Biomímesis, imitar a la naturaleza para subsistir
- Escrito por Felipe Larach
- Publicado en Planeta
La crisis climática y la escasez de recursos hacen que sea “hoy más necesario que nunca” acudir a la naturaleza no solo como fuente de recursos sino también de sabiduría e inspiración, ya que, de no hacerlo, coinciden varios expertos consultados por EFE, “estamos condenados a no subsistir”.
Observar los sistemas que rigen la naturaleza para emularlos y aplicarlos a cualquier actividad humana con el fin de lograr productos y servicios más sostenibles es lo que persigue la biomímesis. Para el biólogo Manuel Quirós, la biomímesis supone una cura de humildad para la humanidad porque “no somos los primeros, ni los más listos en hacer las cosas; la naturaleza ya lo ha hecho”.
Pegamentos basados en la física y no en la química o imitar las propiedades de autolimpieza de la flor de loto para crear materiales que repelen el agua son algunos de los resultados de esta ciencia cuyo fin no es copiar la naturaleza sino emularla.
“La naturaleza no se puede dar el lujo de derrochar”, añade el arquitecto Marcelo Fraile y es por ello que la eficacia es una de las piedras angulares de esta disciplina. Según Quirós, docente de biomímesis en la escuela de negocios IE University, "ahora" es el momento de esta ciencia, en la que muchos inventores han encontrado la inspiración y alienta al ser humano para que sea consciente de que su “bienestar depende de la biodiversidad”.
SERVICIOS GRATUITOS DE LA NATURALEZA
El profesor Quirós urge un cambio de modelo actual por uno más “regenerativo”, que sepa aprovechar “los servicios gratuitos que la naturaleza nos proporciona”. En su opinión, los grandes avances que ha logrado el ser humano han venido acompañados de un gran coste, lo que ha provocado que sea “la única especie que no cuida el entorno del que depende”. Además, califica su relación con la naturaleza de “miope y sencilla”, al haber quedado reducida a una mera fuente de extracción de recursos “y últimamente a un enorme vertedero”.
LA INSPIRACIÓN DE DA VINCI
Esta disciplina, cuyo término viene del griego bio (vida) y mimesis (imitar), “es tan vieja como el propio ser humano”, explica Manuel Quirós, aunque se popularizó en los años 70 del siglo XX. Mucho antes, Leonardo da Vinci se fijó en las curvaturas de las alas de muchos pájaros y en los movimientos de sus aleteos para crear el primer aparato volador.
En el siglo pasado, George de Maestral creó el velcro a partir del análisis de los ganchos de espinos que se quedaban pegados en el pelo de su perro. Con el tiempo, la biomímesis ha evolucionado de ser una ciencia “de observación y experimentación, casi intuitiva”, explica Fraile a Efe, al usar la tecnología para “poder aprender de la naturaleza y generar nuevos sistemas, materiales y formas”.
Estos avances han dado lugar a que, por ejemplo, se empiece a utilizar a nivel industrial el acero biológico, que emplea una enzima que produce la araña para construir aceros más resistentes. También, el estudio de las rugosidades de las escamas de los tiburones ha inspirado la creación de nuevo material quirúrgico que ralentizar el crecimiento bacteriano y reduce el uso de químicos.
A pesar de que está habiendo “una tendencia al alza” en número de publicaciones científicas y en las patentes en torno a la biomímesis, comenta el ingeniero y miembro de Biomimicry Iberia, Carlos Saiz, solo el 12 % de las soluciones industriales están inspiradas en la naturaleza.
En lo que los expertos coinciden es en que solo cuando “se imponga una circularidad y sostenibilidad de cualquier producto y proceso, que esté en armonía con el medioambiente y optimice los recursos”, se podrá, añade Saiz, considerar que la biomímesis se ha impuesto en la realidad industrial. EFE.