Verano azul Mahón
- Escrito por Emilio Meseguer
- Publicado en Tribuna Libre
Hace pocas fechas comprobamos en vivo y en directo como el nombre de una mítica serie de Televisión Española, pasaba a formar parte de una campaña política. Un político rodeado de sombrillas y arena con una bella fotografía de fondo que nos hacía recordar el mar.
Era un aviso para navegantes, sin duda, a partir de la idea que proyecta ese anuncio nos dejaba ver el tipo de azul del que se iba a teñir España, la división se convertía en multiplicación azul, el viejo y rancio azul Mahón, con un fondo de Montañas Nevadas y rememorando la faz a levante con el polo nuevo y de marca. Eso, para muchos, implica algo malo, el clásico golpe de calor con una duración mínima de cuatro años. Una auténtica agonía muy difícil de combatir.
Pensé en lo que esto implicaba, no lo voy a repetir todo, pero habría muchos retrocesos sociales y económicos para l@s trabajador@s y para las poco lustrosas pensiones.
Amigables personas de toda la vida, ante lo que vino en mayo y lo que creen que llegará en julio, han decidido hacer el petate, poner los pies en polvorosa y marcharse a pueblos de provincias limítrofes a la capital: Segovia, Guadalajara, Ávila. Han visto en la España despoblada la forma de que no incida directamente las agrias políticas que vienen. Están convencidos del retroceso y no quieren ser nuevamente manipulados y ninguneados. Quieren dejar de ser títeres exentos de derechos sociales y civiles, en lugares como Carrascosa de Henares, un pueblo que no es pueblo, que solo llega a pedanía, donde solo hay un bar, es el refugio ideal para vivir y pensar en otras cosas: Chimenea y buenos libros, ya que, al final, con estas políticas de desigualdad el alcalde de la capital del reino y la presidenta de la CM, serán los que gobiernen a los funcionarios de la Administración General del Estado, del ayuntamiento y de la CM y poco más, que es lo que se merecen y están consiguiendo. Algo parecido sucederá en otros lugares, seguro.
A casi todas ellas y ellos, los que han montado el campamento lejos y se han autoexiliado, les costó muchas lágrimas, muchos disgustos y mucho tiempo el poder conseguir los derechos sociales, culturales, civiles y económicos, para ellos, claro está, y para los que llegaran después. Pero las personas que han llegado están a otras cosas, a otros cantares y a pocas causas.
A mí, que siempre estoy dándole vueltas a la cabeza, soy un empresario frustrado, qué le vamos a hacer, se me ha ocurrido montar una fábrica de conservas.
Sí, tal como está el patio, vamos a tener que mandar a conservar nuestro legado social, principios y derechos… Como estará prohibidísimo eso de la memoria histórica y como por la edad se nos van escapando los recuerdos, pues sería necesario para muchos, vital para otros, el poder conservar esos recuerdos, esos magníficos recuerdos de lo que fue España durante unos años. Un gobierno que surgió tras un anterior gobierno lleno de escándalos inconfesables y en pocos años comenzó a relanzar el país y a proyectar su criterio fuera de nuestras fronteras, a pesar de pandemias, volcanes y guerras comprometidas.
Las conservas de mejoras sociales, principios de equidad y derechos civiles podrían ser consumidas en festividades de alto copete, cumpleaños y días extraordinarios, pero sin alharacas, para no despertar a la policía patriótica.
Serían productos considerados como Km O, sí, de esos que no alteran el “miedo ambiente” y tampoco el M.A.
También, las instrucciones de uso recomendarían que solo fueran utilizadas las conservas en personas que deseen un futuro social, cultural, civil…, sin sesgos, unos derechos firmes, sin acceso a la poltrona y a mirar para otro lado.
No se recomendarían estas conservas a los ultramontanos carpetovetónicos, alejados de los principios de igualdad, libertad y empatía, y cercanos al abuso del ordeno y mando, ya que su consumo les podría producir eccemas y frenaría el edema crónico de meninges.
Mi amiga, la que se ha ido a Carrascosa de Henares, ha tenido otra idea; el hacer quesos. Dice que, tras ordeñar las esencias procedentes del librepensamiento organizado, se pueden dejar secar y que fermenten en algún lugar fresco de la casa. Escribirlas no, podría ser nefasto.
A las esencias, tras sacarles las incongruencias y mantener los sentimientos fermentados serían unos óptimos caprichos que regados con unos principios y derechos, se dejarían comer muy bien.
En resumidas cuentas, en eso estamos, intentando encontrar algo que no cercene nuestro pasado de mejoras. La tormenta que se acerca con nubes oscuras azul Mahón nos pone, a muchos, los vellos como escarpias.
Si Chanquete levantara la cabeza uniríamos su voz a las nuestras cantando aquella cancioncilla, ¿Cómo era?... No, no, no nos moverán…
Emilio Meseguer
Ergónomo PhD. Profesor del Master Prevención de Riesgos Laborales en Suffolk University Campus Madrid. Sindicalista. Dramaturgo y Escritor. Vicepresidente del Colectivo de Artistas Liberalia. Guionista y conductor de los programas de radio: Mayores con reparos, Salud y Resistencia y El Llavero.