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“Bienvenido, Mister Biden”


El presidente de los EE.UU., Joe Biden. El presidente de los EE.UU., Joe Biden.

Aprovecho el título de este artículo para recordar que este complejo 2021 es el año del centenario del nacimiento del irónico y divertido genio Luis García Berlanga. Hablaremos de él y lo recordaremos en más de una ocasión durante este año, la pérdida es que Luis no pueda realizar hoy una de sus magníficas sátiras sociales que retraten el mundo del siglo XXI.

Y, como no hay otro remedio, compartiré con ustedes mis simples reflexiones sobre Joe Biden.

Analizaba la semana pasada en esta revista mi compañero Juan Antonio Sacaluga, en un profundo artículo titulado: “La era de la incertidumbre”, las dificultades a las que se enfrenta Biden, las desconfianzas, las debilidades, la violencia agazapada, los graves problemas internos y la complejidad internacional de un mundo cambiante.

Termina su artículo con una certera frase: “Estados Unidos, en definitiva, ya no es el mismo. El mundo, tampoco”.

Así es, comparto su análisis y su preocupación, pero también debo reconocer que, frente al pesimismo de la razón, Biden ha despertado el optimismo de la voluntad. Porque es cierto que EE.UU no es el mismo, pero tampoco sería el mismo si al frente aún estuviera Trump. Y claramente las incertidumbres e inseguridades, que todo el mundo acumula, correrían el riesgo de convertirse en perversión y violencia en manos de Trump, tal como ya hemos visto.

Cuando se nombró a Biden como candidato, confieso que no me despertó ninguna ilusión. Miré alrededor preguntando si acaso no había alguien más. Sin embargo, hoy no pienso lo mismo. Y me alegra tanto saber que he podido confundirme, porque ello significa que todo no está perdido, y que quien hoy gobierna EE.UU (pese a todas sus dificultades, desgarros, polarizaciones, violencia soterrada, conflictos internacionales) tiene una nueva oportunidad para aportar soluciones positivas a una época realmente compleja.

Fue un gran acierto que Donald Trump no estuviera en la toma de posesión. Su mala educación, su arrogancia, su soberbia y su desplante antidemocrático han ayudado a borrar más rápidamente su presencia. Ya sé que no es así de fácil, pero al final, Trump ha sido su peor enemigo y el peor enemigo del republicanismo americano. Todavía queda mucha historia por escribir, pero me atrevería a decir que Trump ya es pasado, una pesadilla de la que hemos podido despertar. Otra cosa será la estela de odio que ha dejado detrás.

La entrada de Biden ha sido “revolucionaria”. Y destaco tres cuestiones: su imagen, sus medidas y su gobierno.

Paradójicamente, su imagen ha sido de lo más rupturista. Una imagen y un tono “presidencial” amable, pacífico, sosegado, tranquilo, moderado, prudente para removerlo todo y reorientar en 360º la política norteamericana, borrando de un plumazo el legado de Trump.

¡Qué falta hacía un presidente que estuviera en las antípodas del matonismo, el populismo, la violencia verbal, las mentiras intencionadas, y ese largo etcétera que supuso el inenarrable Trump!

La segunda cuestión fueron sus primeras medidas que también han supuesto un vuelco en la gestión anterior. Diametralmente opuestas, reconducen hacia la racionalidad, el progresismo, la colaboración exterior y la solidaridad interna a EE.UU.

Como señala Sacaluga, “Biden ha firmado un primer paquete de 17 órdenes ejecutivas y declaraciones presidenciales que revierten algunos de los desmanes de su antecesor, estructuradas en cinco paquetes: sanidad (medidas de urgencia para afrontar el COVID), inmigración (paralización del muro en la frontera sur, anulación de la deportación de menores, cancelación de la espera obligatoria de los centroamericanos en México, eliminación de los vetos de entrada a ciudadanos de países musulmanes), igualdad (directivas contra la discriminación racial), ecología (reincorporación al Acuerdo de París sobre el cambio climático, revocación del permiso de construcción del oleoducto Keystone XL ) y social (suspensión de desahucios y ejecución de hipotecas, moratoria en el pago de préstamos estudiantiles, etc)”.

Por cierto, una cantidad de medidas muy alta en comparación con Trump (firmó ocho) y Obama (firmó nueve).

A nivel interno, ya es obligatorio usar mascarilla, y la lucha contra la Covid-19 se convierte en una prioridad nacional, así como aquellas medidas sociales que ayuden a soportar la pandemia.

A nivel externo, sus primeras medidas son de colaboración y diálogo. EE.UU regresa al cuerdo de París sobre el cambio climático así como a la OMS; además de anular el muro de la vergüenza, más de 11 millones de indocumentados podrán solicitar la ciudadanía; y restaura las relaciones con la Autoridad Palestina.

Todavía es una incógnita saber cuál será su relación con América del Sur, pero, según los expertos, Biden es el presidente con más experiencia con América Latina, que entiende la región, que ha visitado mucho la zona, que comprende la importancia estratégica, y que seguramente será él mismo quien vaya marcando las líneas políticas.

En tercer lugar, su equipo de gobierno. Además de las medidas y las acciones, resultan importantes las personas que las ejecutan. Sobre todo, porque son la imagen y la voz de los cambios profundamente sociológicos de un país diverso, plural, y múltiple como EE.UU.

Es el gobierno más diverso de la historia; el primero con paridad de género. Menos de la mitad son de raza blanca y cuatro son latinos. Toda una revolución frente al supremacismo blanco de Trump y sus seguidores.

A ello hay que añadir su relación con Bernie Sanders, a punto de ser nombrado Secretario de Trabajo (parece que el mismo Sanders vio las dificultades internas de su nombramiento). No obstante, quien ha sido nombrado es Marty Walsh (alcalde de Boston), que concita el respaldo de los grandes sindicatos norteamericanos.

Lo que ha ocurrido con la llegada de Biden lo resume él mismo con una frase al presentar su nuevo Gabinete: “Como prometí, y he cumplido esa promesa, este es un Gabinete que representa cómo es Estados Unidos. Y aprovecha todo el abanico de potencial que tenemos en nuestra nación”.

En conclusión, la llegada de Biden supone entender la complejidad de nuestro mundo globalizado que se sustenta fundamentalmente en:

· Las convicciones democráticas que se defienden con el “logos” frente a la violencia, la polarización y las fake news.

· La cooperación internacional en todos los campos, primordialmente en cambio climático, salud y migración.

· Y la diversidad de los seres humanos, que nos lleva a un nuevo y satisfactorio mestizaje.

A partir de ahora, a todos aquellos que les gusta mirarse en el espejo de EE.UU, y que así lo han hecho durante su etapa negra, espero y deseo lo hagan ahora.

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