La moralización de la política
“La inquietud más viva del Partido Socialista fué la de depurar la política nacional. En el régimen monárquico, ser político era sinónimo de negociante y a veces de otras denominaciones más expresivas. De tal manera juzgaba el vulgo a todo aquel que intervenía en la vida pública. Y no le faltaba razón. El cargo público era gratuito, y sin embargo era ambicionado por tirios y troyanos. ¿Por qué? El vulgo veía además que el concejal, el diputado, en cuanto empezaba a actuar mejoraba de posición económica. Siendo el cargo gratuito, ¿a qué podía deberse? No a otra cosa que al soborno. El concejal y el diputado recibían gratificaciones de los gremios, de las contratas. Cada vez que se gestionaba una concesión de un gran negocio se establecía una prima para el gestor afortunado. Un simple traslado de un funcionario a un puesto de relieve valía miles de pesetas.
- Publicado en Déjà Vu