La humanidad amenazada ante la nueva era
- Escrito por Andrés Cascio
- Publicado en Tribuna Libre
El auge de la extrema derecha del siglo XXI es un hecho innegable en el panorama sociopolítico actual. El sociólogo y analista, Noam Chomsky, no solo ha criticado este incremento, sino que lo ha relacionado acertadamente, con el neocapitalismo extremo, el neoliberalismo y con los medios de comunicación afines y que son muchos y están en manos de los poderes económicos -según las teorías de Chomsky - tienen un gran impacto sobre la opinión pública, y en la conformación de la imagen colectiva de lo que está siendo ese auge de extrema derecha con particularidades propias de nuestra era post contemporánea, tecnológica y de espaldas al pensamiento humanista o ilustrado de anteriores centurias.
La caída del Estado del Bienestar, fechada en 2008 por autores como Fontana, (2011), o Galbrith, (2010), pero que sin embargo y a mi juicio, comenzó en 1989, por citar una fecha emblemática, con la caída del muro de Berlín. La amenaza comunista había cedido terreno al capitalismo y ya no era necesario mantener las ventajas de la socialdemocracia, desde ese momento, comienza el cercenamiento de los avances y las conquistas sociales, ya no hay otra alternativa.
El poder económico se hace más poderoso, dominante, cruel y se pertrecha y parapeta detrás de las nuevas tecnologías, los ciudadanos, son vistos exclusivamente como recursos a utilizar y a los que se les puede ofrecer lo necesario para una vida cómoda y mediocre, pero, con las armas de la comunicación de masas, será observada por esos ciudadanos/as como satisfactoria.
Las nuevas generaciones, irán percibiendo de manera paulatina la sociedad, como un simple instrumento, donde prevalece el sentido económico de la vida por encima de la libertad, y como sin igualdad es difícil concebir la libertad, también sin ella, sin igualdad.
Ahora habrá que luchar mucho más por la igualdad y ésta será suplantada por la superficialidad, la mediocridad vestida de consumismo, libertinaje y un ocio excesivo que actúa como opiáceo.
Las ideologías en desaparición, el pensamiento crítico sustituido en parte por comodidad, orden y una falsa seguridad, revelan y reviven los nacionalismos proteccionistas y se incrementan las guerras de religión, se abren paso los conflictos por la obtención de los nuevos minerales útiles para las nuevas tecnologías y las explotaciones de poblaciones y territorios antes ignorados y ahora, sometidos a un nuevo estilo de esclavitud donde los niños son las mayores víctimas.
“La democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás»
Winston Churchill
A todo ello, en cualquier caso, ha contribuido el paulatino desinterés por el espacio público y los recursos comunes en la sociedad, que van siendo sustituidos paulatinamente por un individualismo extremo, I first.
La ciudadanía ha avanzado hacia una pérdida de confianza en el actual sistema político democrático y, por tanto, facilita el ascenso de partidos totalitaristas. Es cierto, que muchos de estos partidos ya estaban configurados desde hacía décadas, pero, ahora, su porcentaje de votos comienza a superar la única cifra porcentual cuando no marginal, que conseguían en el pasado.
El descontento, la desilusión y la desmotivación ciudadana hacia las élites gobernantes, se asientan como característica de la personalidad social de la civilización del primer mundo.
Así mismo, existen grupos sociales que no se sienten representados por esa cúpula de poder gubernamental, lo que lleva a buscar otras agrupaciones donde sí vean sus intereses representados y sanan su conciencia con alguna pequeña contribución o un acercamiento a alguna ONG.
Es aquí donde el populismo vuelve a jugar un papel fundamental, al tener la capacidad de focalizar la rabia ciudadana y manipularla para lograr intereses partidistas, a través de argumentos que carecen de racionalidad.
En los Estados Unidos se ha comenzado a hablar de un endurecimiento del conservadurismo social y neoliberalismo económico de los conservadores norteamericanos. En definitiva, una verdadera radiografía de todas las agrupaciones de extrema derecha o del mal llamado “populismo de derechas” en Europa.
Para Chomsky, el fascismo como ideología murió en Europa después de la Guerra Fría. En su lugar, se alzó un enemigo que utilizaba los medios de comunicación como herramienta de control (lo que no quiere decir que antes no hubiera cierta propaganda o control) y manipular a los grandes comunicadores sociales en su favor, comunicadores reunidos dentro de las iglesias o templos, dentro de centros de educación privados, la implementación de nuevos usos y costumbres que conducen en su conjunto, a una fuerza para potenciar el capitalismo hasta deshumanizarlo.
