Katherine Mansfield. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Cultura
Con motivo del fallecimiento de su amiga Katherine Mansfield, Virginia Woolf escribió, que creía recordar dos cosas que nunca se habían dicho. A su parecer, cada vez que hablaban de libros – o mejor “de sus libros” – casi siempre llegaban a expresar ideas interesantes. Pero Katherine seguía siendo impenetrable. ¿Ella la quería? Al menos eso era lo que Katherine le decía, mientas la abrazaba, mirándole fijamente a los ojos - ¿soy demasiado sentimental se preguntaba Virginia? – como si Katherine le estuviera jurando, una fidelidad absoluta.
Me prometía que jamás, jamás, me olvidaría. Nos lo dijimos en nuestro último encuentro. Ella me dejaría leer su diario y, no cesaría nunca de escribirme. Declaramos que nuestra amistad era bien real, mirándonos fijamente a los ojos. Y que dicha amistad permanecería, pasara lo que pasara. Sin embargo – añadía Virginia – jamás recibí respuesta suya a mis cartas. Y, a pesar de ello, seguía teniendo la impresión, que su amistad seguía estando ahí. Que a ella le quedaban aún muchas cosas, que decirle sobre la escritura. Si hubiera estado en Paris, habría ido a verla. Ella se hubiera levantado lentamente de su mesa de escribir y, no les habría hecho falta más e tres minutos, para reanudar su conversación. Pero Virginia no dio al final ese paso.
Sus allegados, Murry, etc. las pequeñas mentiras, las traiciones, el doble juego… habían hecho estragos, en la substancia misma de su amistad. Sin embargo, Virginia seguía creyendo, que se volverían a ver al verano siguiente y, volverían a empezar. Pero Virginia estaba celosa del trabajo literario de Katherine, no sólo de su persona. Lo que hizo que se le hiciera difícil escribirle. Pues veía, seguramente a causa de sus celos, todos los rasgos de carácter, que no le gustaban de ella.
Durante dos días, tras el fallecimiento de Katherine, Virginia tuvo la sensación de haber envejecido, de haber sido despojada de las ganas de escribir. Pero muy pronto, ese sentimiento se fue borrando y, dejó de verla caída de su pedestal. Ya no le inspiraba más que piedad. Pero presentía, al mismo tiempo, que jamás la olvidaría. Ellas habían tenido, en el fondo, una cosa en común, que Virginia no encontraría en ninguna otra persona. Además ésta, no dejaba de interrogarse sobre su personalidad. Y pensaba que podría ser, que ella no hubiera tenido en cuenta, todo el alcance de sus sufrimientos físicos, ni de su responsabilidad en su amarga visión del mundo.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.