La ley y las servidumbres
Las leyes son la expresión de la sociedad en la que se producen. De hecho, sus representantes legislan para que esas pautas den respuesta a las necesidades de las personas. Al menos en democracia. Una ley jamás puede imponerse a la voluntad popular. Es decir que, por el contrario, deben convertirse en las reglas que acompañen al marco social en su evolución histórica. Por tanto, una ley no es inalterable. Siempre debe abrirse a la idea de ser una pauta inacabada. En desarrollo. Un instrumento para el perfeccionamiento de los individuos. En cambio, si las leyes sólo atienden a intereses particulares por encima de los generales, estamos en presencia de una cuestión de legitimidad. El derecho de la minoría debe protegerse, pero no a costa del perjuicio de las mayorías. Mucho menos, cuando entonces no representa ni resuelve las necesidades de las personas en su conjunto. No atender al interés general sería una legalidad ilegítima. En este sentido, cuando el poder legítimamente obtenido violenta posteriormente las leyes pierde, automáticamente, legitimidad.
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