Las desmesuradas esperanzas
- Escrito por La redacción
- Publicado en Déjà Vu
“Una de las cosas con que tiene que luchar la República es la desproporción entre las desaforadas esperanzas de mejora inmedida que en muchos produjo el advenimiento del nuevo régimen y lo poco que razonablemente puede obtenerse. Razonablemente quiere decir en este caso sin producir serios quebrantos a la economía nacional, que es de donde, en fin de cuentas, van de salir todos los aumentos. El presupuesto del Estado, muy recargado, lucha para conseguir un equilibrio necesario para sanear nuestra moneda y normalizar nuestra economía. Las Empresas privadas atraviesan todas ellas una crisis, más o menos acentuada, nada propicia para exigirles nuevos dispendios. Y si esto es así, es menester habituarse a la idea de que los tiempos que corren son tiempos de sacrificios para todas las clases. Lo que el ministro de Obras Públicas les ha dicho a los ferroviarios puedo aplicarse con leves variantes a las demás ramas de la producción nacional. Ello será muy doloroso; pero no se puede afrontar la realidad con ilusiones, sino tomándola tal cual es.
Por lo demás, el mal np es exclusivo, ni mucho menos, de España. El mundo entero está atravesando una grave crisis, cuyo peso se hace sentir con más o menos dureza en todas partes. E incluso debe decirse que nuestro país no es, relativamente, de los peor tratados. Antes bien, los extranjeros que nos visitan encuentran que la vida en España es más soportable que en sus respectivos países. Ciertamente el nivel medio de vida era en España Inferior al de otros países. El español vivía en gran parte atenido a su sobriedad tradicional y prefería limitar sus necesidades a extremar su esfuerzo. Pero acaso por eso mismo sea entre nosotros menos sensible el descenso a las condiciones precarias en que vive en todas partes un buen núcleo de población.
El mal de los otros es flaco consuelo, pero sirve al menos para darse cuenta de que no procede de defectos o injusticias, sino que dimana de causas más generales y hondas. Los daños que hoy sufre España se padecen en otras partes, pero acentuados. Si aquí no es favorable la coyuntura para obtener aumentos de sueldos y salarios, en otros países no sólo no se suben, sino que se rebajan; si aquí hay algunos parados, en otras partes se cuentan por cientos de miles, y si una buena parte de la población vive con retribuciones notoriamente insuficientes, en otros países la miseria reinante es algo espantable. N1 las naciones de mayor prosperidad aparente, Estados Unidos, Francia, se salvan de esta crisis general. En tales condiciones, es menester que cada cual se resigne, en espera de tiempos mejores, y se dé cuenta que la situación será aún peor si la concesión inconsiderada de mejoras lleva a la ruina a una porción de Empresas que hoy se debaten penosamente para sortear la crisis.”
(Ahora, 30 de diciembre de 1931).