dure, y en la primera década del XXI la selección entrenada por Luis Aragonés rompió el maleficio. La tarde del 29 de junio de 2008, estaba poniéndose el sol sobre el estadio Prater de Viena cuando el árbitro italiano Roberto Rosetti dio el pitido inicial. En el minuto 33, una pelota de Xavi al hueco posibilitó la arrancada vertiginosa de Fernando Torres que entre un defensa y el portero alemán marcó un gol para las antologías. Acababa la era de la pertinaz sequía y comenzaba la época feliz de la selección, culminada dos años después con el inolvidable Mundial de Suráfrica, con Vicente Del Bosque en el banquillo, y aun dos años más tarde con otra Eurocopa. Luego han venido años malos, pero ya sin los viejos complejos que lastraban a la selección apenas comenzaba un campeonato.
Este domingo de benditas pelotas, en que unas horas antes del partido de los de Luis de la Fuente, otro español, Carlos Alcaraz, buscará renovar la gloria en Wimbledon, la selección intentará conquistar su cuarta Eurocopa. Berlín, escenario mítico, bien vale un vals balompédico, un recital con el que soñamos los que hemos visto desplegar a España el mejor juego del campeonato, con dos extremos de fantasía que inauguran una época: Lamine Yamal y Nico Williams. Como dice muy razonada y razonablemente mi amigo Luis Muñoz Almagro, es más difícil ganar una Eurocopa que un Mundial, y a las pruebas hay que remitirse: si hoy vence España se habrá dejado en el camino a cuatro campeonas del Mundo: Italia, Alemania, Francia e Inglaterra. En el Mundial ganado en Suráfrica España solo tuvo que derrotar a una campeona del mundo: Alemania.
El partido de esta noche, aparte del propio intríngulis futbolístico, que es mucho y es lo más importante, se presta a viejas analogías y querellas históricas. En el territorio del puro fútbol, si durante años se dijo que este era un deporte que jugaban once contra once y en el que siempre ganaba Alemania, esa canción ha quedado demodé. España ha batido a los germanos en la final de la Eurocopa de 2008, en la semifinal del Mundial de 2010, y hace diez días en los cuartos de final de este europeo que se juega en la propia Alemania. En cuanto a Inglaterra, parte siempre con la aureola de ser la inventora del fútbol, aunque esa ideación no se ha traducido en muchos títulos: un Mundial y ningura Eurocopa. Durante las guerras napoleónicas se popularizó el término “pérfida Albión” para referirse a Inglaterra y ese fue el remoquete utilizado por Matías Prats en Radio Nacional al cantar el gol de Zarra a Inglaterra en el Mundial de Brasil de 1950. Esperemos que las perfidias, astucias y asechanzas de esta noche acaben con una victoria de la armada de Luis de la Fuente, olvidado el remoto naufragio de la de Álvaro de Bazán.
Juan Antonio Tirado
Juan Antonio Tirado, malagueño de la cosecha del 61, escribe en los periódicos desde antes de alcanzar la mayoría de edad, pero su vida profesional ha estado ligada especialmente a la radio y la televisión: primero en Radiocadena Española en Valladolid, y luego en Radio Nacional en Madrid. Desde 1998 forma parte de la plantilla de periodistas del programa de TVE “Informe Semanal”. Es autor de los libros “Lo tuyo no tiene nombre”, “Las noticias en el espejo” y “Siete caras de la Transición”. Aparte de la literatura, su afición más confesable es también una pasión: el Atlético de Madrid.