Trumpismo, desigualdad y el derrumbe de la democracia
- Escrito por Andrés Cascio
- Publicado en Tribuna Libre
“Mentir constantemente no tiene como objetivo
Hacer que la gente crea una mentira, sino
Garantizar que ya nadie crea nada.
Un pueblo que ya no puede distinguir entre
La verdad y la mentira
No puede distinguir entre el bien y el mal.
Y un pueblo así, privado del poder de pensar y
Juzgar, esta sin saberlo, ni quererlo
Completamente sometido al imperio de la mentira.
Con gente así, puedes hacer lo que quieras”.
Hannah Arendt
Historiadora y filosofa alemana
El crecimiento económico de China, India y otros estados industrializados que, con su desarrollo, y en el contexto de la globalización, amenazan el equilibrio geopolítico dominado hasta ahora por los EE.UU., junto al afianzamiento de la autocracia de Rusia, que ha conseguido impulsar al país como la decimoprimera economía mundial, a pesar de estar involucrada en un conflicto bélico, que sangra financieramente a sus arcas.
El posicionamiento de Israel en medio Oriente y la amenaza de la desaparición permanente de Palestina, la frontera caliente en el este de la OTAN y la situación alegal de Taiwán, respaldada por EE.UU. y en su conjunto y por último el debilitamiento del sistema democrático a nivel global, constituyen un síndrome de asfixia política y de colapso con pronóstico reservado. La mitad de los gobiernos democráticos del mundo están en declive, socavados por problemas que van desde las restricciones de los derechos civiles, a la libertad de expresión, la manipulación informativa, hasta la desconfianza en la legitimidad de las elecciones, según manifiesta un nuevo informe de la organización intergubernamental, Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral, con sede en Estocolmo (IDEA Internacional).
El declive de la democracia global incluye el sometimiento a una ignorancia generalizada, métodos de valoración de los escrutinios electorales no ajustados a la voluntad ciudadana, (sistemas complicados de reparto electoral, no conformes al principio un ciudadano/a un voto), restricciones a las libertades y derechos en línea, desilusión de los jóvenes con los partidos políticos, líderes inaccesibles, la corrupción constante que pudre los cimientos de los estados de derecho, la percepción de alejamiento de los gobiernos de la población y especialmente la carencia de educación cívica y de la gobernanza, que provoca desaliento y falta de credibilidad, en definitiva, en la democracia y muy especialmente la impregnación de bulos y mentiras que siembran desinformación e intoxican a la opinión pública.
Estos factores definen un panorama geopolítico que se inclina hacia fórmulas de gobernanza peligrosamente activas en el marco de la neo-ultraderecha.
El triunfo de Trump- Make América Great Again, que incluso mantiene al Partido Republicano en el sótano del establishment, el anarcocapitalismo de Milei, el populismo a la brasilera de Bolsonaro y el avance incontenible de la neo-ultraderecha en toda Europa, como se ha podido observar en Francia en las últimas elecciones, en Italia, Países Bajos, Hungría, Austria y su posicionamiento en casi todos los demás estados de la UE, dibujan un panorama desolador, que pone de manifiesto, una de las mayores crisis sistémicas vistas a lo largo de la historia y en el momento preciso del cambio de era, la edad post contemporánea se presenta convulsa y presagia un cambio incierto para la estabilidad, el equilibrio, la justicia y la paz del siglo XXI.
La privatización del poder político enmascara un peligroso contenido de regresión para las libertades públicas, la compra de posiciones favorables a las decisiones para la gobernanza, que presuntamente es la apuesta de Elon Musk, un sudafricano, que creció y se educó en su infancia en la zona blanca del apartheid, para la obtención de prebendas en los proyectos tecnológicos que él lidera, y que presuntivamente, constituye una amenaza para la desestabilización de la igualdad y un fraude a la ciudadanía, aunque amparado o enmascarado en una legalidad democrática.
Los miembros, que podrían, tal vez, formar parte de la gestión de los distintos departamentos del gobierno que EE.UU. echará a andar en el 2025, presentan una historia de vida, que da la espalda a algunos de los principios fundacionales del llamado “país de las libertades” y claramente sus ideas son contrarias a todas las declaraciones universales promulgadas para la defensa de los derechos humanos.
El combate para la destrucción del andamiaje construido para alcanzar una sociedad más libre e igualitaria desde 1776 y el derrocamiento de los principios validados en 1789, en Paris, cuando la revolución marcó el hito para el traspaso a lo que hemos dado en llamar sistema democrático, empieza a perder las batallas.
