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Igualdad


  • Escrito por Evaristo Bouzas Urrutia
  • Publicado en Déjà Vu
(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

«La distinción de clases que existe y la lucha que de ella se origina—dice Deville—no desaparecerán más que con la supresión de las desigualdades artificiales y mediante el reconocimiento de la igualdad social de todos ante los medios de desarrollo y de acción de las facultades musculares y cerebrales». En síntesis: la igualdad entre los hombres será una quimera no más, mientras subsista la propiedad privada de la tierra y de los instrumentos de trabajo, de la cual se deriva la desigualdad en el origen y en los medios.

Cuando los socialistas proclamamos la igualdad, queremos decir abolición de propiedad privada y libre desenvolvimiento del ser humano dentro de la comunidad social. Igualmente en el origen y medio de adquirir una instrucción general científica y tecnológica.

La desigualdad artificial que hoy reina entre los hombres determina el grado de medios con que cada uno cuenta para su desarrollo. El ser que al venir al mundo lo hace, como vulgarmente se dice, en buena cuna, sabe que tiene abierto ancho campo para adquirir sólida instrucción, medios y armas para la lucha por la vida.

El desgraciado que nace hijo de un obrero pobre, no puede tener más aspiración que la de ser un hombre más, condenado á la ignorancia y á la explotación. En la mayoría de los casos es la desigualdad en el origen lo que determina las distintas desigualdades de la vida.

Por eso cuando en nombre de la razón proclamamos lo necesario que es la igualdad para alcanzar la felicidad del género humano, se nos contesta que la igualdad es imposible.

Queréis, se nos dice, anular la iniciativa, el entusiasmo, el móvil del progreso desde el momento en que aspiráis á medir por un mismo rasero á todos los hombres. Por otra parte, vuestra aspiración no es justa, porque no todas las capacidades son iguales, ni las necesidades las mismas en todos los seres.

¿Habláis—les contestamos—de que con nuestra pretendida igualdad mataremos toda iniciativa, todo estímulo, todo progreso, cuando lo que pretendemos precisamente es abrir ancho campo de desenvolvimiento á los genios, hoy condenados á la obscuridad si su origen es humilde? Protestáis contra la igualdad, cuando en la desigualdad actual es donde se encuentra la causa del estancamiento de la ciencia, del arte, del progreso. Habláis de esa manera cuando observamos que todos los cerebros se desgastan en la incesante lucha por el vil metal, y que en esta lucha por la vida son los genios los condenados á la miseria, mientras triunfan los mediocres, dedicados al agio, á la explotación, á los negocios.

Los genios, para desenvolverse, para darse á conocer, necesitan dé una atmósfera de libertad, de un ambiente en el cual no sea el móvil del dinero lo que absorba todas las iniciativas, todas las energías. Y ese ambiente de libertad sólo podrá conseguirse cuando la igualdad impere.

Por otra parte, ¿acaso los que combaten al Socialismo tienen el verdadero concepto de igualdad? ¿No vemos todos los días cómo unos pretenden que nuestra igualdad es la repartición de bienes, y otros que la hegemonía absoluta del Estado anulando á los individuos y sometiéndolos á una reglamentación en todo, mil veces peor que la esclavitud, que la servidumbre y que el orden de cosas actual?

El Socialismo, decimos con Deville, “quiere la igualdad ante los medios de desarrollo y de acción, es decir, la igualdad del punto de partida. Mas esta igualad no implica, en ningún caso, ni la igualdad de movimientos, ni la igualdad en el punto de llegada. Al asegurar a todos los organismos humanos una parte igual de las posibilidades de educación y de ejercicio, lejos de realizar la uniformidad, el Socialismo hará brotar y acentuará las desigualdades naturales, musculares ó cerebrales”.

He aquí el verdadero concepto de la igualdad que los socialistas predicamos: igualdad en todo punto necesaria si queremos hacer una humanidad de seres á quienes no esté vedado el desarrollo de sus aptitudes, si queremos que los genios florezca al revés que en la sociedad presente, donde el triunfo no es para los más capaces y mejores, sino para los más ricos y más pillos.”

(Vida Socialista, número 118. 1912).


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