Esto no es Esparta
- Escrito por Laura Ramos Martínez
- Publicado en Tribuna Libre
Esparta, un pequeño lugar en el mediterráneo que durante años abrigó la dureza de sus guerreros, desprovistos de corazón y alma. Sólo preparados para la guerra. Incluido un Gerard Butler convertido en el rey Leónidas grito al mundo entero con sus 300 y valerosos Hoplitas que aquel lugar, que aquel rincón, era Esparta. El cine siempre ha sido un medio expresivo.
Los jóvenes espartanos eran separados de sus madres con apenas siete años. En ese momento se convertían en hombres, se convertían en guerreros, fuertes, sin escrúpulos dispuestos a luchar hombro con hombro o morir en la batalla.
Pero de eso hace ya mucho tiempo.
24 de febrero de 2022 cuando el mundo aun intentaba sobrevivir entre mascarillas y gel hidroalcohólico de repente saltan todas las alarmas. Rusia había atacado y llega el invierno a Ucrania.
Los niños dijeron adiós, asistimos atónitos y expectantes a una guerra televisada con imágenes que parecían sacadas de otro tiempo. Familias separadas, desestructuradas en las fronteras, se separaban a través de los cristales de un tren con un destino incierto.
Hoy, un año después sigue el invierno más largo. ¿Dónde han quedado los centenares de medicamentes, mantas y esperanzas que salían de cualquier punto de Europa, queriendo prestar alma y abrigo?
Olvidamos rápido o tal vez solo es ley de vida. Continuar, proseguir, avanzar… y vivir.
Unos lo hacemos mientras otros tan solo sobreviven, simplemente es así.
¿Naturalizamos el dolor? Difícil respuesta.
Un año después un país destruido y como siempre miles de victimas sin sentido, sin bandera, sin fronteras y sobre todo sin edad.
Sigue siendo invierno en la vida y en país donde dejó de brillar el sol. Analistas bélicos hacen diferentes tipos de previsiones en torno a donde camina el conflicto. Acerca de como será la escalada bélica y en sí está sufrirá una escalada.
Y después de la tragedia, de los más duro, lo que nos toca el corazón de cualquier guerra los niños, el hambre y la miseria vienen los daños colaterales, las otras víctimas.
Los cientos de ciudadanos que están reinventando la vida tras el crac del 19, llamado COVID. Una pandemia mundial que había venido a sacar lo mejor de nosotros y nuestros gobernantes, nótese obviamente la ironía.
Y es en esos momentos cuando pienso si realmente en vez hacia la evolución con la que muchos llenas sus idearios y frases, caminamos de cabeza a una involución sin precedentes.
No es que se esperase que nos uniéramos en armonía por la paz mundial, el hambre y miles de mantras que claman justicia. Pero sin duda como cualquier enfermo convaleciente, el tiempo, el mundo … y la gente, necesitaban tiempo. Curioso elemento el tiempo.
Escribo estas pequeñas reflexiones en el banco de un parque mientras oigo las voces de los niños que persiguen a los patos y juegan, libres, con sueños, con esperanza y suenan las campanas.
Un sonido que me recuerda, que esto no es Esparta. Los niños no han de luchar con siete años.
Es un sin razón que jóvenes rusos y ucranianos, quizás padres de familia que vivían y trabajaban en cualquier lugar feliz de su país hoy miren a los ojos a un vecino convertido en enemigo. Empuñando un arma que no saben y ni quiere usar.
No es fácil matar, no se enseña y no se aprende, se obliga.
Y tras eso, continua un invierno eterno para ellos.