Qué significa la derrota electoral de Viktor Orbán para Putin, Trump y el auge del populismo de derechas
- Escrito por Matthew Sussex
- Publicado en Global
Las elecciones más trascendentales de Hungría en décadas acaban de deparar una importante victoria para la democracia y la rendición de cuentas.
Para los húngaros, la contundente derrota infligida por el líder de la oposición, Péter Magyar, al primer ministro Viktor Orbán y a su partido gobernante, el Fidesz, pone fin a 16 años de corrupción y cuasi-autoritarismo.
El resultado también tendrá un amplio impacto, desde Moscú hasta Washington y más allá.
En una contienda caracterizada como un referéndum sobre si Hungría debía orientarse hacia Occidente o continuar su deriva autoritaria, la victoria de Magyar supone una severa reprimenda a las oscuras fuerzas transnacionales del nativismo, la división y la política del resentimiento que se han convertido en parte del discurso político dominante.
Quizás lo más sorprendente de las elecciones no fue la participación (más del 74 %, batiendo récords anteriores), ni siquiera el resultado (una mayoría cualificada de dos tercios para el partido Tisza de Magyar, que obtuvo al menos 138 de los 199 escaños parlamentarios).
Ambos se venían pronosticando desde hacía tiempo, y el autoritarismo blando de Orbán siempre había dejado la puerta entreabierta a una posible victoria de la oposición en las urnas.
Más bien, la mayor sorpresa podría haber sido la inmediata concesión de Orbán. No intentó provocar una crisis ni recurrir a sus servicios de seguridad para aferrarse al poder. Dada la intensidad del sentimiento antigubernamental en Hungría, una medida así podría haber dado lugar a una «revolución de colores», es decir, al tipo de protestas callejeras masivas que se han visto anteriormente en Ucrania, Georgia y otros países.
Esto podría haber acabado en un baño de sangre. Los húngaros liberales, y la Unión Europea en general, darán un suspiro de alivio colectivo.
Por qué Orbán se volvió vulnerable de repente
Tras haber ganado las elecciones, Magyar deberá actuar con rapidez, pero también con cautela, para introducir cambios, a fin de no alienar a demasiados antiguos votantes de Fidesz.
Ya ha pedido la dimisión del presidente Tamaś Sulyok, junto con la de otros leales a Orbán. La amplia mayoría de Tisza en el Parlamento es clave en este sentido. Será necesaria para llevar a cabo las enmiendas constitucionales que desmantelen la estructura del Estado autoritario de Orbán.
Afortunadamente, esto será más fácil en Hungría que en sistemas autocráticos plenamente desarrollados. De hecho, la longevidad de Orbán puede atribuirse en cierta medida al hecho de que su tipo de autoritarismo era solo parcial.
Sin duda, tenía los elementos estructurales de una autocracia. Entre ellos se incluían la manipulación generalizada de los distritos electorales, controlada por el Gobierno, para garantizar las victorias de Fidesz, y el cínico desvío de fondos estatales hacia ciudades y provincias controladas por los aliados políticos de Orbán.
Además, el ecosistema mediático nacionalizado apoyaba firmemente al Gobierno, aunque las voces alternativas mantuvieron vivo el debate a través de medios de comunicación de propiedad extranjera.
Pero el éxito de Orbán también se debió a que se enfrentaba a oposiciones débiles y fácilmente fragmentables o cooptables. Magyar —un antiguo aliado de Orbán— llevó a cabo una campaña disciplinada que anuló la ventaja electoral de Fidesz.
Sin embargo, en última instancia, cuando los votantes tienen la posibilidad de elegir —aunque sea de forma limitada—, acaban rechazando a los gobiernos que recurren a la culpa y al victimismo para ocultar su incapacidad de ofrecer a la gente un futuro mejor.
Bajo el mandato de Orbán, Hungría fue clasificada sistemáticamente como la nación más corrupta de Europa. En 2025, ocupaba el último lugar de la UE en cuanto a riqueza relativa de los hogares. También había sufrido una inflación galopante y un estancamiento económico tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.
Las imágenes de las fincas construidas por las élites húngaras, con cebras vagando por los terrenos, simbolizaban a la perfección la indignación popular ante la desigualdad de riqueza.