“La extrema derecha está dejando de raparse la cabeza y cada vez emplea menos el saludo romano; ahora se pone traje y corbata, y, junto al emoji de carita sonriente y el de la taza de café, continúa la cadena de fakenews y comparte los titulares con mayor clickbait que le han llegado a través de sus redes sociales para dar los buenos días. Aunque aquella resulta clara y llanamente amenazadora, la nueva versión encierra peligros que pasan fácilmente inadvertidos”. Disfrazada de democrática, la extrema derecha no solo ha entrado en las instituciones y comienza a tener un mayor peso, sino que pulula por internet y gangrena las redes sociales –normalizando así su discurso e ideología– para corroer la democracia desde dentro. Ultraderecha 2.0 Steven Forti
En las últimas décadas los partidos de extrema derecha en Europa han alcanzado un significativo apoyo electoral y una creciente institucionalización política, como lo demuestra la trayectoria de partidos como el Frente Nacional (FN), francés; el Freiheitliche Partei Österreichs (FPÖ), austriaco; el Prawo i Sprawiedliwość (PiS), polaco y Vox, en España, y la victoria del Partido por la Libertad (PVV) de Geert Wilders en las elecciones generales, en los Países Bajos; el partido “Queremos recuperar nuestro país” (UKIP, Reino Unido) y la última guinda en América latina, La libertad Avanza en Argentina, con Javier Milei, como nuevo líder.
Mientras Donald Trump espera dar un nuevo salto al poder en Estados Unidos y Jair Bolsonaro espera en Brasil, para comenzar el contrataque y o la AFD en Alemania y VOX en España, que amenazan con participar en gobiernos o, al menos, con condicionar la gobernabilidad.
“El ultraderechismo no cuenta con un concepto ideológico homogéneo, tampoco hay una definición uniforme para el término”, escribe Gabriele Nandlinger, periodista especializada en extremismos derechistas del portal alemán, Blick nach Rechts “Por lo general, los ultraderechistas rechazan el orden democrático y liberal -incluso a través del uso de la violencia- y quieren construir un sistema estatal autoritario o incluso totalitario, en el que una ideología nacionalista, machista y racista, debería servir de base para el orden social”.
Y en este punto me asalta la pregunta de si la autocracia de mano de hierro del Kremlin no habría que enmarcarla también, dentro de un capitalismo extremo, nacionalista e imperialista a imagen y semejanza del comunismo de mercado y de partido único de China.
Todos ellos buscan cobijarse mediante la justificación, que, de algún modo, puede ser cierta, que hay populismos de izquierdas, como la teocracia de Irán, el Chavismo de Venezuela, pero ¿no es acaso producto de la rueda del mismo molino?, diferente, sí, pero alejado ciertamente de la democracia, el racionalismo, la equitatividad, la justicia social igualitaria y sobre todo de la libertad.
Frente a los nuevos paradigmas de la nueva centuria solo existe una manera de hacer frente a semejante amenaza a los derechos civiles, a los derechos humanos y a los derechos del ciudadano/a, y al despojo de los avances sociales, que tanto costo obtener desde la independencia de los Estados Unidos y de la Revolución Francesa y del alto coste que representó en el siglo XX y esto es, la defensa de los estados social y de derechos, la democracia progresista, la implementación de la obligación del respeto humanitario internacional y el combate contra la ignorancia, la desigualdad en toda su dimensión, y esto solo es posible si se hace sin distinción de raza, sexo o condición social.
No es momento de rendirse y hacer uso de la ceguera social y de borrar la memoria de la historia, ello solo nos conduciría a una nueva forma de feudalismo tecnológico propio del siglo XXI. Tenemos que mantenernos alertas contra los nacionalismos excluyentes, cualquier tipo de discriminación y concebir una ciudadanía dentro de la concepción de una dimensión universal y única de toda la humanidad.
Andrés Cascio
Andrés Cascio, Doctor, Psicólogo Social, Conferenciante y articulista. Profesor retirado de la Universidad de Barcelona, ha sido experto internacional y Catedrático de la Escuela de Especialización de la O.E.A. (Panamá) Director de Proyectos de UNICEF (Panamá) 1976 y del Fondo Social Europeo. 1990. Profesor invitado de distintas Universidades y Escuelas de Negocios de España e instituciones de altos estudios y América Latina. Presidente Club de Opinión Liber Cogitatio. Co director de la Revista Suum Cuique Ius. SCME.
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