Por aquel entonces Rousseau, padre y autor del contrato social, partió del principio de que para vivir en una sociedad más justa el ser humano tiene que vivir conforme a un compromiso con la sociedad en plano de igualdad y justicia. En otras palabras, no corromperse ni ser un individualista.
A mediados del siglo XIX, sin embargo, se podía constatar que la burguesía, embrión del capitalismo, se encumbraba haciendo un uso mezquino de los principios republicanos de igualdad, libertad, fraternidad y justicia; Friedrich Engels y Karl Marx, denuncian la explotación de los trabajadores por parte de los que acopian el capital; sentencia racional que ya había dejado sentado Piotr Kropotkin, que aseguraba, que era necesario alcanzar una sociedad que se dirija exclusivamente por el principio de la ayuda mutua y la cooperación, y que sin embargo, todo el esfuerzo parece haberse consumido, como quien lucha inútilmente por obtener agua en el desierto.
Los hombres y mujeres que ofrecieron su lucha y su talento, en estos 250 años de historia, han sido superados por la ignorancia, en gran medida fomentada por la manipulación de la información, hábilmente manejada por el capitalismo y por una formación sesgada, dogmática y acorde con los intereses de aquellos que componen la estructura dominante y los que se encuentran entre el 1,5% de los poseedores de la mayor parte de la riqueza del mundo.
Tras el fracaso de la implementación del comunismo como sistema que asegurara la igualdad y la justicia, el sistema democrático que pervivía en occidente, al amparo del capitalismo de los EE.UU., ( el 9 de noviembre de 1989 Alemania dejo de ser una economía social de mercado y paso a ser una economía liberal), como potencia y las potencias subsidiarias, especialmente europeas, involucradas en la socialdemocracia, vista como escudo protector ante la amenaza comunista; vio desde entonces el camino despejado para el desarrollo de un capitalismo salvaje, denominado eufemísticamente neoliberalismo, que avanza enarbolando la bandera de la neo-ultraderecha heredera de los totalitarismos nacionalistas del siglo XX.
A nivel global, se observan indicios dirigidos a la desestabilización social y económica en algunos territorios, el fomento de la desigualdad y con ello, la amenaza de romper los consensos y los esfuerzos por aglutinar fórmulas de unión, de cooperación y de progreso, que permitan el equilibrio armónico y un desarrollo uniforme a nivel mundial, desde la igualdad y con el objetivo de alcanzar algún día, extinguir del planeta cualquier territorio, nación o estado sumergido en la pobreza, en un planeta limpio y sin miseria, un mundo más justo.
Para ello la única consigna es trabajar para la igualdad: “El camino hacia la igualdad es fruto de luchas y rebeliones contra la injusticia, y resultado de un proceso de aprendizaje de medidas institucionales y sistemas legales, sociales, fiscales y educativos que nos permitan hacer de la igualdad una realidad duradera. Desafortunadamente, este proceso a menudo se ve debilitado por la amnesia histórica, el nacionalismo intelectual y la compartimentación del conocimiento” Thomas Piketty.
La desregulación económica, las políticas proteccionistas, los nacionalismos excluyentes, las fronteras nacionalistas que levantan muros, bien sean estos de cemento y/o alambradas de espinos o de vallas electrificadas o bien y aún peor, los muros de ideas, alimentando diferencias, marginación y desigualdad y por último y por ello no menos importante, el fomento de una industria armamentística para el continuo y sostenido avance hacia los mecanismos de destrucción y sometimiento, constituyen hoy, un movimiento global proclive al derrumbe del sistema donde se asiente la democracia.
El pronóstico oscuro para los años venideros, nos hacen percibir, una quiebra en la convivencia, acompañada de desajustes sociales, coartación de la libertad y un cambio de era, que tal vez no sea solamente un cambio de paradigmas, sino, tal vez recrear en un nuevo tiempo, el paraíso perdido de Milton o nos conduzca a la irresistible atracción del infierno de Dante.
No se puede perder más tiempo,
Mañana es una mentira piadosa que esgrimen las voluntades moribundas.
Andrés Cascio
Andrés Cascio, Doctor, Psicólogo Social, Conferenciante y articulista. Profesor retirado de la Universidad de Barcelona, ha sido experto internacional y Catedrático de la Escuela de Especialización de la O.E.A. (Panamá) Director de Proyectos de UNICEF (Panamá) 1976 y del Fondo Social Europeo. 1990. Profesor invitado de distintas Universidades y Escuelas de Negocios de España e instituciones de altos estudios y América Latina. Presidente Club de Opinión Liber Cogitatio. Co director de la Revista Suum Cuique Ius. SCME.
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