Un revés para Putin, Trump y el populismo de derechas
El nuevo comienzo de Hungría también envía un poderoso mensaje a otras naciones. Es evidente que el mayor perdedor de las elecciones es la Rusia de Vladimir Putin, que había recurrido apresuradamente al hombre fuerte del Kremlin, Sergey Kiriyenko, y a un equipo de «tecnólogos políticos» para ayudar a Orbán.
Bajo el mandato de Orbán, Hungría fue la voz más firme a favor del Kremlin en la UE. Bloqueó sistemáticamente los paquetes de ayuda a Ucrania, entorpeció la toma de decisiones sobre la guerra con trámites burocráticos y chantajeó a la Comisión Europea amenazando con votar en contra.
De hecho, apenas unos días antes de las elecciones, Bloomberg publicó la transcripción de una llamada telefónica entre Orbán y Putin de octubre de 2025, en la que Orbán se comparaba con un ratón que ayudaba a liberar al león ruso enjaulado.
Esto se produjo tras las revelaciones de que el ministro de Asuntos Exteriores de Orbán, Péter Szijjártó, y otros funcionarios húngaros habían estado filtrando regularmente a Moscú debates confidenciales de la UE.
Otro perdedor de las elecciones húngaras es la Casa Blanca de Trump.
La visita preelectoral a Budapest del vicepresidente estadounidense JD Vance para reforzar el apoyo a Orbán fue de una hipocresía impresionante. Vance exigió de forma ridícula el fin de la injerencia extranjera en las elecciones, mientras se dedicaba precisamente a eso. La Casa Blanca redobló entonces la apuesta, con Trump prometiendo en Truth Social ayudar a Orbán con «todo el poderío económico de Estados Unidos».
Ahora, sin embargo, Trump se encuentra abiertamente en el bando perdedor. Y, al igual que ocurrió con la debacle de su guerra contra Irán, tiende a enfadarse cuando pierde.
Las elecciones también demuestran que las campañas de injerencia extranjera de EE. UU. no son invulnerables, aunque la Casa Blanca sin duda seguirá arremetiendo contra Europa. La visión de la Administración Trump de que Europa se encamina hacia una «desaparición civilizatoria», lo que requiere esfuerzos por parte de EE. UU. para «cultivar la resistencia» y «ayudar a Europa a corregir su trayectoria actual», queda documentada en su Estrategia de Seguridad Nacional de 2025.
Pero los movimientos más amplios que representan lo que el periodista ruso Mikhail Zygar denomina la «putinización de la política global» han sido rechazados por el resultado electoral de Hungría.
Bajo el mandato de Orbán, Hungría fue un centro neurálgico de las voces ultraconservadoras. Think tanks como la Fundación Heritage de EE. UU., que impulsa el movimiento MAGA, y el Instituto Danubio de Hungría celebraban regularmente diálogos destacados en los que se lamentaba la capitulación de Europa ante el «wokeismo».
La versión húngara de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), patrocinada por la Unión Conservadora Americana, era una cita clave para los políticos y comentaristas de la derecha occidental, entre ellos el ex primer ministro australiano Tony Abbott, el líder de Reform UK Nigel Farage y el expresentador de Fox News Tucker Carlson.
China también seguirá muy de cerca al nuevo Gobierno de Magyar, sobre todo porque ha considerado a Hungría como una puerta de entrada fácil a la UE. Las inversiones a gran escala en la fabricación de vehículos eléctricos, especialmente en la producción de baterías, forman parte de la creciente presencia empresarial china en el país.
Para Pekín, la pregunta será si Magyar está dispuesto a sacrificar esta lucrativa inversión para reforzar sus credenciales europeas. ¿Y qué hay de los ganadores?
Además de los húngaros ajenos al círculo de élites de Orbán, la UE acogerá con satisfacción la noticia de que sigue siendo una fuerza atractiva.
A Ucrania también le resultará más fácil conseguir ayuda europea. Como mínimo, los detractores más pequeños de Ucrania, como Eslovaquia, tendrán que elegir entre aceptar la situación en silencio o exponerse incómodamente a la luz pública.
Sin embargo, aunque el resultado de Hungría es prometedor, el mundo sigue tendiendo hacia el iliberalismo.
Y con las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos acercándose rápidamente, los políticos estadounidenses de extrema derecha, incluido el propio Trump, estudiarán de cerca las lecciones de Hungría. Si concluyen que el autoritarismo de Orbán era demasiado blando, se perfila una línea más dura como alternativa ominosa.
Artículo publicado en The Conversation.
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