El mundo en crisis por el capitalismo, no a la inversa
- Escrito por Christian Mingorance Gijón
- Publicado en Tribuna Libre
El mundo en crisis por el capitalismo, no a la inversa. Un mundo en guerra, en tensión y en peligro de extinción. Fábricas enriqueciendo a empresas multimillonarias con la manufactura de niños, mujeres y hombres esclavos. Vertidos tóxicos en los mares, océanos y ríos que perjudican la salud del planeta. Guerras que sirven como negocio a las grandes potencias con el desarrollo de la industria armamentística. Políticos corruptos que con poca generosidad reparten lo de todos a los suyos.
En una época de avance, (des)evolución. Sí, qué irónico el siglo XXI.
Hoy tenemos la oportunidad de conocer, aprender y leer, pero nos quedamos en el título y en la portada. Es curioso desde mi perspectiva ver la llegada de las futuras generaciones. Yo, que aún me considero joven, auguro con cierto pesimismo el avance. ¿Avanzar hacia dónde?
Cuando imagino un mundo predemocrático con las historias plasmadas en las obras de diferentes autores y autoras, me hace pensar que la comodidad nos ha hecho perezosos, pasivos e irresponsables. En la actualidad, ya no vivimos en una dictadura, vivimos en una democracia, no en una plena, diría que un tanto defectiva, pero democracia. Y esto creo que a mi parecer es lo que nos ha confundido. Sí, en cierto modo somos libres, ya no existe el miedo a ser torturados o fusilados. Sin embargo, somos presos del consumo y tenemos como verdugo al salario en la guillotina del sistema. El sistema quiere permanecer a toda costa, cueste lo que cueste -nunca mejor dicho-. Me resulta un tanto irrisorio y en cierto modo me enerva la teoría populariza del mundo del marketing empresarial. Sí, esa historia de crear una necesidad al posible comprador. El sistema crea necesidades, pero como una especie de drogodependencia empezará por algo suave, algo blando y acabará desarrollando un modelo tecnológico que mediante algoritmos genere más necesidades constantemente. Y mientras todo este proceso se produce, las producciones aumentan, las exportaciones se masifican, los recursos se desvanecen y nosotros, bueno, felices con un nuevo objeto inservible para añadir a la colección.
Hace unos días, ojeando Internet me encontré con un video de una ex política a la que no voy a hacer mención en el presente texto. En este video debatía y exponía de manera heroica la importancia de romper con el mito de que la izquierda no podía tener un IPhone. Obviamente, mi frustración no iba en relación con que la gente de izquierdas pudiera tener uno o no, sino por la puesta en escena de estas banalidades. Viendo que estos dispositivos móviles oscilan en torno a las cuatro cifras, me pregunto si de verdad esto es lo que más le preocupa a la izquierda real. Quizá, lo que realmente se pretende es que mejore la condición de la clase obrera, que tengan un sueldo digno e igualitario y que los ricos dejen de ser tan ricos y los pobres tan pobres. En definitiva, que todos tengamos la posibilidad de adquirir un IPhone. Aunque sinceramente, no creo que la izquierda real este muy a favor de Apple, ya que la izquierda real no está a favor de la explotación del trabajo de mineros y niños en condiciones infrahumanas en las minas de cobalto, entre otros. Pero sí, está es la izquierda mainstream, esta es la nueva revolución, la revolución del finito, una revolución que empieza acabada.
Hace unas semanas, escuchaba a Lidia Falcón y me habló de la transformación, más concretamente del olvido de esta. Me hizo reflexionar. Ya no queremos transformar la sociedad, queremos perpetuarnos en el sistema y sacar lo máximo de él, sin pensar que ocurre exactamente, al contrario, el sistema saca lo máximo de nosotros. Sí, la mayoría de la población española pertenece a la clase obrera. Somos engañados constantemente por la ideología dominante y eso es evidente. Las diferencias de clase aumentan, estirando tanto su categorización de: media, media-baja, baja, baja-baja, baja-baja-plus, obviando que, en definitiva, se da una relación de dominantes y dominados.
Por otro lado, los jóvenes, esos que he mencionado con anterioridad. Generaciones vacías, moldeadas en un sistema de consumo, del fast-fashion y con cada vez más pensamientos que niegan la igualdad entre sexos. Eso es lo que le interesa al sistema. Del mismo modo, encontramos a los testarudos que, a pesar de tener las manos destrozadas y morir en el mismo lugar donde nacieron, siguen creyendo en la meritocracia.
Disculpen, el mundo está débil y el capitalismo más fuerte.