Observatorio de la cultura de base
- Escrito por Emilio Meseguer
- Publicado en Tribuna Libre
La idea que días atrás proponía sobre la posibilidad de poner en marcha un “observatorio”, donde poder analizar la cultura que se desarrolla año a año en pueblos, ciudades, barrios y regiones, parece que ha suscitado algún interés.
Hay personas que me cuentan que en la mayor parte de las CCAA los vecinos nos encontramos inmersos en algo que denominan “pobreza cultural”.
A nadie se le escapa que hay problemas en la sociedad de mayor enjundia que la cultura: falta de trabajo, hambre, vivienda…
Pero eso no resta importancia a la insensatez de frenar el derecho a la cultura del vecindario. Gabino me pregunta: ¿Qué espacios públicos podemos considerar como Centros Culturales?
Yo le respondo:
-Eso es algo que yo he tenido meridianamente claro desde siempre. Muchos ciudadanos recordarán haber hecho funciones de teatro cuando niños, en las fiestas de fin de año y de fin de curso, otros, actualmente llevan o han llevado a sus hijos a ciertas actividades artísticas extraescolares ubicadas en el centro escolar. Los demás mortales sabemos que un espacio escolar o instituto es el lugar, la institución donde se forma, se cultiva al niño y al adolescente.
Las aulas son lugares destinados a la cultura en sus distintas ramas.
Las aulas tienen a unos docentes durante las horas lectivas. Tras ese tiempo reglado, el contenedor cultural queda vacío. Por mor de la optimización de recursos y espacios, del urbanismos racional, movilidad, la dinamización social, cultural así como el ahorro en edificaciones, entiendo que los colegios e institutos públicos, son Centros Culturales, pero están poco desarrollados e inhabilitados para el desarrollo y oferta cultural al conjunto de la sociedad.
Desde que las clases terminan los viernes hasta que vuelven a funcionar los lunes, esos espacios están vacíos. Lo mismo ocurre durante el periodo vacacional y diariamente, tras la hora de salida del alumnado y profesorado, las puertas de estas instituciones permanecen cerradas, inutilizadas.
Mientras eso ocurre los vecinos no encuentran espacios de encuentro donde desarrollar iniciativas culturales, espacios donde ensayar. En los barrios ven, huelen y sienten como crecen espacios donde alojar cocinas industriales, pero los ayuntamientos no invierten en espacios de dinamización social y cultural, y los pocos que hay están organizados por la administración municipal, sin posibilidad de autogestión vecinal.
Dentro de unos días se ha proyectado en Carabanchel un espacio de encuentro donde los distintos grupos culturales puedan trabajar sus iniciativas, poner en marcha pequeños negocios donde vender sus cuadros, esculturas o su artesanía y dinamizar la cultura del distrito. Estamos seguros de que cuando logremos eliminar las cocinas del centro de los barrios, se podrá conseguir reconvertir esos espacios en contenedores culturales, ¿o no?
Porque hay muchos miles de vecinos que no contamos con esos espacios de dinamización cultural y sí deberíamos tenerlos, aunque solo fuera los findes, a modo de mercadillos. A los vecindarios nos vendría de perlas la utilización de un espacio deportivo, que de esos hay muchos. como espacio de concierto o teatral, no sería la primera vez que se hace en España.
Haría falta, eso sí sería necesario, la creación de una nueva organización laboral y dotar de puestos de trabajo a las personas que se encargasen del control y mantenimiento de los colegios e institutos, adaptados a los nuevos usos fuera del horario escolar.
Los colegios e institutos son estructuralmente municipales, los docentes forman parte de las Consejerías de Educación. En las horas no lectivas no hay docentes, por tanto, podría ser de competencia exclusiva de los ayuntamientos, eso implicaría menos injerencias, interferencias, deficiencias estructurales en las áreas culturales vía interacciones políticas y mayores posibilidades de facilitar el acceso a las vecindades de barrios y pueblos.
Muchas asociaciones cuentan con la voluntad e interés de sus miembros, pero con peliagudas dificultades económicas para poner en marcha los proyectos artísticos, que se reducen o volatilizan por el cada vez más elevado precio de los alquileres donde reunirse.
Muchos ayuntamientos no están por la labor o no tienen la posibilidad de crear hoteles para el asociacionismo. Por tanto, los proyectos se diluyen y los vecinos no pueden consumir cultura a bajo precio, que suele ser la cultura de base.
Como primer paso, la labor de ese hipotético observatorio de la cultura de base, sería el conocer cuanto aforo en espacios públicos existe en cada barrio, distrito o pueblo, por cada millar de habitantes.
Gabino asentía con la cabeza. Cuando terminé la perorata, quiso que siguiéramos tratando este tema en otro momento.
Así fue, pero de eso ya escribiremos otro día.
Emilio Meseguer
Ergónomo PhD. Profesor del Master Prevención de Riesgos Laborales en Suffolk University Campus Madrid. Sindicalista. Dramaturgo y Escritor. Vicepresidente del Colectivo de Artistas Liberalia. Guionista y conductor de los programas de radio: Mayores con reparos, Salud y Resistencia y El Llavero.