Cuando la política no es una cuestión de ideas sino de identidad
¿Por qué resulta tan difícil discrepar de la opinión del propio grupo político, hasta el punto de defender a veces lo indefendible? La psicología social revela que nuestras decisiones políticas están más guiadas por la identidad y la conformidad grupal que por las ideas, transformando el debate democrático en una confrontación de identidades.
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