A ningún español que siga la vida política le habrá extrañado la provocación del presidente argentino Milei al presidente brasileño Lula en su propio país, en São Paulo. Los españoles hemos visto actuar a Milei en Madrid ofendiendo igualmente al presidente del Gobierno con el aplauso de la presidenta de la Comunidad de Madrid, que incluso le ha condecorado. En los anales históricos de la diplomacia no hay ejemplos de un jefe de Estado que se presenta en un país extranjero a apoyar a un partido de oposición al Gobierno de ese país y además injuria a los jefes de Estado o de Gobierno de ese mismo país. En realidad, esos incidentes ocurren porque los Gobiernos de los países de acogida han practicado con Milei una cortesía diplomática inadecuada para un personaje provocador, pues lo adecuado habría sido prohibir la entrada del presidente argentino. ¿Que esa prohibición provoca un conflicto diplomático? ¿Qué importa si se sabe que la actuación del argentino en el país receptor lo va a provocar también?